
A pocos metros de la avenida Corrientes, entre teatros, librerías y edificios históricos, existe una esquina que conserva parte de la antigua Buenos Aires. Se trata de Chiquilín, un bodegón que nació en 1927 y atravesó mudanzas, cambios de nombre y profundas transformaciones urbanas sin perder su identidad porteña.
Actualmente ubicado en Sarmiento 1599, esquina Montevideo, el restaurante está relacionado con una de las composiciones más recordadas de Astor Piazzolla y Horacio Ferrer. Sin embargo, antes de convertirse en un clásico gastronómico de CABA, funcionó dentro de un mercado desaparecido y era conocido con otro nombre.
Su historia permite reconstruir una época en la que el centro porteño permanecía despierto hasta la madrugada, los artistas buscaban una mesa después del teatro y los bodegones alimentaban a trabajadores, músicos, periodistas y personajes de la noche.
Comenzó en 1927 dentro del antiguo Mercado Modelo
La historia del bodegón comenzó cuando dos socios de origen italiano inauguraron un restaurante llamado Bachín dentro del antiguo Mercado Modelo, situado en el terreno donde décadas después se levantaría el Paseo La Plaza.
En aquellos primeros años, sus especialidades eran las pastas con tuco y pesto, platos económicos y abundantes que reflejaban la influencia de la inmigración italiana en la gastronomía porteña.

El mercado ocupaba un lugar estratégico del centro de Buenos Aires, cerca de la calle Corrientes y de una zona que comenzaba a consolidarse como núcleo teatral y cultural. Por sus mesas pasaban comerciantes, trabajadores, vecinos y artistas que recorrían el barrio durante largas jornadas.
Con el tiempo, los socios se separaron y el establecimiento dejó de llamarse Bachín. Uno de ellos conservó esa denominación para otro emprendimiento, mientras que el restaurante adoptó el nombre Chiquilín y comenzó una nueva etapa.
El niño que vendía flores durante la madrugada
El nombre del tradicional bodegón quedó vinculado con un personaje habitual de la noche porteña: un niño que vendía flores entre las mesas.
Según la historia difundida por el restaurante y diferentes reconstrucciones sobre el lugar, Horacio Ferrer se habría inspirado en un chico de aproximadamente 11 años que recorría el antiguo Bachín durante la madrugada para ofrecer flores a los comensales.

Aquella imagen llegó a “Chiquilín de Bachín”, la obra escrita por Ferrer y musicalizada por Astor Piazzolla en 1968. La canción convirtió al pequeño vendedor en un símbolo de la infancia humilde, la desigualdad y una Buenos Aires nocturna atravesada por fuertes contrastes sociales.
La relación entre el establecimiento y el tango no nació como una estrategia comercial. Piazzolla y otros artistas frecuentaban los restaurantes del centro, donde las conversaciones, los proyectos y los encuentros podían extenderse hasta el amanecer.
La demolición del mercado obligó al bodegón a mudarse
El avance de las obras urbanas terminó modificando el destino del restaurante. Cuando el Mercado Modelo fue demolido, Chiquilín tuvo que abandonar su ubicación original y atravesó distintas etapas antes de encontrar un nuevo hogar.
Finalmente, en 1986, se instaló en la esquina de Sarmiento y Montevideo, donde continúa funcionando. La nueva dirección lo mantuvo cerca de Tribunales, de los teatros de la avenida Corrientes y de la intensa actividad comercial del centro porteño.
Al mediodía, el salón comenzó a recibir a abogados, empleados de oficinas, comerciantes y profesionales. Por la noche, conservó su vínculo con actores, músicos, periodistas y espectadores que buscaban cenar después de una función.
Desde el año 2000, la familia de Carlos Ganduglia quedó al frente del establecimiento. Dos décadas más tarde, el bodegón atravesó uno de sus momentos más difíciles durante la pandemia, cuando las restricciones redujeron drásticamente su actividad. A pesar de la crisis, logró mantenerse abierto y preservar decenas de puestos de trabajo.
Un bodegón donde las paredes también cuentan historias
Entrar a Chiquilín es descubrir un salón en el que la decoración funciona como un archivo de la cultura porteña. Fotografías, cuadros y referencias al tango acompañan las mesas y recuerdan a las figuras que formaron parte de su historia.
Su carta mantiene las características tradicionales de los bodegones de Buenos Aires: porciones abundantes, carnes a la parrilla, pescados, mariscos, pastas y vinos argentinos. Entre sus platos aparecen el bife de chorizo, el ojo de bife, el asado de centro y el lomo a la pimienta.
Cómo visitar este histórico bodegón de CABA
Chiquilín se encuentra en Sarmiento 1599, esquina Montevideo, en el barrio de San Nicolás. Debido a que sus días y horarios de atención pueden modificarse, se recomienda consultar sus canales oficiales antes de visitarlo.
El mercado desapareció y la ciudad cambió, pero Chiquilín todavía conserva el recuerdo de aquel niño que vendía flores, de los artistas que cenaban después del teatro y de una Buenos Aires que encontraba refugio en sus bodegones durante la madrugada.
















