
La historia lo inmortalizó como el Tambor de Tacuarí, pero Pedro Ríos cumplió otras tareas poco conocidas antes de morir en combate. Con apenas 12 años, acompañó al ejército de Manuel Belgrano, orientó a un oficial con dificultades visuales y transmitió órdenes en medio de una batalla decisiva.
Nacido alrededor de 1798 en Yaguareté-Corá, la actual localidad correntina de Concepción, murió el 9 de marzo de 1811 durante la batalla de Tacuarí. Desde entonces, es recordado como el Tambor de Tacuarí.
El día en que Manuel Belgrano llegó a su pueblo
En agosto de 1810, la Primera Junta organizó una expedición militar al Paraguay. El objetivo era lograr que ese territorio reconociera al gobierno surgido tras la Revolución de Mayo.
El mando quedó en manos de Manuel Belgrano, quien todavía no poseía la experiencia militar que alcanzaría años más tarde. La columna partió con unos 200 hombres y pocos recursos.

El 26 de noviembre de 1810, las tropas llegaron a Yaguareté-Corá, un pequeño poblado de Corrientes. Allí vivía Pedro junto con su padre, Antonio Ríos, identificado por algunas reconstrucciones históricas como maestro rural.
Según la tradición, el niño pidió incorporarse a la expedición. Belgrano se negó inicialmente debido a su corta edad, pero el padre habría insistido para que colaborara con la causa. Pedro recibió autorización y dejó su casa sin imaginar que nunca regresaría.
El oficio desconocido que cumplió antes de tocar el tambor
Aunque la memoria popular lo relaciona directamente con el instrumento, Pedro habría comenzado la campaña como lazarillo del mayor Celestino Vidal, un oficial que tenía importantes dificultades visuales.
El niño lo orientaba durante las marchas y también ayudaba en la retaguardia, donde estaban las armas, los alimentos y el hospital de campaña.

Su primera experiencia importante en combate ocurrió el 19 de enero de 1811, durante la batalla de Paraguarí. Las fuerzas de Belgrano terminaron desorganizadas y debieron retirarse.
En aquellas campañas, los tambores no tenían una función solamente ceremonial. Sus redobles transmitían instrucciones cuando los disparos impedían escuchar a los oficiales. Cada toque podía indicar un avance, una formación o una retirada, incluso bajo el fuego.
La batalla que lo convirtió en una leyenda
Después de Paraguarí, el ejército revolucionario inició un difícil repliegue. Las tropas paraguayas, más numerosas, siguieron de cerca a los hombres de Belgrano.
El enfrentamiento definitivo ocurrió el 9 de marzo de 1811, junto al río Tacuarí. Las fuerzas comandadas por Manuel Atanasio Cabañas atravesaron el río y consiguieron rodear parte de las posiciones revolucionarias.
Pedro permaneció al lado de Celestino Vidal mientras hacía sonar su tambor. La versión histórica más difundida sostiene que recibió dos disparos en el pecho y cayó herido.

Vidal interrumpió su participación para auxiliarlo, pero el niño murió poco después. El oficial afirmaría años más tarde que aquella pausa posiblemente le había salvado la vida, porque lo alejó del sector más peligroso del combate.
Belgrano debió aceptar la derrota, aunque logró negociar una capitulación que permitió retirar a los sobrevivientes. La expedición no consiguió su objetivo inmediato, pero sus consecuencias políticas influyeron en el posterior proceso revolucionario paraguayo.
Los datos de su vida que todavía generan preguntas
Existen muy pocos documentos contemporáneos que permitan reconstruir con exactitud la vida de Pedro Ríos. Una parte importante de su historia fue recuperada décadas después a través de testimonios y tradiciones orales.
Uno de los principales trabajos fue realizado por el investigador correntino Francisco Benítez, quien publicó en 1930 el libro Homenaje justiciero, la estatua al Tambor del Tacuarí. Por eso, algunas conversaciones y escenas atribuidas al niño deben entenderse como reconstrucciones posteriores.
Sin embargo, su participación quedó profundamente arraigada en la memoria de Corrientes. Su nombre fue utilizado en escuelas, calles, monumentos e instituciones del país.
Cada 9 de marzo, Corrientes conmemora el Día del Niño Correntino en homenaje a aquel joven que abandonó su hogar para acompañar al ejército revolucionario.
Pedro Ríos no ocupó cargos políticos ni comandó grandes tropas. Fue un niño involucrado en una guerra decisiva para el futuro regional. El sonido de su tambor se apagó en Tacuarí, pero su historia continúa resonando más de dos siglos después.


















