
Aunque no tenía formación militar, Manuel Belgrano quedó al frente de un ejército en crisis y tomó una medida extrema que cambiaría el rumbo de la Revolución.
Nacido en Buenos Aires el 3 de junio de 1770, Belgrano estudió Derecho en las universidades españolas de Salamanca y Valladolid. No recibió preparación militar, pero la Revolución de Mayo cambió su destino y lo convirtió en protagonista de una lucha decisiva.
El abogado que recibió un ejército en crisis
En 1812, luego de la derrota patriota en Huaqui, el Ejército del Norte estaba desmoralizado, mal armado y afectado por enfermedades. Las fuerzas realistas avanzaban desde el Alto Perú y amenazaban con recuperar los territorios controlados por los revolucionarios.

Belgrano asumió el mando y comenzó una reorganización urgente. Impuso disciplina, buscó armas, consiguió alimentos y trató de devolverles confianza a sus soldados. Entre aquellos hombres se encontraban jóvenes que después tendrían papeles importantes, como José María Paz, Gregorio Aráoz de Lamadrid y Eustoquio Díaz Vélez.
La amenaza creció en agosto. El ejército realista, dirigido por Pío Tristán, contaba con tropas experimentadas y superiores en número. Belgrano entendió que resistir en Jujuy podía provocar una derrota definitiva. Entonces eligió una estrategia extrema.
La orden que vació una ciudad completa
El 23 de agosto de 1812, comenzó el Éxodo Jujeño. Belgrano ordenó que la población de San Salvador de Jujuy abandonara sus hogares y marchara hacia Tucumán junto al ejército. Familias, comerciantes, campesinos, ancianos y niños debieron cargar todo lo que podían transportar.
Lo que quedara atrás debía ser destruido. Cultivos, alimentos, animales y mercaderías no podían caer en manos realistas. La intención era aplicar la estrategia de tierra arrasada y dejar al adversario sin comida, refugio ni posibilidades de abastecimiento durante su avance hacia el sur.

La columna recorrió cerca de 330 kilómetros. No fue una retirada protagonizada únicamente por soldados: participó una comunidad que dejó viviendas, campos y pertenencias. Por eso, el episodio representa tanto una decisión militar como un sacrificio colectivo.
El combate que levantó la moral patriota
Mientras la población avanzaba, la retaguardia quedó bajo el mando de Díaz Vélez y de los llamados Patriotas Decididos. Su tarea consistía en contener a las tropas que perseguían la marcha. El 3 de septiembre, obtuvieron una victoria en el combate de Las Piedras, resultado que elevó la moral revolucionaria.
El gobierno central había ordenado continuar la retirada hasta Córdoba. Sin embargo, al llegar a Tucumán, Belgrano recibió el apoyo de los habitantes y consideró que retroceder dejaría al norte expuesto. Tomó otra determinación arriesgada: desobedecer las instrucciones y presentar batalla.
La desobediencia que alteró el rumbo revolucionario
El 24 de septiembre de 1812, el Ejército del Norte venció a los realistas en la batalla de Tucumán. El triunfo frenó la ofensiva enemiga cuando la Revolución atravesaba uno de sus momentos más frágiles.
Meses más tarde, el 20 de febrero de 1813, los patriotas volvieron a imponerse en la batalla de Salta. Ambas victorias permitieron recuperar Jujuy y obligaron a las fuerzas realistas a retroceder hacia el Alto Perú.

El resultado fue aún más sorprendente porque Belgrano no era militar de carrera. Su principal fortaleza estuvo en organizar recursos escasos, convencer a sus hombres y asumir decisiones impopulares.
Mucho más que el creador de la bandera
Belgrano murió el 20 de junio de 1820, a los 50 años, con graves dificultades económicas. Su vida estuvo atravesada por contrastes: fue un intelectual convertido en general, un defensor de la educación empujado a la guerra y un abogado que consiguió victorias fundamentales.
El Éxodo Jujeño demuestra que la independencia no fue construida solamente por figuras. Miles de personas abandonaron sus casas y destruyeron sus propios recursos para impedir que el enemigo los utilizara. Belgrano encabezó la decisión, pero el pueblo jujeño afrontó su costo más alto. Más de dos siglos después, aquella marcha recuerda que una ciudad prefirió perderlo todo antes que rendirse.


















