
En Buenos Aires existe una línea de subte que guarda una historia vinculada con uno de los argentinos más reconocidos del mundo. Se trata de la línea A, inaugurada en 1913, que fue escenario de una de las fotografías más recordadas del Papa Francisco antes de llegar al Vaticano.
El 24 de mayo de 2008, Jorge Mario Bergoglio, entonces arzobispo de Buenos Aires, viajaba sentado en uno de los antiguos vagones de madera, rodeado de pasajeros. Un fotógrafo capturó aquella escena sin imaginar su repercusión.
La imagen cobró relevancia internacional cuando Bergoglio fue elegido papa el 13 de marzo de 2013. Sin embargo, la historia continuó: el 21 de abril de 2026, 18 años después de aquella fotografía, la estación San José de Flores inauguró un mural de 1,70 metros en su homenaje.
La historia de 2008: el día que Jorge Bergoglio viajó en la línea A y quedó inmortalizado
El 24 de mayo de 2008, Bergoglio participó de una actividad vinculada con familiares de las víctimas de Cromañón, tragedia ocurrida en diciembre de 2004.
Después debía trasladarse hacia la Catedral Metropolitana para participar de la celebración de Corpus Christi. Pero, en lugar de utilizar un automóvil, decidió viajar en la línea A, desde Plaza Miserere hasta Plaza de Mayo.
Entre quienes presenciaron aquella escena estaba Pablo Leguizamón, un fotoperiodista de 29 años, que decidió seguir al cardenal cuando lo vio dirigirse hacia la estación.

El fotógrafo corrió hasta la entrada, atravesó el molinete y consiguió subir a la misma formación.
Allí encontró a Bergoglio sentado en uno de los antiguos asientos de madera. Le tomó varias fotografías y consiguió una imagen que años después recorrería el mundo.
Aquella postal terminó representando una de las características más reconocidas de Francisco: su cercanía con la gente y su estilo austero.
De 1913 a 2013: los 100 años de los vagones de madera que utilizó el futuro papa
La historia de aquella fotografía tiene otro protagonista: los antiguos coches La Brugeoise, fabricados en Bélgica para la primera línea de subte de América Latina.
El 1 de diciembre de 1913, Buenos Aires inauguró su primer recorrido subterráneo, que conectaba Plaza de Mayo con Plaza Once, actual Plaza Miserere.
Las formaciones tenían interiores revestidos de madera y detalles que terminaron convirtiéndose en símbolos del patrimonio porteño.

En 1914, la línea se extendió hasta Caballito, actual estación Primera Junta.
Los históricos vagones circularon durante casi un siglo, hasta enero de 2013, apenas dos meses antes de la elección de Bergoglio como papa.
Algunos fueron preservados para recorridos patrimoniales. Así, la fotografía reunió dos elementos históricos: un cardenal que llegaría al Vaticano y una formación centenaria que estaba por dejar de circular.
El acontecimiento de 1953 que cambió la vida de Bergoglio en Flores
El vínculo de Francisco con el subte A también está relacionado con Flores, el barrio porteño donde nació el 17 de diciembre de 1936.
A pocos pasos de la estación San José de Flores se encuentra la basílica del mismo nombre, uno de los lugares más importantes de su historia.
El 21 de septiembre de 1953, cuando tenía 16 años, Bergoglio ingresó a la iglesia para confesarse. Aquella experiencia marcó el despertar de su vocación sacerdotal.
Décadas después, Francisco recordaría ese momento como un acontecimiento que transformó su vida.
En 2026, la línea A sumó un mural de 1,70 metros en homenaje al papa Francisco
El 21 de abril de 2026, al cumplirse el primer aniversario de la muerte del pontífice, se inauguró un mural en la estación San José de Flores.
La obra, denominada Homenaje, fue realizada por la artista argentina Nora Iniesta mediante la técnica de mosaico veneciano.
Mide 1,70 metros de alto por 2,54 metros de ancho y fue instalada en el hall de acceso directo a la Basílica de San José de Flores.

La imagen representa al pontífice sobre una bandera argentina y busca mantener viva su memoria entre los pasajeros.
Así, la línea A, que en 2008 transportó al futuro papa en sus antiguos vagones de madera, se convirtió 18 años después en un lugar de homenaje permanente.
Un viaje cotidiano entre Once y Plaza de Mayo terminó formando parte de una historia que conecta el transporte público, la memoria porteña y la vida del primer papa argentino.
















