comscore

Durante casi 40 años fue una fábrica de chicles y perfumó un barrio entero: hoy es una histórica sede del CBC de la UBA

Miles de estudiantes recorren sus aulas sin conocer su pasado: allí funcionó una fábrica de chicles cuyo aroma a menta y tutti-frutti llegaba hasta el tren.

Antigua fábrica de Chiclets
El edificio de Holmberg 2614 conserva las huellas de su pasado industrial Foto: X @NuevosBAires
+ Seguir en Google+ Seguinos en Noticias

Miles de estudiantes atraviesan cada año las puertas de la sede Drago del Ciclo Básico Común de la Universidad de Buenos Aires sin imaginar que, décadas atrás, allí funcionó una de las fábricas de golosinas más recordadas del país. Antes de los apuntes, los exámenes y los pizarrones, el edificio estuvo ocupado por Adams, fabricante de los populares Chiclets.

Ubicado en Holmberg 2614, entre Villa Urquiza y Coghlan, el inmueble forma parte de la memoria barrial. Durante casi 40 años, sus instalaciones produjeron chicles que llegaron a comer varias generaciones de argentinos. Sin embargo, el dato más sorprendente no está solamente relacionado con su actividad industrial, sino con el particular aroma que escapaba de la planta.

El olor que anunciaba la llegada a la estación

Los vecinos más antiguos aseguran que el perfume a menta y tutti-frutti se extendía por varias cuadras. La fragancia era tan intensa que los pasajeros del tren podían reconocer que se acercaban a la estación Drago incluso antes de mirar por la ventanilla.

El barrio entero parecía transformarse según el sabor que se fabricaba durante la jornada. Algunos días predominaba la menta; en otros momentos, el aire se llenaba con notas frutales y dulces. Esa experiencia quedó grabada en quienes vivieron cerca de la planta o viajaban habitualmente por el ramal ferroviario.

Antigua fábrica de Chiclets
Antes de recibir estudiantes, el inmueble producía los populares Chiclets Adams Foto: X @NuevosBAires

La fábrica también era parte de la vida cotidiana de muchas familias. Además de emplear a numerosos trabajadores, generaba una escena esperada por los chicos de la zona. Según testimonios vecinales, un operario salía ocasionalmente con un canasto cargado de chicles y caramelos que no podían comercializarse por defectos en su forma o envoltorio.

De un experimento fallido a un éxito internacional

La historia de Adams comenzó en el siglo XIX, cuando Thomas Adams experimentó con el chicle, una resina natural obtenida de un árbol tropical mexicano. Su objetivo inicial era utilizarla como reemplazo del caucho, pero las pruebas no dieron el resultado esperado.

Lejos de abandonar por completo el material, decidió cortarlo en pequeñas porciones, incorporarles sabor y venderlas como goma de mascar. El producto ganó popularidad y terminó impulsando una compañía de alcance internacional. Con el paso del tiempo, sus pequeños chicles recubiertos se convirtieron en una marca reconocida en numerosos países.

Antigua fábrica de Chiclets
La sede Drago del CBC funcionó durante décadas como fábrica de chicles Adams Foto: X @NuevosBAires

Sus líneas de producción elaboraban cantidades de golosinas, mientras el característico perfume de las preparaciones atravesaba paredes, calles y andenes.

El cierre de la fábrica y una nueva etapa

Hacia fines de la década de 1970, Adams dejó el establecimiento y trasladó su producción a Escobar, en la provincia de Buenos Aires. El edificio atravesó entonces un período de incertidumbre y estuvo expuesto a una posible demolición.

El cambio decisivo llegó en 1985, cuando comenzó a funcionar el Ciclo Básico Común. En el marco de la normalización de la UBA, el antiguo establecimiento industrial fue incorporado a la universidad y adaptado para recibir estudiantes.

Antigua fábrica de Chiclets
El aroma a menta y tutti-frutti llegaba hasta la estación Drago Foto: X @NuevosBAires

La sede fue denominada Leónidas Anastasi, aunque popularmente quedó asociada a la cercana estación ferroviaria Dr. Luis María Drago. Desde entonces, se convirtió en una de las puertas de ingreso a la educación universitaria pública.

De fabricar chicles a construir futuros

Las máquinas fueron reemplazadas por pupitres, las líneas de montaje cedieron su lugar a las aulas y el aroma dulce desapareció del paisaje cotidiano. No obstante, la estructura del inmueble todavía conserva las huellas de su pasado fabril.

Hoy, miles de jóvenes cursan allí las primeras materias de carreras de la UBA. Muchos desconocen que, en los mismos espacios donde estudian, trabajadores produjeron durante décadas uno de los chicles más famosos de la Argentina.

Para los habitantes históricos del barrio, Drago representa mucho más que una sede universitaria. Es el recuerdo de familiares que trabajaron en Adams, de chicos esperando caramelos y de pasajeros que reconocían su destino mediante el olfato.

El edificio cambió de función, pero nunca dejó de reunir generaciones. Primero lo hizo mediante un sabor asociado a la infancia; después, como punto de partida para quienes sueñan con obtener un título universitario. Entre la nostalgia industrial y la vida académica, la sede Drago guarda una historia poco conocida que todavía sorprende a quienes cruzan diariamente sus puertas.

¡Sumate a Canal 26!

Recibí una selección de nuestros contenidos, pensados especialmente para vos, en tu bandeja de entrada.