
El montañismo argentino está de luto tras la muerte de Carlos Comesaña, uno de los escaladores más influyentes de la historia del país y protagonista de algunas de las expediciones más importantes realizadas en la Patagonia. Tenía 86 años y su fallecimiento, ocurrido el 1 de agosto, generó una ola de reconocimiento entre clubes andinos, montañistas y amantes de la montaña.
Durante más de seis décadas, Comesaña mantuvo una relación inquebrantable con las cumbres de Santa Cruz, especialmente con el mítico Fitz Roy, una de las montañas más emblemáticas y desafiantes del mundo. Su nombre quedó grabado para siempre en la historia del alpinismo nacional gracias a una hazaña que cambió el rumbo de la escalada argentina.
La noticia del fallecimiento de Carlos Comesaña comenzó a difundirse a partir de un aviso fúnebre publicado por su familia en el diario La Nación, el tres de agosto. Allí se informó que el histórico montañista murió el 1 de agosto, a los 86 años, en la ciudad de Fortaleza, Brasil, donde residía parte de su entorno familiar. A partir de esa publicación, clubes andinos, referentes de la escalada y medios especializados comenzaron a compartir mensajes de despedida y reconocimiento a una de las figuras más importantes del alpinismo argentino.

Quién fue Carlos Comesaña: el protagonista de la ascensión al Fitz Roy que cambió la historia
En enero de 1965, junto a José Luis Fonrouge, logró la primera ascensión argentina al Fitz Roy por la vía de la Supercanaleta, una línea que con el tiempo se convertiría en una de las rutas clásicas de la montaña. Aquel ascenso marcó un punto de inflexión para el alpinismo nacional y posicionó a los escaladores argentinos entre los protagonistas de las grandes gestas de la Patagonia.
La expedición se desarrolló en una época en la que las cumbres australes representaban todavía territorios remotos y poco explorados. Con recursos limitados y una logística compleja, el desafío exigió semanas de preparación, largos traslados y una estrategia de ascenso innovadora para la época.
El éxito de aquella cordada trascendió el logro deportivo. La conquista de la Supercanaleta abrió nuevas posibilidades para los escaladores argentinos y consolidó al macizo del Chaltén como uno de los escenarios más prestigiosos del alpinismo mundial.

Un explorador incansable de la Patagonia
La trayectoria de Comesaña fue mucho más allá del Fitz Roy. Participó en la primera ascensión de la Aguja Guillaumet, recorrió el Hielo Patagónico Sur, exploró el valle del río Túnel y protagonizó la primera subida al cerro Rincón, entre otras expediciones que contribuyeron al conocimiento de la cordillera austral.
Su vínculo con la región comenzó en 1958, cuando visitó por primera vez el área del Fitz Roy con apenas 18 años. Aquel viaje definió el rumbo de su vida y lo convirtió en uno de los mayores conocedores de la historia de las ascensiones en la Patagonia.
Además de escalar, impulsó proyectos de exploración en sectores poco transitados de Santa Cruz, promoviendo expediciones hacia zonas remotas como el cerro Riso Patrón y el cordón Dos Hermanos, cuando gran parte de esos territorios aún permanecían prácticamente inexplorados.
El hombre que documentó la historia de la montaña
Con el paso de los años, Comesaña también se dedicó a preservar la memoria del montañismo argentino. En 2018 publicó “Patagonia Eterna”, un libro que reúne recuerdos, relatos y experiencias acumuladas durante más de medio siglo de expediciones en la cordillera.
La obra se convirtió en un valioso registro histórico para comprender la evolución de la escalada en la Patagonia y el desarrollo de las grandes expediciones argentinas en uno de los escenarios naturales más exigentes del planeta.

Mucho más que un escalador
Graduado en Ciencias Económicas y miembro de instituciones como el Centro Andino Buenos Aires, el American Alpine Club y el Club Alpino Italiano, también participó en proyectos de alta montaña fuera del país. Entre ellos se destacó su rol como jefe de la tercera expedición argentina al Everest en 1971 y la organización de una expedición nacional a la Antártida.
Quienes compartieron la montaña con él lo recuerdan por sus logros deportivos, pero también por su compromiso con la formación de nuevas generaciones, su vocación por documentar la historia del alpinismo y su pasión por transmitir conocimientos.
Con su partida, la Argentina pierde a uno de los grandes pioneros de la escalada. Sin embargo, su legado seguirá vivo en cada expedición que se enfrente al Fitz Roy, en cada escalador que busque abrir nuevas rutas y en la historia de una Patagonia que ayudó a explorar, comprender y difundir durante más de 60 años.















