
Francisco Narciso de Laprida fue mucho más que una figura solemne en los cuadros escolares del Congreso de Tucumán. Presidió la jornada en la que se declaró la Independencia argentina, tuvo un rol clave en San Juan, quedó atrapado en las guerras civiles y su muerte todavía permanece rodeada de versiones estremecedoras. Además, su historia se cruzó con dos nombres enormes de la cultura nacional: Domingo Faustino Sarmiento y Jorge Luis Borges.
Quién fue Francisco Narciso de Laprida: sus comienzos en San Juan
Francisco Narciso de Laprida nació el 28 de octubre de 1786 en San Juan, en una familia vinculada al comercio y a la vida pública de la provincia. Su padre fue José Ventura Laprida, de origen asturiano, y su madre, María Ignacia Sánchez de Loria, pertenecía a una familia sanjuanina. Desde joven recibió una formación privilegiada para la época: estudió en el Real Colegio de San Carlos de Buenos Aires y luego viajó a Chile para cursar Cánones y Leyes en la Universidad de San Felipe, donde se graduó en 1810.
Su paso por Chile no fue menor: allí entró en contacto con el clima revolucionario que atravesaba América del Sur. Cuando regresó a San Juan, ya no era solamente un abogado con prestigio, sino también un hombre formado en las ideas de autonomía política que empezaban a sacudir al continente. En 1812 fue elegido síndico del Cabildo y comenzó a ocupar espacios de influencia en la política local.

Uno de los rasgos que más lo distinguía era su visión estricta sobre la función pública. Según distintas reconstrucciones históricas, rechazó cargos porque consideraba que un funcionario debía responder con su propio patrimonio ante cualquier irregularidad. Ese detalle, poco recordado, ayuda a explicar por qué muchos de sus contemporáneos lo veían como un hombre de rectitud, honor y responsabilidad institucional.
Qué papel jugó en la Declaración de la Independencia de 1816
El momento que lo convirtió en protagonista de la historia argentina llegó en 1816. Laprida fue elegido diputado por San Juan para el Congreso de Tucumán, junto con fray Justo Santa María de Oro. En un principio, incluso cuestionó su propia elección porque entendía que no habían participado todos los sectores de la provincia, pero finalmente viajó a Tucumán por pedido político de José de San Martín, entonces gobernador de Cuyo.
Su rol fue decisivo: presidió el Congreso durante julio de 1816, justamente cuando el 9 de julio se votó la Declaración de la Independencia de las Provincias Unidas del Río de la Plata. Por eso, aunque muchos argentinos recuerdan más a San Martín, Belgrano o Sarmiento, Laprida ocupó un lugar central en la escena política que dio nacimiento formal a la Argentina independiente.

La imagen del Congreso de Tucumán lo muestra como una figura adusta, casi inmóvil, pero detrás de ese retrato había un dirigente con peso propio. La declaración no fue un gesto aislado: era una necesidad urgente para San Martín, que preparaba el Cruce de los Andes y necesitaba actuar en nombre de una nación libre, no de una administración todavía atada a España.
Una muerte repleta de duda: cómo perdió la vida y qué sucedió con sus restos
Después de 1816, Laprida continuó ligado a la política. Fue gobernador interino de San Juan, ministro general de Gobierno y, más tarde, diputado en el Congreso Nacional de 1824. Sin embargo, como tantos hombres de su generación, terminó arrastrado por el conflicto entre unitarios y federales, una disputa que marcó a sangre y fuego las primeras décadas del país.
Su final llegó el 22 de septiembre de 1829, en Mendoza, luego de la batalla del Pilar. Las tropas federales comandadas por José Félix Aldao derrotaron a los unitarios encabezados por Juan Agustín Moyano, y en la represión posterior murieron más de cien personas. Laprida fue una de ellas, aunque las circunstancias exactas de su muerte nunca quedaron del todo claras.
Existen varias versiones: una sostiene que fue alcanzado por una partida, resistió brevemente y fue degollado; otra, mucho más brutal, afirma que habría sido enterrado vivo hasta el cuello y luego pisoteado por caballos. También hay relatos que hablan de un cuerpo desaparecido. Lo cierto es que sus restos nunca fueron identificados con certeza, lo que convirtió su muerte en uno de los misterios más oscuros de las guerras civiles argentinas.
De qué manera ayudó a Sarmiento y qué dijo tras su muerte
Uno de los episodios más impactantes de su vida ocurrió precisamente en ese contexto de violencia. Según la versión transmitida por Domingo Faustino Sarmiento, Laprida se puso al frente de un grupo de unitarios que huía tras la derrota en Pilar. Entre ellos habría estado el joven Sarmiento, quien logró salvarse mientras Laprida quedaba expuesto ante sus perseguidores.
Con el tiempo, Sarmiento recordaría a Laprida como una figura admirable y lo definió como el “hombre que más honró a San Juan”, una frase que resume el respeto que le tenía. No era solo gratitud personal: para Sarmiento, Laprida representaba una idea de civilidad, ley y compromiso público que contrastaba con la brutalidad de las guerras internas.
Ese gesto, casi cinematográfico, alimentó la dimensión heroica del personaje: un abogado, legislador y dirigente que no murió en una oficina ni en una sesión parlamentaria, sino en medio de una persecución política, defendiendo hasta el final una causa que consideraba justa.
Laprida y su conexión con Borges
La historia de Laprida tuvo otra vida en la literatura. Jorge Luis Borges descendía de Francisco Narciso de Laprida y le dedicó uno de sus textos más célebres: el “Poema conjetural”. Allí, el escritor imaginó los últimos instantes del prócer sanjuanino, perseguido y consciente de que su destino estaba sellado.

Borges convirtió esa muerte incierta en materia poética. En lugar de reconstruirla como una crónica histórica, la transformó en una reflexión sobre el destino, la violencia argentina y la paradoja de un hombre de leyes muriendo en un país que todavía no conseguía ordenar sus propias pasiones políticas.
Por eso, Laprida no fue solamente el presidente del Congreso del 9 de julio. Fue también un símbolo de las contradicciones de la Argentina naciente: un dirigente formado en la ley, protagonista de la Independencia, víctima de la guerra civil, salvador involuntario de Sarmiento y antepasado literario de Borges. Su nombre quedó algo relegado en la memoria popular, pero su vida reúne todos los elementos de una historia inolvidable: poder, ideales, violencia, misterio y legado.
En cada aniversario del 9 de julio, su figura merece volver al centro de la escena. Porque antes de ser una cara congelada en los manuales escolares, Francisco Narciso de Laprida fue uno de los hombres que firmaron el nacimiento político de la Argentina y pagó con su vida el precio de una época feroz.


















