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En 1834 abrió la farmacia más antigua del país: 192 años después sigue funcionando, allí nació la Hesperidina y se reunían presidentes

La Farmacia de la Estrella nació por iniciativa de Bernardino Rivadavia y se convirtió en un emblema porteño. En su interior sobreviven muebles antiguos, obras de arte y recuerdos de una época en la que los remedios se preparaban a mano.

Farmacia de la Estrella
Sus frescos representan la Salud, la Enfermedad y la Farmacopea Foto: Instagram @vivamosba
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En una de las esquinas más transitadas del casco histórico de la Ciudad de Buenos Aires existe una puerta capaz de transportar a sus visitantes hasta el siglo XIX. Se trata de la Farmacia de la Estrella, un establecimiento fundado en 1834 que, 192 años después, continúa funcionando rodeado de frescos, frascos medicinales y mobiliario antiguo.

Ubicada en Defensa 201, en la esquina con Adolfo Alsina, la farmacia es mucho más que un comercio. Sus estanterías de madera, vitrinas históricas y pinturas transformaron el lugar en un verdadero museo viviente, donde el pasado porteño convive diariamente con clientes, trabajadores y turistas.

Cómo nació la Farmacia de la Estrella

La historia comenzó en 1834, cuando Bernardino Rivadavia, primer presidente argentino, impulsó la creación de una botica inspirada en los establecimientos científicos europeos. El proyecto quedó en manos del boticario italiano Pablo Ferrari, quien había llegado al país durante una etapa marcada por el arribo de investigadores y profesionales extranjeros.

En aquellos años, las farmacias eran muy diferentes de las actuales. Los medicamentos no llegaban en cajas producidas industrialmente. Los boticarios combinaban plantas, minerales, jarabes, ungüentos y otras sustancias para elaborar fórmulas destinadas a cada paciente.

Farmacia de la Estrella
La Farmacia de la Estrella abrió sus puertas en 1834 Foto: Instagram @vivamosba

En 1838, el negocio quedó en manos de Silvestre Demarchi, un empresario suizo que amplió sus actividades e incorporó una droguería mayorista y un laboratorio. Con el tiempo, el establecimiento ganó prestigio y llegó a convertirse en una de las farmacias más importantes de Sudamérica.

El comercio se instaló en su ubicación histórica durante la década de 1880. El edificio actual fue construido en 1895 y, décadas después, pasó a formar parte del patrimonio del Museo de la Ciudad.

El interior que permanece detenido en el tiempo

Uno de sus mayores tesoros aparece al levantar la mirada. El cielorraso conserva pinturas alegóricas en las que tres figuras femeninas representan la Salud, la Enfermedad y la Farmacopea. La composición simboliza el triunfo de la medicina sobre los padecimientos humanos.

La farmacia también conserva estanterías de nogal, mármoles de Carrara, cristales de Murano, antiguos recipientes medicinales y sectores de madera tallada. Los frascos opacos o tintados permitían proteger los preparados de la luz, cuando gran parte de las fórmulas todavía se elaboraba detrás del mostrador.

Farmacia de la Estrella
Melville Bagley creó allí la fórmula de la Hesperidina Foto: Instagram @vivamosba

Toda la decoración fue pensada para transmitir prestigio científico, elegancia y confianza. Por eso, entrar al establecimiento todavía produce la sensación de encontrarse dentro de una antigua botica europea.

El famoso invento que nació entre sus frascos

Uno de los episodios más curiosos ocurrió durante la década de 1860, cuando el estadounidense Melville Bagley trabajó como ayudante en la farmacia. Allí desarrolló un preparado realizado con cáscaras de naranja que más tarde sería conocido como Hesperidina.

El producto fue presentado inicialmente como un tónico, pero terminó convirtiéndose en una de las bebidas más reconocidas de la Argentina. Años después, Bagley también fundaría la famosa empresa de galletitas que lleva su apellido.

Farmacia de la Estrella
El local conserva muebles y frascos del siglo XIX Foto: Instagram @vivamosba

Este capítulo demuestra que las antiguas farmacias no eran solamente lugares de venta. También funcionaban como laboratorios de investigación, donde se probaban combinaciones y se desarrollaban productos capaces de trascender su utilización medicinal.

Las reuniones políticas ocultas en el subsuelo

La Farmacia de la Estrella también quedó vinculada con la política argentina. Su subsuelo habría sido escenario de tertulias frecuentadas por figuras como Bartolomé Mitre, Julio Argentino Roca, Carlos Pellegrini e Hipólito Yrigoyen.

En aquellos encuentros se discutían asuntos públicos y se intercambiaban opiniones sobre el rumbo de una nación que todavía consolidaba sus instituciones. Su cercanía con la Casa Rosada favoreció además el paso de funcionarios y personalidades de diferentes épocas.

Una farmacia que sobrevivió al paso del tiempo

A diferencia de otros negocios históricos que cerraron o se transformaron completamente en museos, la Farmacia de la Estrella mantiene su actividad comercial. El edificio forma parte del Museo de la Ciudad, pero el local continúa atendiendo al público.

Farmacia de la Estrella
La histórica botica continúa funcionando en Buenos Aires Foto: Instagram @vivamosba

Esa convivencia entre patrimonio y vida cotidiana constituye su mayor particularidad. No es una reconstrucción ni una escenografía, sino una farmacia real que funciona dentro de un espacio con casi dos siglos de historia.

En medio de una ciudad en permanente transformación, la esquina de Defensa y Alsina continúa custodiando pinturas, muebles, fórmulas y secretos políticos. Cada uno de sus frascos parece conservar un fragmento de la historia argentina.

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