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Australia llevó 3.000 huevos de una polilla argentina desde Entre Ríos en un viaje de 10 semanas: eliminó una plaga de 25 millones de hectáreas y hoy amenaza a EE.UU.

El insecto viajó desde Entre Ríos para frenar una invasión vegetal que afectaba casi 25 millones de hectáreas. Su éxito fue tan grande que recibió homenajes, pero su expansión también dejó consecuencias ambientales inesperadas.

Polilla argentina
La polilla argentina que llegó a Australia en 1925 y transformó millones de hectáreas Foto: Agricultural Research Service
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En 1925, una pequeña polilla originaria de Sudamérica protagonizó uno de los experimentos de control biológico más llamativos del siglo XX. Investigadores australianos recolectaron ejemplares en Concordia, Entre Ríos, y enviaron 3.000 huevos hacia Oceanía para combatir una invasión de cactus que perjudicaba a miles de productores.

La especie, Cactoblastis cactorum, ayudó a recuperar extensas superficies agrícolas. Sin embargo, 101 años después, el insecto también está presente en Estados Unidos, donde amenaza a cactus nativos y obliga a desarrollar estrategias para contenerlo.

La invasión de cactus que afectó casi 25 millones de hectáreas

La historia comenzó mucho antes. En 1788, los colonizadores británicos llevaron a Australia plantas del género Opuntia vinculadas con la producción de colorantes mediante cochinillas. Aunque el emprendimiento no prosperó como se esperaba, los cactus se establecieron y comenzaron a expandirse.

Polilla argentina
Oruga de la polilla argentina Cactoblastis cactorum, utilizada para combatir plagas de cactus Foto: Facebook / UNAM.MX.Oficial

Durante el siglo XIX también se utilizaron como cercos y alimento para el ganado en épocas secas. Pero su crecimiento descontrolado terminó ocupando tierras de cultivo y pastoreo. Hacia 1925, unas 24,3 millones de hectáreas de Queensland y Nueva Gales del Sur estaban afectadas.

Las quemas, la eliminación mecánica y los productos químicos no consiguieron resolver el problema. La desesperación llegó al punto de que, en 1901, Queensland ofreció 5.000 libras por una solución eficaz.

De Entre Ríos a Australia: un viaje de 10 semanas

En enero de 1925, el entomólogo Allan P. Dodd recolectó larvas de Cactoblastis cactorum cerca de Concordia. Los insectos fueron llevados a Buenos Aires, donde se prepararon los huevos destinados al envío.

En marzo, 3.000 huevos viajaron en seis jaulas especiales con cactus para alimentar a las larvas. El barco pasó por Ciudad del Cabo y llegó a Brisbane en mayo, después de unas 10 semanas.

Alrededor de 2.750 larvas sobrevivieron. Los científicos las criaron para multiplicar la población: de 527 hembras obtuvieron 100.605 huevos, y una generación posterior produjo más de 2,5 millones. Las primeras liberaciones en terrenos invadidos se realizaron en 1926.

El insecto que recuperó tierras y recibió un monumento

Las orugas penetraban en los cactus y se alimentaban de sus tejidos, debilitando las plantas. La reproducción permitió distribuir cantidades extraordinarias: la estación experimental de Chinchilla llegó a repartir 14 millones de huevos diarios.

Para 1933, los informes estimaban que la invasión había desaparecido del 80% de la superficie afectada en Queensland y de entre el 50% y el 60% en Nueva Gales del Sur.

El resultado convirtió a la polilla en un símbolo local. En 1936, Boonarga inauguró un salón conmemorativo dedicado a este insecto y, en 1965, se levantó otro monumento para reconocer su papel en la recuperación agrícola.

De solución histórica a amenaza ambiental en Estados Unidos

El éxito impulsó introducciones de la polilla en otros territorios, incluidos Sudáfrica y algunas islas del Caribe. Pero en 1989 fue detectada en los cayos de Florida, donde su presencia generó preocupación científica.

A diferencia de las plantas invasoras australianas, numerosos cactus Opuntia son nativos de América del Norte. Allí proporcionan alimento y refugio a otros animales, por lo que el ataque de las larvas puede afectar ecosistemas enteros.

Las autoridades de Florida documentaron su expansión hacia Carolina del Norte y zonas de Texas y estudian distintos métodos para limitarla.

Así, lo que comenzó en 1925 con 3.000 huevos recolectados en Entre Ríos terminó mostrando las dos caras del control biológico: una especie puede resolver una crisis agrícola en un lugar y convertirse en un riesgo para la biodiversidad en otro.

La experiencia sigue siendo estudiada como un caso emblemático de los beneficios y los límites de introducir organismos para controlar plagas.

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