El último viaje de Perón: por qué Paraguay fue el país que eligió antes de morir

Perón murió el 1 de julio de 1974, pero menos de un mes antes realizó una visita cargada de simbolismo político, histórico y personal. Su destino fue Paraguay, con el que mantenía una relación marcada por la gratitud, la geopolítica regional y una memoria común atravesada por guerras, exilios y gestos diplomáticos.

Paraguay, exilio y gratitud: el trasfondo del último viaje oficial de Perón
Paraguay, exilio y gratitud: el trasfondo del último viaje oficial de Perón Foto: Archivo
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El 6 de junio de 1974, Juan Domingo Perón viajó a Paraguay en lo que sería su última visita oficial al exterior antes de morir. El entonces presidente argentino llegó a Asunción para reunirse con Alfredo Stroessner, en una visita breve, pero profundamente cargada de sentido histórico. Diversos registros históricos ubican ese viaje como uno de los episodios finales de la vida política de Perón, quien falleció el 1 de julio de 1974, apenas semanas después.

La visita no fue un simple acto protocolar. Para Perón, Paraguay representaba mucho más que un país vecino: era el lugar que le había ofrecido protección en uno de los momentos más críticos de su vida política. Tras ser derrocado en 1955 por la autodenominada Revolución Libertadora, el líder justicialista pidió asilo en la Embajada de Paraguay en Buenos Aires y luego fue trasladado a la cañonera Paraguay, fondeada en Puerto Nuevo.

La deuda de gratitud que Perón nunca olvidó

Casi dos décadas después de aquel exilio inicial, Perón volvió a Paraguay como presidente constitucional de la Argentina. Ese regreso tuvo un fuerte componente emocional: el mandatario buscó expresar su agradecimiento al pueblo paraguayo por el asilo recibido tras su caída en 1955. Según reconstrucciones históricas, durante aquella visita oficial fue recibido con honores y una multitud se congregó pese al frío y la lluvia.

El viaje de Perón a Asunción en 1974 y su peso histórico Foto: Archivo

La relación entre Perón y Paraguay ya tenía antecedentes importantes. En 1954, durante su segunda presidencia, Perón impulsó la devolución de trofeos de guerra tomados durante la Guerra de la Triple Alianza, un gesto que tuvo enorme impacto simbólico en la sociedad paraguaya. Esa decisión reforzó su imagen en el país vecino y alimentó una cercanía política que sobrevivió incluso al exilio.

El contexto histórico: Paraguay, la Guerra de la Triple Alianza y la memoria regional

Para comprender por qué Paraguay ocupaba un lugar especial en la mirada de Perón, es necesario retroceder al siglo XIX. La Guerra de la Triple Alianza, librada entre 1865 y 1870, enfrentó a Paraguay contra Argentina, Brasil y Uruguay, y dejó una marca profunda en la historia sudamericana. Paraguay sufrió una devastación demográfica, económica y territorial que condicionó su desarrollo posterior y se convirtió en una herida histórica difícil de cerrar.

Cuadro de Cándido López retratando la Batalla de Curupaytí
Cuadro de Cándido López retratando la Batalla de Curupaytí

En ese marco, la devolución de banderas y trofeos paraguayos por parte de la Argentina durante el gobierno de Perón fue leída como un acto de reparación histórica. No se trataba solo de objetos militares: eran símbolos de soberanía, memoria nacional y dignidad para un país que había atravesado una de las guerras más traumáticas de América Latina.

Yacyretá y la integración energética entre Argentina y Paraguay

El último viaje de Perón también debe leerse en clave geopolítica. Meses antes, el 3 de diciembre de 1973, Argentina y Paraguay habían firmado el Tratado de Yacyretá, un acuerdo estratégico para el aprovechamiento hidroeléctrico del río Paraná, la mejora de la navegabilidad y la atenuación de inundaciones. El tratado fue suscripto en Asunción por representantes de ambos países y aprobado por ley argentina en febrero de 1974.

Yacyretá se transformó con los años en una de las obras binacionales más importantes de la región. Su origen estuvo vinculado a una época marcada por la crisis energética mundial de los años 70, cuando los países sudamericanos buscaban alternativas al petróleo y reforzaban la cooperación sobre sus recursos naturales.

El viaje que afectó la salud del líder justicialista

La visita a Paraguay se produjo cuando Perón ya tenía una salud muy deteriorada. Tenía 78 años y padecía problemas cardíacos. Las crónicas sobre aquellos días señalan que el frío, la lluvia y la exigente agenda oficial habrían impactado negativamente en su estado físico. Al regresar a Buenos Aires, sus médicos advirtieron un fuerte deterioro.

Por qué Paraguay fue el país que eligió antes de morir Foto: Archivo

Pocos días después, el 12 de junio de 1974, Perón pronunció desde la Casa Rosada uno de sus discursos más recordados, considerado por muchos como su despedida pública. Allí dejó una frase que quedó grabada en la memoria política argentina: “Llevo en mis oídos la más maravillosa música, que para mí es la palabra del pueblo argentino”.

Por qué Paraguay fue mucho más que una visita diplomática

El último viaje de Perón fue, en realidad, un cierre simbólico. Paraguay había estado presente en momentos decisivos de su vida: como aliado diplomático, como refugio en el exilio, como escenario de gestos históricos y como socio estratégico en proyectos de integración regional.

En Asunción, Perón no solo visitó a un presidente extranjero. Volvió al país que lo había protegido cuando perdió el poder en 1955. Regresó como jefe de Estado, casi veinte años después, para saldar una deuda personal y política. Por eso, su viaje a Paraguay quedó marcado como una de las escenas finales más potentes de su trayectoria.

Menos de un mes después, la Argentina despedía a Perón. Y Paraguay quedaba para siempre asociado al último capítulo de su vida pública.