
Entre las sierras de la Ventana y Pillahuincó se encuentra un pequeño pueblo bonaerense donde la historia de la frontera, el ferrocarril y la arquitectura monumental conviven en apenas unas cuadras. Se trata de Saldungaray, una localidad del partido de Tornquist que sorprende por sus paisajes, su tranquilidad y el extraordinario conjunto de construcciones diseñadas por Francisco Salamone.
El pueblo está ubicado en el sudoeste de la provincia de Buenos Aires, a aproximadamente 100 kilómetros de Bahía Blanca y a menos de 10 kilómetros de Sierra de la Ventana. De acuerdo con los datos del Censo 2022, posee 1794 habitantes, una cifra considerablemente mayor que los 1351 registrados en 2010.
Sin embargo, la historia de esta localidad comenzó mucho antes de su fundación oficial. Su origen está relacionado con una antigua posta militar instalada durante el siglo XIX, cuando la zona constituía uno de los límites más conflictivos de la provincia.
Antes de convertirse en pueblo, Saldungaray fue una posta militar
El primer antecedente de la localidad fue la Posta El Sauce, establecida el 22 de abril de 1833 durante la expedición encabezada por Juan Manuel de Rosas. El establecimiento funcionaba como una escala entre el Fuerte Independencia, ubicado en la actual ciudad de Tandil, y la Fortaleza Protectora Argentina, levantada en la zona de Bahía Blanca.
La elección del lugar no fue casual. El río Sauce Grande representaba un punto estratégico dentro de una extensa región recorrida por tropas, comunidades indígenas, comerciantes y productores ganaderos.

La posta permitía descansar, renovar caballos y mantener las comunicaciones en un territorio donde los desplazamientos podían extenderse durante varios días. Después de la caída de Rosas, en 1852, el puesto fue abandonado.
Sin embargo, la necesidad de reorganizar la línea fronteriza motivó la construcción de una nueva guarnición. Así surgió, en 1862, el Fortín Pavón, instalado sobre la margen occidental del río Sauce Grande.
La fortificación permaneció activa hasta 1877 y se convirtió en uno de los antecedentes directos del futuro pueblo. En 1980 fue declarada Lugar Histórico Nacional y posteriormente reconstruida con materiales y técnicas tradicionales. Actualmente posee ocho ranchos que recrean la comandancia, la guardia y los espacios utilizados por la tropa.
El hombre que le dejó su apellido a la localidad
La fundación formal de Saldungaray ocurrió en 1900 y fue impulsada por Pedro Saldungaray, propietario de tierras en la región. Su apellido, de origen vasco, quedó definitivamente asociado con el poblado que comenzaba a desarrollarse alrededor del antiguo fortín.
El fundador también dejó una particular huella religiosa. Desde Francia hizo traer una imagen de la Virgen que actualmente se conserva en la Iglesia Nuestra Señora del Tránsito.

A diferencia de otras representaciones religiosas, la Virgen aparece recostada, simbolizando el momento anterior a la Asunción. La construcción del templo comenzó en 1905 y continúa siendo una de las edificaciones históricas más importantes del casco urbano.
La llegada del ferrocarril terminó de consolidar el crecimiento de Saldungaray. La estación facilitó el traslado de pasajeros y productos agropecuarios, conectando la región serrana con otros puntos de Buenos Aires.
Durante varias décadas, el paso del tren organizó la vida económica y social del pueblo. En sus alrededores aparecieron comercios, viviendas, almacenes y establecimientos vinculados con la actividad rural.
Las cinco obras monumentales que transformaron el pueblo
La gran transformación arquitectónica llegó durante la década de 1930, cuando el arquitecto e ingeniero Francisco Salamone desarrolló un ambicioso programa de obras públicas en numerosos municipios bonaerenses.
En Saldungaray dejó cinco intervenciones, entre las que sobresalen la Delegación Municipal, el Mercado Municipal, el Matadero y el monumental portal del cementerio. Sus diseños combinaron líneas art déco, figuras geométricas, hormigón armado y dimensiones imponentes para una localidad tan pequeña.

La construcción más impactante es la entrada del cementerio. Allí, una enorme rueda de hormigón sostiene la cabeza de Cristo, formando una imagen visible desde una gran distancia.
El portal es considerado una de las expresiones más extraordinarias de la arquitectura funeraria de Salamone y se convirtió en la postal indiscutida de Saldungaray.
Un destino rodeado de viñedos, historia y sierras
En la actualidad, el pueblo combina su patrimonio con una creciente propuesta turística. Además del Fortín Pavón y las obras de Salamone, conserva una estación ferroviaria centenaria, un centro de interpretación arquitectónica y un parque municipal ubicado junto al río Sauce Grande.
En sus alrededores también funcionan emprendimientos dedicados a la elaboración de quesos y una bodega rodeada por aproximadamente 20 hectáreas de viñedos, donde se cultivan variedades como Malbec, Merlot, Cabernet Sauvignon, Pinot Noir y Chardonnay.
Con calles silenciosas y construcciones monumentales, Saldungaray conserva las huellas de las postas militares, los fortines y el ferrocarril. No es solamente una escapada cercana a Sierra de la Ventana: es uno de los pueblos con mayor riqueza histórica y arquitectónica de la provincia de Buenos Aires.




















