
A menos de 200 kilómetros de la Ciudad de Buenos Aires existe un pequeño pueblo rural donde los caminos de tierra, las construcciones antiguas y el silencio permiten imaginar cómo era la vida en la pampa durante el siglo pasado. Se trata de Casalins, una localidad del partido bonaerense de Pila que todavía conserva las huellas de su pasado ferroviario.
El origen de su nombre también está relacionado con la historia rural de la zona. Según registros especializados, Casalins provendría del apellido de antiguos propietarios de campos de la región. Con la expansión del ferrocarril, esa denominación pasó a identificar a la estación y luego al poblado formado a su alrededor.
Actualmente, Casalins cuenta con apenas 77 habitantes, de acuerdo con los datos del Censo 2022. Si bien es considerada la segunda localidad en importancia del partido de Pila, mantiene la apariencia de un caserío rodeado por campos ganaderos y grandes extensiones de llanura.
Entre sus construcciones más características sobresale El Solito, un antiguo almacén de ramos generales considerado centenario, que funcionó como punto de encuentro para trabajadores y familias de las estancias cercanas. La vieja pulpería se suma a la estación, las herrerías y las casonas de época que todavía recuerdan el movimiento que tuvo la localidad durante las primeras décadas del siglo XX.
Por qué el pueblo se llama Casalins
La denominación Casalins no hace referencia a una característica geográfica ni a un elemento del paisaje. Su origen estaría vinculado con el apellido de antiguos propietarios rurales establecidos en la zona.

En los tiempos de expansión ferroviaria era habitual que las estaciones recibieran los apellidos de familias propietarias, donantes de terrenos o figuras relacionadas con las estancias cercanas. Con el paso de los años, esos nombres dejaron de identificar solamente una parada ferroviaria y comenzaron a denominar a los pueblos nacidos alrededor de las vías.
En este caso, el apellido sobrevivió a la desaparición del tren. Las formaciones dejaron de circular, los rieles fueron retirados y la actividad comercial se redujo, pero Casalins continuó siendo el nombre de la comunidad.
La llegada del tren que transformó la región
La estación de Casalins fue inaugurada el 1 de julio de 1911 como parte del ramal ferroviario que unía Chas con Ayacucho. Se encontraba en el kilómetro 207,5 desde Plaza Constitución y posteriormente quedó integrada a la red del Ferrocarril General Roca.
El servicio permitió transportar pasajeros, encomiendas, cargas y producción ganadera. Para los habitantes de los establecimientos rurales, el tren representaba una conexión fundamental con otras localidades bonaerenses.

Alrededor de la estación surgieron viviendas, comercios y dependencias ferroviarias. El conjunto contaba con andén, sanitarios, galpón, tanque de agua y una vivienda destinada al personal. Frente al edificio principal también funcionó un viejo almacén vinculado con la vida cotidiana del lugar.
El Solito, la pulpería centenaria de Casalins
Una de las construcciones más representativas es el almacén de ramos generales El Solito, mencionado también como una pulpería centenaria. Durante sus años de actividad fue un punto de reunión para peones rurales, viajeros y habitantes de las estancias cercanas.
Estos almacenes eran esenciales para los pueblos rurales. Allí se conseguían alimentos, herramientas, bebidas, ropa y otros artículos indispensables. Además, funcionaban como espacios sociales donde circulaban noticias y se realizaban encuentros entre vecinos. Los almacenes de ramos generales también podían prestar servicios de correo, depósito y crédito informal para productores y trabajadores del campo.

En Casalins, la presencia de El Solito ayuda a reconstruir aquella etapa de prosperidad. Su estructura centenaria comparte el paisaje con antiguas herrerías, fachadas de ladrillo y casonas con rejas de hierro, testimonios del crecimiento que experimentó la localidad durante las primeras décadas del siglo XX.
El cierre del ramal y el aislamiento de Casalins
La historia del pueblo cambió cuando el ramal ferroviario fue clausurado en 1978. A comienzos de la década de 1990, las vías terminaron de ser levantadas y Casalins perdió la infraestructura alrededor de la cual se había desarrollado.
La ausencia del tren redujo la circulación de pasajeros, afectó al comercio y dificultó el traslado de la producción rural. Sin embargo, Casalins nunca quedó completamente abandonado.
El Censo 2001 contabilizó 50 habitantes y el relevamiento de 2010 registró 66. Para 2022, la población llegó a las 77 personas, por lo que la comunidad consiguió mantenerse e incluso experimentar un crecimiento moderado.
Qué se puede conocer durante una visita a Casalins
La antigua estación ferroviaria, la pulpería centenaria El Solito, las viejas herrerías y las casonas rurales conforman los principales puntos de interés. En agosto de 2025, la estación fue puesta en valor durante una jornada comunitaria que reunió a vecinos, estudiantes, autoridades y descendientes de antiguos trabajadores ferroviarios.
El entorno también resulta atractivo para realizar caminatas, recorridos fotográficos y avistamiento de fauna pampeana. Debido a que se trata de una localidad pequeña, es recomendable llevar provisiones y verificar previamente el estado de los accesos, especialmente después de lluvias intensas.
Casalins no ofrece grandes complejos turísticos. Su encanto se encuentra en los detalles: un nombre heredado de antiguos propietarios rurales, una estación que recuerda la llegada del tren y una pulpería centenaria que conserva parte de la identidad social del pueblo.




















