
En pleno enfrentamiento por el título mundial de ajedrez, un simple yogur de arándanos provocó una controversia internacional. Ocurrió en 1978, durante el campeonato disputado en Baguio, Filipinas, cuando el equipo del desafiante Víktor Korchnói presentó una protesta formal por un alimento que había recibido su rival, el soviético Anatoli Kárpov.
La sospecha era tan insólita como inquietante: el recipiente, su sabor o el momento de su entrega podían funcionar como un sistema de mensajes secretos para orientar las decisiones del campeón.

El yogur que desató un escándalo durante el Mundial de Ajedrez de 1978
Todo comenzó durante la segunda partida del campeonato mundial. Kárpov, que defendía su título, recibió un yogur de arándanos mientras analizaba sus movimientos frente al tablero. El alimento había sido enviado por integrantes de su delegación, una situación que despertó las sospechas del equipo contrario.
El problema no era el contenido del recipiente, sino la posibilidad de que su entrega transmitiera instrucciones encubiertas. Los colaboradores de Korchnói argumentaron que determinados alimentos, colores o momentos de entrega podían constituir un código previamente acordado entre el campeón y sus asistentes.
La protesta incluso planteaba ejemplos hipotéticos: un yogur entregado después de cierto movimiento podía indicar que el jugador debía ofrecer tablas, mientras que otro alimento podía representar una instrucción diferente. El episodio fue documentado el 20 de julio de 1978 por The Washington Post, que informó sobre la presentación formal realizada ante las autoridades del torneo.
Lo más llamativo es que la partida terminó efectivamente empatada, aunque nunca se demostró que el yogur hubiera transmitido información ajedrecística. Décadas después, Raymond Keene, integrante del equipo de Korchnói y autor de la protesta, explicó que había redactado la nota con intención satírica, pero que representantes de ambas delegaciones terminaron tomándola en serio.

Kárpov contra Korchnói: una rivalidad marcada por la Guerra Fría
El episodio ocurrió en un contexto político especialmente delicado. Anatoli Kárpov, de 27 años, representaba al ajedrez soviético y era una de las principales figuras deportivas de la Unión Soviética. Su adversario, Víktor Korchnói, de 47 años, había abandonado el país en 1976 y se había convertido en un crítico del régimen.
Por esa razón, el campeonato trascendía lo deportivo. Una victoria de Korchnói habría significado una derrota simbólica para el sistema soviético, que durante décadas había utilizado el ajedrez como una demostración de su prestigio intelectual y cultural.
La tensión entre ambas delegaciones era permanente. Según las crónicas publicadas por TIME en octubre de 1978, el equipo de Kárpov incluía numerosos asesores y especialistas, mientras que Korchnói denunciaba maniobras destinadas a perjudicar su concentración.
Entre las controversias más extrañas apareció la presencia de Vladimir Zukhar, un especialista vinculado a la delegación soviética al que Korchnói acusó de intentar influir psicológicamente sobre él mediante una supuesta hipnosis a distancia. Aquella acusación tampoco fue demostrada, pero contribuyó a convertir el torneo en un espectáculo de sospechas y enfrentamientos.

La insólita decisión de las autoridades para evitar mensajes secretos
La controversia del yogur llegó a tal punto que las autoridades debieron intervenir para establecer condiciones sobre los alimentos que podían recibir los jugadores durante las partidas.
El árbitro principal, Lothar Schmid, terminó autorizando que Kárpov continuara consumiendo yogur, pero bajo condiciones específicas. Según el testimonio posterior de Raymond Keene, se acordó que fuera de un color determinado y que se entregara en un horario establecido por una persona designada.
Cualquier modificación en el tipo de alimento o bebida debía comunicarse previamente a los árbitros. De esta manera, se buscaba impedir que los cambios inesperados pudieran interpretarse como señales destinadas al campeón.
El asunto alcanzó tal repercusión que la prensa internacional comenzó a tratarlo como una de las controversias más extravagantes del ajedrez profesional. Sin embargo, detrás de su apariencia absurda existía una preocupación legítima: impedir cualquier forma de comunicación externa que pudiera alterar la igualdad de condiciones entre los competidores.
La disputa también dejó en evidencia hasta qué punto la desconfianza había invadido el campeonato. Un alimento cotidiano había terminado convertido en objeto de deliberaciones oficiales, en medio de un enfrentamiento donde cada gesto podía interpretarse como una maniobra psicológica.
Cómo terminó el Mundial de Ajedrez de 1978 y quién fue el campeón
A pesar de las controversias, el campeonato continuó y se convirtió en uno de los enfrentamientos más extensos y tensos de su época. El reglamento establecía que el ganador sería el primero en conseguir seis victorias, sin contar las partidas empatadas.
Kárpov llegó a tener una ventaja de cuatro victorias contra una, pero Korchnói protagonizó una remontada que sorprendió a los especialistas. Después de 31 partidas, ambos estaban igualados con cinco triunfos.
Finalmente, Kárpov ganó la partida número 32 y conservó el título mundial con seis victorias contra cinco, además de 21 empates. El resultado figura en los registros históricos de la Federación Internacional de Ajedrez (FIDE).

El enfrentamiento de Baguio quedó en la historia no solamente por su desenlace deportivo, sino también por las acusaciones de hipnosis, las disputas entre delegaciones y el episodio del yogur que obligó a intervenir a los árbitros.
Casi medio siglo después, aquella controversia continúa siendo recordada como una de las más singulares del ajedrez mundial: un campeonato en el que la desconfianza fue tan grande que hasta el sabor de un yogur podía despertar sospechas de espionaje.



















