
Mucho antes de que existiera la Argentina como nación, ya funcionaba en Córdoba una institución que terminaría marcando el rumbo de la educación superior del país. La Universidad Nacional de Córdoba (UNC), considerada la universidad más antigua de Argentina, tiene sus raíces en el Colegio Máximo de la Compañía de Jesús, donde comenzaron los estudios superiores en 1613 por impulso de Fernando de Trejo y Sanabria. Aquel primer núcleo académico no solo fue pionero: también se convirtió en el inicio formal de la historia universitaria argentina.
La universidad más antigua de Argentina nació antes que el país
La historia de la UNC empieza en el primer cuarto del siglo XVII, cuando los jesuitas instalaron en Córdoba un espacio de formación de alta exigencia intelectual. En 1613 arrancaron allí los estudios superiores, aunque en ese momento todavía no existía autorización oficial para otorgar grados. Ese permiso llegaría poco después: el 8 de agosto de 1621, el papa Gregorio XV concedió al Colegio Máximo la facultad de conferir títulos, y esa decisión fue ratificada por Felipe IV mediante una Real Cédula del 2 de febrero de 1622. Ya con esos avales, Pedro de Oñate declaró inaugurada formalmente la Universidad en Córdoba.

Ese origen explica por qué Córdoba fue ganando una identidad singular dentro del mapa cultural del actual territorio argentino. Durante siglos, la ciudad quedó ligada al saber, a los claustros y a una tradición educativa que sobrevivió a imperios, expulsiones religiosas, guerras y cambios políticos. De hecho, la universidad cordobesa antecede en más de dos siglos a la Universidad de Buenos Aires, según destaca la información patrimonial oficial del antiguo Rectorado.
Cómo un colegio jesuita se convirtió en la cuna de la educación superior argentina
El proyecto no surgió de la nada. Los jesuitas ya se habían asentado en Córdoba a fines del siglo XVI, y la idea de levantar una casa de estudios fue madurando al calor de la acción del obispo Trejo y Sanabria, quien impulsó y sostuvo económicamente la iniciativa. Incluso hay reconstrucciones históricas que señalan que su compromiso con la educación fue tan fuerte que decidió destinar sus recursos y salarios a ese objetivo. En sus comienzos, el Colegio Máximo impartía sobre todo Filosofía y Teología, las grandes disciplinas de la época para la formación religiosa e intelectual.
La institución permaneció bajo conducción jesuítica hasta 1767, cuando el rey Carlos III ordenó la expulsión de la Compañía de Jesús de los dominios españoles. A partir de entonces, la universidad pasó a manos de los franciscanos, un cambio que marcó una nueva etapa en su vida institucional. Sin embargo, el legado de aquellos primeros años quedó grabado para siempre en su perfil académico, en sus edificios y en la memoria de Córdoba.
El giro histórico que amplió su influencia: leyes, biblioteca y nuevas ciencias
Durante gran parte de su primera etapa, la universidad tuvo un perfil principalmente teológico-filosófico. Pero a fines del siglo XVIII comenzó una transformación decisiva: se incorporaron los estudios de leyes, un paso fundamental para que la institución dejara de ser exclusivamente clerical. La UNC señala que ese cambio dio origen a la actual tradición de Derecho y Ciencias Sociales, mientras que el patrimonio oficial recuerda que ya hacia 1795 tenía potestad para otorgar títulos en Jurisprudencia.
Otro dato clave de esta evolución fue la creación de la Biblioteca Mayor, inaugurada en 1818 sobre fondos provenientes del Colegio Máximo y del noviciado jesuítico. Ese acervo terminó convirtiéndose en una de las grandes reservas documentales del país. A eso se sumó el proceso de reorganización institucional de comienzos del siglo XIX: por Real Cédula de 1800 el establecimiento pasó a llamarse Real Universidad de San Carlos y de Nuestra Señora de Monserrat, y en 1808 el deán Gregorio Funes asumió como rector, impulsando reformas e introduciendo materias como aritmética, álgebra y geometría.
La Reforma de 1918: cuando Córdoba cambió para siempre la universidad en América Latina
Si la fundación de la UNC marcó el nacimiento de la educación superior en Argentina, la Reforma Universitaria de 1918 convirtió a Córdoba en el epicentro de una revolución intelectual con proyección continental. Fue allí donde los estudiantes impulsaron un movimiento que cuestionó estructuras conservadoras y reclamó una universidad más moderna, democrática y abierta. En ese contexto se publicó el célebre Manifiesto Liminar el 21 de junio de 1918, adoptado como documento programático del reformismo universitario argentino.

El impacto fue enorme: la Reforma surgida en la UNC se proyectó sobre el resto de Argentina y sobre América Latina, y dejó instalados principios que todavía hoy se asocian con la vida universitaria, como una mayor participación estudiantil y la modernización de la enseñanza. El propio sitio del Museo de la Reforma de la UNC define aquel episodio como un punto de inflexión decisivo en la historia de la educación superior. Además, el Manifiesto Liminar fue incorporado en 2018 al Registro Memoria del Mundo de América Latina y el Caribe de la UNESCO, una señal del valor histórico que conserva ese texto hasta hoy.
Por qué su legado sigue vivo en la Manzana Jesuítica
Hablar de la universidad más antigua de Argentina no es solo hablar de fechas: también es hablar de un espacio físico y simbólico. La Manzana Jesuítica de Córdoba, núcleo fundacional de la UNC, fue declarada por la UNESCO como Patrimonio Cultural de la Humanidad en noviembre de 2000. Ese conjunto incluye la antigua sede universitaria, la Iglesia y Residencia de la Compañía de Jesús y el Colegio Nacional de Monserrat, entre otros edificios históricos.

Esa permanencia material explica buena parte de su magnetismo actual. La UNC no solo conserva el peso de haber sido la primera universidad del país: también mantiene vivo un legado que une educación, patrimonio, historia política y cultura urbana. Por eso, más que una institución antigua, la Universidad Nacional de Córdoba es una pieza central para entender cómo se formó la vida intelectual argentina desde la colonia hasta nuestros días. Nació antes que el país, sobrevivió a todos sus cambios y todavía sigue siendo una referencia ineludible del conocimiento en la Argentina.

















