
Actualmente, Chacarita combina casas bajas, talleres, espacios culturales, restaurantes y edificios modernos. Sin embargo, detrás de su transformación urbana sobreviven las huellas de un pasado que comenzó a escribirse hace más de cuatro siglos.
La historia del barrio se remonta a comienzos del siglo XVII, cuando numerosos terrenos ubicados lejos del centro de Buenos Aires quedaron vinculados con la Compañía de Jesús. Por su extensión y características naturales, aquella zona era ideal para desarrollar cultivos, criar animales y establecer un sitio de descanso.
Por qué el barrio recibió el nombre de Chacarita
La palabra “Chacarita” deriva del diminutivo de “chácara” o “chacra”, un término de origen quechua utilizado para identificar un terreno destinado al cultivo. El nombre respondía al paisaje característico del lugar, dominado por sembradíos, árboles frutales, corrales y construcciones rurales.
Los jesuitas organizaron allí una propiedad dedicada a producir verduras, frutas y carne para los alumnos y trabajadores del Colegio San Ignacio, considerado uno de los antecedentes del actual Colegio Nacional de Buenos Aires. Las tierras también eran utilizadas para obtener recursos que permitieran sostener las actividades educativas y religiosas de la orden.

Con el tiempo, el sitio pasó a ser conocido como la “Chacarita de los Padres” y posteriormente como la “Chacarita de los Colegiales”. Esta última denominación surgió debido a que los estudiantes se trasladaban hasta la propiedad durante sus vacaciones y temporadas de descanso.
De aquella costumbre nacieron los nombres de dos barrios porteños vecinos: Chacarita y Colegiales.
De la expulsión de los jesuitas a las quintas porteñas
La situación cambió en 1767, cuando la Corona española ordenó la expulsión de los jesuitas de sus dominios. Sus propiedades pasaron a ser administradas por otras instituciones y las tierras quedaron relacionadas con el Real Colegio de San Carlos, otro antecedente del actual Colegio Nacional de Buenos Aires.
Durante buena parte de los siglos XVIII y XIX, Chacarita mantuvo su aspecto rural. En el lugar podían encontrarse quintas, cultivos, corrales, caminos de tierra y grandes espacios abiertos, muy diferentes de las avenidas transitadas que atraviesan actualmente el barrio.
Sin embargo, en 1871 ocurrió un acontecimiento que modificó su identidad para siempre.
La epidemia que transformó la historia de Chacarita
Ese año, una devastadora epidemia de fiebre amarilla golpeó a Buenos Aires. La enfermedad se propagó rápidamente y los cementerios existentes quedaron desbordados. Ante la emergencia, las autoridades tuvieron que encontrar un nuevo terreno donde sepultar a las víctimas.
El 11 de marzo de 1871 se dispuso la creación del Enterratorio General de Buenos Aires en tierras de la antigua Chacarita de los Colegiales. El primer cementerio fue instalado en un sector de aproximadamente cinco hectáreas ubicado donde actualmente se encuentra el Parque Los Andes.

La crisis sanitaria alcanzó dimensiones estremecedoras. En las jornadas más graves se realizaron cientos de entierros, mientras escaseaban los ataúdes y los trabajadores no alcanzaban para responder a la emergencia.
Para acelerar el traslado de los cuerpos se implementó un servicio ferroviario especial conocido popularmente como “tranvía fúnebre” o “tren de la muerte”. La formación transportaba los féretros hasta las inmediaciones del enterratorio y terminaba su recorrido cerca de la actual avenida Dorrego.
El cementerio definitivo y una ciudad dentro de la ciudad
Cuando el primer predio quedó sin capacidad, las autoridades decidieron habilitar un cementerio definitivo. En 1886 comenzó a funcionar el entonces denominado Cementerio del Oeste, que desde 1920 recibió oficialmente el nombre de Cementerio de la Chacarita.
Con el paso de las décadas, el lugar incorporó galerías, bóvedas, panteones, sectores subterráneos y un crematorio. Actualmente ocupa alrededor de 95 hectáreas, por lo que es considerado el cementerio más grande de la Ciudad de Buenos Aires y uno de los de mayores dimensiones de América Latina.

En su interior descansan figuras fundamentales de la cultura popular argentina, como Carlos Gardel, Aníbal Troilo y Osvaldo Pugliese. Sus calles, esculturas y mausoleos forman una auténtica ciudad paralela en la que conviven diferentes épocas y estilos arquitectónicos.
El barrio que convirtió su pasado en identidad
La llegada del ferrocarril y el crecimiento urbano transformaron la antigua zona de quintas. Chacarita quedó integrada definitivamente al tejido porteño, aunque nunca perdió su vínculo con la memoria.

Hoy forma parte de la Comuna 15 y limita con barrios como Villa Ortúzar, Colegiales, Palermo, Villa Crespo y La Paternal. Una porción considerable de su territorio continúa ocupada por el cementerio.
Así, el nombre que alguna vez describió una pequeña chacra terminó identificando a uno de los barrios con mayor personalidad de Buenos Aires. De los cultivos jesuitas y las vacaciones estudiantiles al tren fúnebre, el cementerio y la actual escena cultural, Chacarita conserva más de 400 años de historia entre sus calles, pasajes y antiguas fachadas.















