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Fue una parada ferroviaria sin nombre: hoy tiene 284 habitantes y una fiesta que reúne a más de 20.000 personas en un solo día

Con apenas 284 habitantes, este pueblo bonaerense nació como una parada ferroviaria sin nombre y hoy atrae a más de 20.000 visitantes con una celebración que mantiene vivas su historia y sus tradiciones.

Santa Coloma
La estación funciona hoy como espacio cultural Foto: Instagram @viejasestacionesypueblos
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A mitad de camino entre Baradero y San Antonio de Areco se encuentra un pueblo de apenas 20 manzanas que nació alrededor de las vías y durante sus primeros años fue identificado únicamente con un número. Se trata de Santa Coloma, una pequeña localidad del norte de la provincia de Buenos Aires que conserva antiguas construcciones, calles arboladas y una marcada identidad rural.

El lugar pasó de ser la “Parada kilómetro 128” a convertirse en un destino turístico capaz de recibir, durante su celebración más importante, a una cantidad de visitantes que multiplica varias veces su población. Además de su historia ferroviaria, sorprende por sus dos avenidas principales, bautizadas en homenaje al regreso de la democracia argentina.

De acuerdo con los resultados del Censo 2022, Santa Coloma tiene 284 habitantes: 148 mujeres y 136 varones. La localidad casi duplicó su población respecto de 1991, cuando contaba con solamente 141 residentes. En 2001 alcanzó los 169 habitantes y, para 2010, llegó a 203.

De una parada ferroviaria a un pueblo con identidad propia

La historia de Santa Coloma comenzó formalmente el 25 de noviembre de 1912, con la inauguración de una estación perteneciente al ferrocarril que más tarde sería conocido como General Belgrano. Como todavía no existía un asentamiento consolidado, el lugar fue denominado “Parada kilómetro 128”.

La estación fue levantada en campos vinculados con Carlos Santa Coloma, cuyo apellido terminó identificando primero al establecimiento ferroviario y después a todo el pueblo. La denominación definitiva comenzó a utilizarse alrededor de 1930.

Santa Coloma
Santa Coloma conserva intacta su esencia rural Foto: Instagram @viejasestacionesypueblos

El tren resultó fundamental para el traslado de pasajeros, correspondencia, animales y producción agrícola. A su alrededor se construyeron viviendas, comercios y almacenes de ramos generales. Algunos de esos negocios estaban ubicados estratégicamente en esquinas para aprovechar el frente hacia dos calles y vendían alimentos, bebidas y productos indispensables para la vida rural.

Sus paredes se levantaban con ladrillos cocidos asentados sobre barro amasado y pisado por caballos, una técnica que actualmente permite reconocer parte de la arquitectura tradicional de la localidad. Algunos establecimientos también contaban con carnicería, panadería o despacho de bebidas.

El cierre del tren que cambió la vida de Santa Coloma

Durante buena parte del siglo XX, la estación concentró la actividad social y económica. Sin embargo, el ramal dejó de ofrecer servicios de pasajeros en 1977, después de aproximadamente 65 años de funcionamiento. El cierre profundizó el aislamiento y obligó a muchas familias a trasladarse hacia ciudades con mayores oportunidades laborales.

Santa Coloma
El ferrocarril marcó la historia de la localidad Foto: Instagram @viejasestacionesypueblos

A pesar del abandono ferroviario, la comunidad evitó que el edificio principal desapareciera. La antigua estación fue recuperada y actualmente funciona como biblioteca y centro cultural. El conjunto conserva galpones y dos viviendas asociadas a la operación del ferrocarril, por lo que constituye uno de los principales testimonios del nacimiento del pueblo.

Santa Coloma también protege construcciones particulares como La Adelina, de 1929, y un inmueble donde funcionó la Escuela N.º 22 entre 1927 y 1950. La capilla, el club y los antiguos almacenes completan un recorrido que permite reconstruir cómo era la vida cotidiana en los pueblos bonaerenses surgidos junto a las vías.

Las avenidas que recuerdan el regreso de la democracia

Otro detalle particular aparece en su reducido trazado urbano. En 1983, los vecinos llamaron Libertad y Democracia a las dos avenidas principales como una forma de celebrar el regreso del sistema democrático en la Argentina.

Santa Coloma
El ferrocarril marcó la historia de la localidad Foto: Instagram @viejasestacionesypueblos

El resto de las calles lleva nombres de árboles, entre ellos Ombú, Palo Borracho, Guatambú, Araucaria y Quebracho. Esta combinación entre memoria política y naturaleza le otorgó al pueblo una identidad urbana difícil de encontrar en otras localidades de la provincia.

Entre sus espacios públicos sobresale la plaza Martín Fierro, diseñada por el arquitecto y artista plástico Luis Benedit. El patrimonio arquitectónico, paisajístico y cultural contribuyó a que Santa Coloma fuera reconocida como Pueblo Turístico y Paisaje Cultural.

La fiesta que puede reunir a más de 20.000 visitantes

El gran renacimiento turístico comenzó en 2006, durante una tarde de lluvia. La enfermera Lidia Jiménez y el entonces delegado municipal Oscar Scollo imaginaron una celebración que permitiera dar a conocer la localidad. Un grupo inicial de ocho vecinos organizó así la primera Fiesta del Mondongo y la Torta Frita.

Santa Coloma
La antigua estación dio origen al pueblo Foto: Instagram @viejasestacionesypueblos

La celebración se realiza tradicionalmente cada 1.º de mayo y llegó a convocar a más de 20.000 personas. En algunas ediciones se prepararon cerca de 1.600 porciones de mondongo y casi 10.000 tortas fritas, además de espectáculos, ferias y actividades culturales.

Para conocer Santa Coloma hay que llegar por la Ruta Provincial 41, a la altura del kilómetro 303. Se encuentra aproximadamente a 30 kilómetros de Baradero y a 28 de San Antonio de Areco. Allí, el pueblo que alguna vez fue apenas un número ferroviario consiguió convertir sus recetas, su arquitectura y su memoria colectiva en una razón para volver a llenar sus calles.

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