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En 1887, Argentina construyó un palacio con 300.000 piezas para almacenar agua: hoy esconde 12 tanques gigantes en pleno Buenos Aires

Parece un lujoso palacio europeo, pero fue construido para almacenar 72 millones de litros de agua y proteger a Buenos Aires de las epidemias.

El Palacio de las Aguas Corrientes
Un palacio pensado para combatir las epidemias Foto: Instagram @silvinadebuenosaires
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Por fuera parece una lujosa residencia europea, cubierta de escudos, columnas, cúpulas y cerámicas de colores. Sin embargo, detrás de su extraordinaria fachada nunca existieron salones de baile ni habitaciones destinadas a una familia poderosa.

El Palacio de las Aguas Corrientes fue construido para almacenar millones de litros de agua potable y enfrentar uno de los mayores problemas sanitarios de la historia argentina.

Las obras comenzaron en 1887, sobre una manzana delimitada por la avenida Córdoba y las calles Riobamba, Viamonte y Ayacucho. En su interior se instalaron 12 enormes tanques de hierro, distribuidos en tres niveles y capaces de almacenar más de 72 millones de litros de agua.

Para esconder aquella estructura industrial, Argentina importó unas 300.000 piezas de terracota desde Gran Bretaña, componentes metálicos fabricados en Bélgica y pizarras procedentes de Francia.

Las epidemias que transformaron Buenos Aires

Durante la segunda mitad del siglo XIX, Buenos Aires creció rápidamente debido a la llegada de inmigrantes. Sin embargo, sus servicios públicos no estaban preparados para abastecer a una población cada vez mayor.

El agua se obtenía de pozos, aljibes y carros aguateros, mientras que la falta de cloacas favorecía la contaminación. Las consecuencias fueron dramáticas: en 1867, una epidemia de cólera provocó alrededor de 1.500 muertes y, en 1871, la fiebre amarilla dejó aproximadamente 14.000 víctimas.

El Palacio de las Aguas Corrientes
El Palacio de las Aguas Corrientes, una joya porteña Foto: Instagram @silvinadebuenosaires

Aquella tragedia cambió la manera de pensar la ciudad. Las autoridades comprendieron que el acceso al agua potable y al saneamiento era fundamental para impedir nuevas epidemias.

Ese mismo año, durante la presidencia de Domingo Faustino Sarmiento, el Gobierno contrató al ingeniero inglés John Bateman para desarrollar un sistema de provisión de agua, desagües y cloacas.

Un gigantesco rompecabezas llegado desde Europa

El corazón del palacio fue fabricado por la compañía belga Marcinelle y Coulliet. En su interior se colocaron 180 columnas metálicas, destinadas a sostener cuatro tanques por piso.

El sistema funcionaba por gravedad: la altura de los depósitos generaba la presión necesaria para distribuir el agua por las cañerías de Buenos Aires.

El Palacio de las Aguas Corrientes
Su interior podía almacenar 72 millones de litros Foto: Instagram @silvinadebuenosaires

Mientras el interior respondía a una función estrictamente industrial, el exterior fue diseñado para impresionar. El arquitecto noruego Olaf Boye y el ingeniero sueco Carlos Nyströmer participaron en el proyecto de la fachada.

Las piezas de terracota fueron fabricadas especialmente en Inglaterra. Cada una estaba numerada para indicar su ubicación exacta, como si el edificio fuera un inmenso rompecabezas enviado desde el otro lado del océano.

Los escudos argentinos de la fachada

La decoración también transmitía un mensaje político. A pedido del Gobierno, se incorporaron el Escudo Nacional, los emblemas de Buenos Aires y Rosario y los escudos de las 14 provincias argentinas que existían en aquel momento.

El Palacio de las Aguas Corrientes
El edificio fue inaugurado en 1894 Foto: Instagram @silvinadebuenosaires

De esta manera, el depósito fue presentado como un símbolo del progreso argentino. Sus materiales procedían de distintos lugares: la estructura metálica llegó desde Bélgica, las cerámicas desde Inglaterra y las pizarras de las cúpulas desde Francia.

La monumental fachada ocultaba una enorme máquina sanitaria destinada a proteger la salud de los habitantes.

Qué pasó con los 12 tanques gigantes

Los primeros ensayos de llenado se realizaron en 1892. Dos años más tarde, en 1894, el depósito comenzó a funcionar oficialmente y se convirtió en una pieza fundamental de la distribución de agua potable.

El Palacio de las Aguas Corrientes dejó de cumplir su función original en 1978, pero fue conservado por su extraordinario valor arquitectónico e histórico. En 1989 fue declarado Monumento Histórico Nacional.

El Palacio de las Aguas Corrientes
La imponente fachada esconde 12 tanques de agua Foto: Instagram @silvinadebuenosaires

Actualmente, el edificio alberga dependencias administrativas y el Museo del Agua y de la Historia Sanitaria, donde se conservan documentos, planos, cañerías, griferías y antiguos objetos vinculados con el saneamiento argentino.

Más de un siglo después, el palacio continúa escondiendo una historia sorprendente. No fue construido para alojar presidentes, nobles ni familias millonarias, sino para almacenar el agua que ayudó a transformar Buenos Aires.

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