
Un lanzamiento de boleadoras cambió el curso de las guerras civiles argentinas. El 10 de mayo de 1831, un gaucho derribó al caballo de José María Paz, uno de los militares más destacados de su época, y facilitó su captura. Casi dos siglos después, el objeto que protagonizó aquel episodio continúa conservado en Buenos Aires y permite reconstruir una historia en la que una herramienta rural alteró el destino político de varias provincias.
El día en que un gaucho derribó al general José María Paz
Nacido en Córdoba el 9 de septiembre de 1791, Paz había combatido en las guerras de Independencia y en la guerra contra Brasil. Una herida sufrida en el Alto Perú le inutilizó un brazo y le dio el apodo de “el Manco Paz”. Sin embargo, su capacidad como estratega lo convirtió en una figura central de los enfrentamientos entre unitarios y federales.
Sus victorias en La Tablada (1829) y Oncativo (1830) consolidaron su autoridad militar. Pero el 10 de mayo de 1831, mientras reconocía el terreno en el norte cordobés, se encontró con una partida enemiga que inicialmente confundió con hombres de su ejército.

Al descubrir el error, intentó huir a caballo. Entonces, uno de los jinetes lanzó unas boleadoras que se enredaron en las patas del animal. El caballo cayó y el general quedó a merced de sus perseguidores. La captura se produjo sin una gran batalla, pero sus consecuencias fueron enormes.
Francisco Zevallos y las boleadoras que cambiaron una guerra
El Museo Histórico Nacional atribuye el lanzamiento a Francisco Zevallos, integrante de una avanzada de las fuerzas federales. Aunque existen versiones diferentes sobre la identidad exacta del responsable, la documentación patrimonial de la institución vincula las boleadoras conservadas con ese gaucho.
Las boleadoras eran habituales en el campo rioplatense: consistían en bolas unidas por tientos de cuero que se arrojaban para enredar las patas de los animales. Utilizadas desde un caballo y con precisión, también podían inmovilizar a otro jinete.
De acuerdo con los registros del museo, Zevallos fue ascendido posteriormente a capitán de la Milicia Patricia de Caballería del Ejército Federal Confederado. Su nombre quedó ligado a uno de los incidentes más recordados del período.
Por qué su captura afectó a nueve provincias
En ese momento, Paz dirigía la Liga del Interior, una alianza de nueve provincias: Córdoba, Catamarca, La Rioja, San Luis, Santiago del Estero, Tucumán, Salta, Mendoza y San Juan.
Su principal rival militar era Estanislao López, gobernador de Santa Fe y uno de los dirigentes federales más influyentes, junto con Juan Manuel de Rosas.

La detención de Paz dejó a la Liga sin su principal estratega. La coalición se debilitó y terminó derrotada, mientras las fuerzas federales avanzaban sobre distintos territorios. Así, un hecho ocurrido durante una recorrida militar contribuyó a cambiar el equilibrio de poder en el país.
De la prisión al museo: dónde están las boleadoras de 1,84 metros
Después de su captura, Paz permaneció preso en Santa Fe y luego fue trasladado a Luján, donde continuó detenido. Durante su cautiverio se casó con Margarita Weild. Recuperó la libertad bajo vigilancia en 1839 y años después volvió a participar en campañas militares. Murió en Buenos Aires el 22 de octubre de 1854.
Las boleadoras asociadas con su caída integran hoy el patrimonio del Museo Histórico Nacional, ubicado en Defensa 1600, San Telmo, frente al Parque Lezama.

La pieza, identificada con el número de inventario MHNA2508, tiene tres ramales de cuero crudo y tres bolas recubiertas de cuero. Según el catálogo oficial de Patrimonio Argentino, mide 1,84 metros.
El objeto forma parte de la historia que aborda la muestra Tiempo de Provincias, dedicada al período de 1820 a 1852. Más que una curiosidad del pasado, representa un momento decisivo: un arma cotidiana del campo fue suficiente para derribar a un general y acelerar la caída de una alianza de nueve provincias.



















