
Uno de los episodios más sorprendentes de la historia argentina tuvo como protagonista a Juan Pascual Pringles, un militar puntano que en 1820 se internó en el océano Pacífico montado a caballo para evitar rendirse ante una fuerza española superior. Sus enemigos terminaron rescatándolo.
Sin embargo, poco más de diez años después, el 19 de marzo de 1831, murió tras negarse a entregar su sable a un oficial de las tropas federales.
Quién fue Juan Pascual Pringles y cómo llegó al ejército de San Martín
Pringles nació el 17 de mayo de 1795 en San Luis. Era hijo de Gabriel Pringles y Andrea Sosa y trabajó en una tienda de Mendoza entre 1811 y 1814.
En octubre de 1815, a los 20 años, ingresó en las milicias puntanas. En febrero de 1819 participó en la represión de un levantamiento de prisioneros realistas en San Luis y, el 8 de noviembre de ese año, se incorporó como alférez al Regimiento de Granaderos a Caballo, creado por José de San Martín.
En 1820, prefirió lanzarse al océano antes que rendirse
El 20 de agosto de 1820, Pringles partió hacia el Perú con la Expedición Libertadora. Tres meses después, el 27 de noviembre, encabezaba una pequeña partida de granaderos en las cercanías de Chancay, en la costa peruana.
Su misión estaba vinculada con contactos establecidos con integrantes del Batallón Numancia, una unidad realista cuyos miembros consideraban pasar al bando independentista. Debía evitar el combate, pero en la playa de Pescadores, a unos 15 kilómetros de Chancay, la patrulla fue sorprendida por una fuerza española muy superior.

Según reconstrucciones históricas, alrededor de 20 granaderos enfrentaron a unos 80 jinetes realistas, a los que se sumaron refuerzos. Hubo muertos, heridos y prisioneros. Al quedar cercado, Pringles condujo su caballo hacia el Pacífico y entró en el agua antes que entregarse.
El coronel español Jerónimo Valdés, sorprendido por su determinación, intervino para que lo rescataran.
La condecoración que San Martín entregó a los vencidos
San Martín cuestionó que la patrulla se dejara sorprender y terminara involucrada en un enfrentamiento evitable. Aun así, decidió reconocer el valor demostrado ante la superioridad enemiga.
Los sobrevivientes recibieron un escudo de paño celeste con la inscripción “Gloria a los vencidos en Chancay”, una distinción para soldados derrotados. Ese reconocimiento dejó una enseñanza singular: incluso una derrota podía convertirse en símbolo de valentía cuando el coraje de los combatientes resultaba indiscutible.

Pringles permaneció prisionero en El Callao hasta ser liberado mediante un intercambio. Después volvió a luchar en las filas patriotas y participó en Junín, el 6 de agosto de 1824, y Ayacucho, el 9 de diciembre, combates decisivos para la independencia sudamericana.
Su muerte en 1831 y el sable que se negó a entregar
Ya en la Argentina, Pringles combatió en la guerra contra Brasil y más tarde se incorporó a las fuerzas unitarias de José María Paz. Participó en las batallas de La Tablada, en 1829, y Oncativo, en 1830.
En marzo de 1831, mientras intentaba regresar a San Luis tras las derrotas frente a las tropas de Facundo Quiroga, fue interceptado por una partida federal cerca del Chañaral de las Ánimas.

Según el relato histórico tradicional, aceptó rendirse, pero se negó a entregar su sable al oficial que lo había capturado. El hombre le disparó en el pecho y Pringles murió el 19 de marzo de 1831, a los 35 años.
La tradición puntana sostiene que Quiroga se indignó por su muerte y ordenó cubrir su cuerpo con su poncho. Sus restos descansan en la Catedral de San Luis.
Dos momentos definieron su leyenda: en 1820 eligió el mar antes que la rendición y, en 1831, su negativa a desprenderse del sable le costó la vida.



















