
Hay avenidas que funcionan como caminos y otras que guardan una parte esencial de la memoria de Buenos Aires. Federico Lacroze pertenece al segundo grupo. Su recorrido, de aproximadamente 2,6 kilómetros, conecta la avenida del Libertador con Chacarita y atraviesa Palermo y Colegiales hasta llegar a la emblemática esquina con Corrientes.
En ese punto conviven el tren, el subte, los colectivos y los comercios tradicionales. Sin embargo, detrás de esa postal existe una historia que comenzó antes de los semáforos, los edificios y las formaciones eléctricas.
Antes de Chacarita estaban las quintas de los jesuitas
Para comprender el origen del barrio hay que retroceder hasta los siglos XVII y XVIII, cuando la zona estaba formada por campos y caminos de tierra. Parte de esos terrenos pertenecía a la Compañía de Jesús y se utilizaba para producir alimentos destinados a los alumnos del Colegio San Ignacio, antecedente del actual Colegio Nacional de Buenos Aires.

Los estudiantes también pasaban allí sus vacaciones. Por eso, el lugar comenzó a ser conocido como la “Chacarita de los Colegiales”, expresión de la que surgieron los nombres de dos barrios porteños.
La avenida tampoco se llamó siempre Federico Lacroze. Primero fue Colegiales, por el colegio y la capilla que los jesuitas tenían cerca del actual cementerio. Después pasó a llamarse Primera Colegiales, para diferenciarla de otras calles paralelas.
El hombre que cambió la forma de viajar
El 9 de junio de 1908, una ordenanza le otorgó su nombre actual en homenaje a Federico Lacroze, uno de los grandes impulsores del transporte público argentino.
Nacido en Buenos Aires en 1838, Lacroze promovió junto con su hermano Julio Lacroze un sistema de tranvías tirados por caballos. La iniciativa despertó resistencia: algunos comerciantes temían que los vehículos provocaran accidentes y perjudicaran sus negocios.

Pese a las críticas, el 27 de febrero de 1870 comenzó a circular el Tramway Central de Lacroze, que conectaba el Mercado del Plata con Plaza Miserere. Lo que parecía una idea peligrosa terminó convirtiéndose en una pieza fundamental de la vida porteña.
En 1888 fue habilitado el Tramway Rural entre Buenos Aires y Pilar, una red para transportar pasajeros y mercaderías que se convirtió en antecedente del actual Ferrocarril General Urquiza.
De la fiebre amarilla al gran nodo de transporte
El crecimiento de Chacarita quedó marcado por la epidemia de fiebre amarilla de 1871. Ante el colapso de los cementerios, la Ciudad habilitó un enterratorio de emergencia en terrenos del actual Parque Los Andes.
Para trasladar los cuerpos se construyó un ramal ferroviario de 5,5 kilómetros desde Corrientes y Bermejo, hoy Jean Jaures. La obra, dirigida por Augusto Ringuelet, fue terminada en apenas 14 días.

En 1887 comenzó a utilizarse el actual Cementerio de la Chacarita, donde descansan Carlos Gardel, Roberto Goyeneche, Tita Merello, Osvaldo Pugliese y Aníbal Troilo.
La terminal ferroviaria abrió en 1897. El 17 de octubre de 1930 se inauguró debajo de Corrientes la estación Federico Lacroze de la Línea B, cabecera hasta la extensión a De los Incas en 2003.
Una avenida que todavía conserva su memoria
Hoy, la esquina de Corrientes y Lacroze reúne el Ferrocarril Urquiza y la Línea B.

Más de 150 años después de aquellos primeros tranvías, el apellido Lacroze continúa presente en mapas, estaciones y carteles. Bajo el ruido de motores y trenes sobreviven las huellas de los jesuitas, las epidemias y una revolución del transporte que transformó para siempre a Buenos Aires.


















