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Nació como puerto a fines del siglo XIX, quedó aislado por una ruta y décadas después una familia lo convirtió en refugio

Cabo Raso fue un punto estratégico para las estancias de Chubut. Tuvo correo, telégrafo, escuela y almacén, pero el cambio de las rutas comerciales lo dejó prácticamente vacío.

Cabo Raso, paraje de Chubut
El paraje fue un punto estratégico para las estancias Foto: Instagram @roberto.wilson__
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En un rincón solitario de la costa de Chubut, donde el viento patagónico golpea antiguas construcciones de piedra, existe un poblado que alguna vez fue esencial para las comunicaciones y el comercio del sur argentino.

Se trata de Cabo Raso, un paraje situado sobre el océano Atlántico, en el departamento Florentino Ameghino. Entre playas de canto rodado y edificios recuperados, sobreviven las huellas de una comunidad que tuvo almacén, correo, telégrafo, escuela, juzgado de paz y registro civil.

Durante décadas funcionó como puerto natural para las estancias de la región. Sin embargo, el avance del transporte terrestre y el nuevo trazado de la Ruta Nacional 3 modificaron los circuitos comerciales. Lo que había sido un punto de encuentro quedó casi vacío.

Cabo Raso nació alrededor de un puerto natural

La historia moderna del lugar comenzó a fines del siglo XIX. Su caleta protegía a las embarcaciones y facilitaba el movimiento de mercaderías en una región de enormes distancias y caminos difíciles.

En 1899, los primeros pobladores levantaron viviendas cerca de la costa. La actividad estaba vinculada con las estancias ovinas, que necesitaban un sitio para despachar lana, cueros, plumas y otros productos. Los barcos también descargaban alimentos, herramientas, correspondencia y encargos.

Cabo Raso, paraje de Chubut
Cabo Raso, el pueblo que el tiempo dejó frente al mar Foto: Instagram @roberto.wilson__

El crecimiento del paraje coincidió con la expansión del telégrafo, una tecnología decisiva para conectar la Patagonia con el resto del país. El 25 de diciembre de 1900 comenzó a funcionar su oficina telegráfica. En septiembre de 1901, la Fragata Sarmiento recaló frente a sus costas.

El pueblo que tuvo escuela, juzgado y almacén

A comienzos del siglo XX, Cabo Raso ya era mucho más que un embarcadero. Allí funcionó La Castellana, un almacén de ramos generales que abastecía a pobladores, trabajadores rurales y viajeros.

También contó con destacamento policial, Correos y Telégrafos, juzgado de paz, registro civil y una delegación de la Caja Nacional de Ahorro Postal. En 1909 se construyó una escuela de piedra para los hijos de familias instaladas en estancias cercanas. Algunos alumnos recorrían largas distancias y permanecían alojados en el establecimiento.

El censo de 1912 registró 138 habitantes. Aunque la cifra era reducida, el pueblo funcionaba como centro social y administrativo de una extensa zona rural. Entre sus habitantes había inmigrantes españoles, italianos, alemanes, franceses, suizos, austríacos, noruegos y daneses.

El faro que iluminó la costa patagónica

En junio de 1925 comenzó a funcionar el Faro Cabo Raso, construido para mejorar la seguridad de las embarcaciones. Su estructura, de aproximadamente 23 metros, se convirtió en uno de los símbolos más reconocibles del paraje.

Cabo Raso, paraje de Chubut
El faro comenzó a iluminar la zona en 1925 Foto: Instagram @roberto.wilson__

Alrededor del faro quedaron el cementerio, antiguas viviendas, restos de la escuela y edificios administrativos. Cada construcción conserva una parte de la vida cotidiana que sostuvo al pueblo durante sus años de mayor actividad.

La ruta que cambió su destino

El declive comenzó cuando los camiones desplazaron a la navegación costera. El golpe decisivo llegó durante la década de 1970, cuando la Ruta Nacional 3 fue pavimentada por un recorrido alejado del mar.

Cabo Raso perdió entonces su función comercial. Las estancias empezaron a abastecerse por otros caminos, las oficinas cerraron y las familias se trasladaron hacia localidades con más servicios. El viento, la humedad y el abandono deterioraron las construcciones.

Una familia recuperó el poblado olvidado

La historia cambió en 2007, cuando una familia decidió instalarse entre las ruinas. Con herramientas y recursos limitados, comenzó a restaurar las antiguas casas, respetando las paredes de piedra y la apariencia original.

En 2009, el proyecto abrió al turismo. Con el tiempo se recuperaron distintos espacios para ofrecer alojamiento, gastronomía y actividades vinculadas con la naturaleza. Hoy, los visitantes pueden recorrer las construcciones, caminar por playas solitarias, observar fauna marina y contemplar el faro.

Cabo Raso, paraje de Chubut
Las antiguas construcciones todavía resisten en la costa Foto: Instagram @roberto.wilson__

La escasa señal telefónica, antes símbolo de aislamiento, se transformó en parte del atractivo. Cabo Raso no volvió a ser el activo puerto de principios del siglo XX, pero tampoco desapareció. Su memoria permanece protegida entre las piedras, la estepa y el Atlántico.

Su recuperación también permite comprender cómo cambiaron las comunicaciones, el trabajo rural y el transporte en la Patagonia. Cada visitante encuentra allí un testimonio concreto del esfuerzo de quienes poblaron una costa remota y del impacto que las grandes obras viales tuvieron sobre pequeñas comunidades argentinas.

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