
Un árbol originario de Asia, que durante décadas fue valorado por su follaje verde y su capacidad para embellecer jardines, terminó protagonizando una de las transformaciones ambientales más preocupantes de los bosques argentinos. Se trata del ligustro (Ligustrum lucidum), una especie introducida a principios del siglo XX con fines ornamentales que logró expandirse mucho más allá de los espacios donde había sido plantada.

De los jardines argentinos a los bosques nativos: cómo llegó el ligustro
Originario de China, el ligustro fue incorporado al paisaje argentino por sus cualidades ornamentales. Sus hojas brillantes, su crecimiento rápido y su resistencia a distintas condiciones ambientales lo convirtieron en una alternativa atractiva para jardines, parques y cercos vivos.
Sin embargo, esas mismas características facilitaron su expansión. Con el paso del tiempo, comenzó a establecerse en ambientes naturales de las Yungas, en el noroeste argentino, las sierras de Córdoba y los talares de la provincia de Buenos Aires.
El problema no radica simplemente en que sea un árbol extranjero, sino en su capacidad para desplazar especies autóctonas. En determinados ambientes, el ligustro puede alcanzar una dominancia tan elevada que transforma bosques diversos en formaciones donde prácticamente todos los árboles pertenecen a una misma especie.

Por qué el ligustro se convirtió en una especie invasora en Argentina
Una de las claves de su expansión está en sus frutos. Las aves los consumen y transportan sus semillas hacia otros sectores del territorio, incluso lejos de los jardines donde originalmente crecían los árboles.
A esta ventaja se suma otra característica decisiva: las semillas pueden germinar y desarrollarse en condiciones de poca luz. Esto permite que nuevos ejemplares crezcan debajo de la vegetación existente y compitan con árboles nativos que, en muchos casos, tienen un desarrollo más lento.
Así, el avance del ligustro puede modificar progresivamente la estructura de los bosques. Donde antes convivían numerosas especies vegetales, comienzan a predominar ejemplares de este árbol asiático, con consecuencias para la biodiversidad y para los animales que dependen de la vegetación original.

El ligustro ya cubría el 20% de los bosques nativos de las Sierras Chicas de Córdoba
La dimensión del problema quedó reflejada en un informe difundido por el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) en diciembre de 2023. Según el organismo, cerca del 20% de los bosques nativos de las Sierras Chicas, en Córdoba, estaban cubiertos por ligustro, una estimación que demuestra la magnitud alcanzada por esta especie invasora.
Investigaciones de la Universidad Nacional de Córdoba también documentaron su rápida expansión: entre 1983 y 2009, la superficie dominada por este árbol pasó de aproximadamente 50 a 3.850 hectáreas. Esto representa un crecimiento de 77 veces respecto de la superficie inicial y evidencia la velocidad con la que puede transformar el paisaje serrano.
El impacto no se limita a la vegetación. Los investigadores identificaron cambios en las comunidades de aves, mientras que otros estudios advierten sobre modificaciones en el funcionamiento de los ecosistemas. En determinados ambientes, el ligustro también puede alterar la dinámica del agua y competir por recursos con las especies nativas.

Un estudio de 2026 reveló qué ocurrió tras 15 años de avance del ligustro
En agosto de 2026, investigadores del CONICET difundieron los resultados de un estudio publicado en la revista científica Ecología Austral, que analizó durante 15 años la evolución de bosques invadidos por ligustro en Horco Molle, Tucumán. El seguimiento se desarrolló entre 2009 y 2024 y permitió observar cómo cambió la estructura de estos ambientes.
Los científicos estudiaron cuatro parcelas permanentes de bosques de distintas edades y comprobaron que la biomasa aumentó de manera sostenida en todas ellas. Aunque la densidad de árboles disminuyó en dos parcelas, el ligustro conservó su posición dominante, favorecido por el crecimiento de sus ejemplares y la incorporación de nuevos individuos.
La conclusión resulta especialmente relevante para la conservación: el reemplazo natural del ligustro por árboles nativos es poco probable en las condiciones y escalas analizadas. Sin embargo, los investigadores identificaron especies autóctonas que podrían contribuir a futuros proyectos de restauración. Más de un siglo después de su introducción ornamental, el árbol que llegó para embellecer jardines representa un desafío para recuperar la biodiversidad de los bosques argentinos.



















