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En 1992, un alga asiática apareció en un puerto argentino: hoy invade 1.800 kilómetros de costa y llegó hasta Mar del Plata

Fue encontrada sobre los pilotes de un muelle de Puerto Madryn. Aunque retiraron los primeros ejemplares, el wakame ya había comenzado a reproducirse y terminó transformando buena parte del litoral argentino.

Plantas
El alga asiática se expandió por la costa argentina Foto: Conicet
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En diciembre de 1992, un buzo encontró una planta desconocida adherida a los pilotes del Muelle Almirante Storni, en Puerto Madryn. Sorprendido por su apariencia, llevó una muestra hasta un centro científico de la zona.

Los especialistas confirmaron que no pertenecía al mar argentino. Se trataba de Undaria pinnatifida, un alga parda originaria de Asia conocida como wakame, utilizada desde hace siglos en la gastronomía de Japón, China y Corea.

En la Patagonia, sin embargo, acababa de comenzar una invasión que cambiaría para siempre el paisaje submarino.

El hallazgo que encendió las alarmas en Puerto Madryn

Los primeros ejemplares visibles fueron retirados de los pilotes, pero el intento llegó demasiado tarde: las plantas ya habían liberado sus esporas en el agua.

Cuando los investigadores regresaron al año siguiente, descubrieron que el fondo rocoso estaba cubierto por pequeñas hojas juveniles. El wakame había sobrevivido y comenzaba a extenderse alrededor del puerto.

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El wakame fue detectado en Puerto Madryn en 1992 Foto: Wikipedia

El secreto de su resistencia está en su ciclo de vida. Durante los meses más cálidos puede permanecer en una fase microscópica prácticamente invisible. Luego, cuando las condiciones son favorables, desarrolla grandes hojas onduladas.

Por este motivo, retirar las plantas adultas no era suficiente. Aunque desaparecieran de la superficie, el alga podía continuar creciendo sobre las rocas.

Cómo llegó desde Asia hasta la Patagonia

La principal hipótesis sostiene que el wakame ingresó accidentalmente a través del tráfico marítimo internacional. Numerosas especies cruzan los océanos adheridas a los cascos de los barcos o transportadas en el agua de lastre.

Los puertos funcionan como puntos de intercambio biológico. Allí pueden desembarcar organismos, larvas y esporas procedentes de regiones ubicadas a miles de kilómetros.

En el caso del wakame, los investigadores analizaron los registros de barcos que habían llegado a Puerto Madryn antes del hallazgo. Una de las posibilidades es que la especie arribara desde aguas europeas, donde ya había conseguido establecerse.

De unas pocas plantas a 1.800 kilómetros de costa

La expansión fue acelerada. Desde aquel registro de 1992, el alga avanzó por el litoral patagónico y alcanzó sectores cada vez más alejados.

Actualmente, su presencia fue registrada desde Puerto Deseado, en Santa Cruz, hasta Mar del Plata, en Buenos Aires. En total, afecta aproximadamente 1.800 kilómetros de la costa argentina.

Las corrientes marinas favorecieron su dispersión, pero también pudieron hacerlo embarcaciones, equipos de pesca y estructuras trasladadas entre puertos.

El bosque submarino que desplazó especies nativas

El wakame forma densas praderas submarinas sobre fondos rocosos, pilotes y otras superficies. Gracias a su rápido crecimiento, ocupa espacio, reduce la luz disponible y compite con las algas autóctonas.

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La especie forma densas praderas submarinas Foto: Wikipedia

Su presencia también puede modificar los ambientes utilizados por peces y organismos del fondo marino. Durante el verano, grandes cantidades se desprenden y llegan hasta las playas, donde se acumulan, se descomponen y generan olores intensos.

Esto afecta tanto al ambiente como a las actividades turísticas, pesqueras y recreativas de las ciudades costeras.

De invasora a ingrediente gastronómico

La historia presenta una paradoja. Mientras en Argentina es considerada una especie invasora, en Asia el wakame constituye un alimento tradicional utilizado en sopas y ensaladas.

En la Patagonia comenzaron a estudiarse posibles usos como alimento, fertilizante y fuente de compuestos industriales. Sin embargo, su aprovechamiento debe realizarse bajo controles estrictos para evitar que sea transportada hacia zonas donde todavía no está presente.

Aquellas pocas hojas encontradas en 1992 parecían un episodio aislado. Más de tres décadas después, el alga ocupa unos 1.800 kilómetros del litoral argentino, demostrando que una gran transformación ambiental puede comenzar en silencio, debajo de un muelle.

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