
A pocos metros de la plaza principal de Concepción del Uruguay, en Entre Ríos, existió una residencia que buscaba reflejar el poder alcanzado por uno de los protagonistas centrales de la organización nacional. No era el célebre Palacio San José, sino una casa urbana de dos plantas que Justo José de Urquiza mandó construir en 1868.
El general entrerriano pretendía contar con una propiedad propia dentro de la ciudad, que por entonces tenía un enorme peso político. El proyecto contemplaba pisos de mármol, amplios corredores, materiales traídos de Europa y ladrillos producidos en uno de sus establecimientos. Sin embargo, la construcción avanzó con dificultades y Urquiza murió antes de verla completamente terminada.
La residencia que Urquiza quiso tener en el centro de Concepción del Uruguay
Con el paso de los años, Concepción del Uruguay se convirtió en un centro político, educativo y militar de enorme importancia. La ciudad fue capital de Entre Ríos y una de las principales bases del proyecto nacional impulsado por Urquiza después de la batalla de Caseros y de la sanción de la Constitución de 1853.

Aunque el general mantenía su residencia familiar en el Palacio San José, ubicado a unos 30 kilómetros de la ciudad, necesitaba una vivienda para sus actividades oficiales. Por eso, el 3 de febrero de 1868 firmó el contrato para construir una casa frente a la plaza, en un sitio privilegiado del centro entrerriano.
El responsable de concretar la obra fue el arquitecto Domingo Centenaro. El plan inicial establecía que el edificio debía quedar terminado en ocho meses, pero los trabajos se extendieron y los costos crecieron con la incorporación de nuevos detalles.
Cómo era la imponente casa urbana del caudillo entrerriano
La propiedad fue diseñada como una “casa de altos”, denominación utilizada para las viviendas de más de una planta. El proyecto reservaba los ambientes principales para las reuniones familiares, sociales y políticas, mientras que los patios internos permitían organizar la circulación y separar los espacios privados de las dependencias de servicio.
El contrato estipulaba que el piso del zaguán y los corredores debía realizarse en mármol. Para la azotea se proyectaron tejuelas y baldosas francesas, materiales que demostraban el interés de las familias poderosas del siglo XIX por incorporar elementos europeos a las construcciones locales.

Parte de los ladrillos provenía de los hornos del saladero Santa Cándida, uno de los establecimientos productivos vinculados con Urquiza. El presupuesto original fue fijado en 29.000 pesos fuertes, también llamados patacones, aunque la suma final habría resultado superior debido a las modificaciones efectuadas durante la obra.
La vivienda urbana tenía una función diferente a la del Palacio San José. Mientras la estancia era el centro de la vida familiar y un escenario político de la Confederación, la casa debía servir como base cercana a las oficinas gubernamentales y las instituciones de Concepción del Uruguay.
El asesinato de Urquiza cambió el destino de la propiedad
Urquiza llegó a utilizar algunos sectores cuando el inmueble todavía estaba en construcción. Sin embargo, el 11 de abril de 1870 fue asesinado en el Palacio San José. El ataque puso fin a una trayectoria que incluyó la gobernación de Entre Ríos, la conducción del Ejército Grande, la victoria de Caseros y la presidencia de la Confederación Argentina.

La muerte del caudillo alteró definitivamente el proyecto. Como la nueva residencia todavía no estaba finalizada, su viuda, Dolores Costa, dispuso que continuaran los trabajos. La propiedad atravesó diferentes etapas y perdió progresivamente la función residencial para la cual había sido concebida.
Una historia menos conocida detrás de la ciudad de Urquiza
Concepción del Uruguay conserva numerosos sitios ligados al general, entre ellos el Colegio del Uruguay, fundado en 1849, y la basílica de la Inmaculada Concepción, donde descansan sus restos. Esas construcciones recuerdan el período en que la ciudad fue uno de los centros de poder más importantes del país.

La residencia urbana suele quedar opacada por la monumentalidad del Palacio San José. Sin embargo, revela otra faceta de Urquiza: la del dirigente que dividía sus días entre la vida rural, la administración provincial y las obligaciones políticas de una Argentina que todavía buscaba organizarse.
Detrás de sus materiales importados, sus pisos de mármol y sus ladrillos entrerrianos permanece una paradoja. Urquiza ordenó construir una casa destinada a representar su poder en el corazón de la ciudad, pero los conflictos políticos y su muerte violenta impidieron que llegara a verla definitivamente concluida.

















