
Una innovación desarrollada en la provincia de Buenos Aires podría cambiar la manera de construir viviendas en Argentina. Se trata de una impresora 3D de gran escala, diseñada para levantar las paredes de una casa de 65 metros cuadrados en aproximadamente 40 horas.
El proyecto, impulsado por trabajadores del Astillero Río Santiago junto con la Universidad Nacional de La Plata (UNLP), combina tecnología, producción e ingeniería nacional, con el objetivo de reducir los tiempos de obra y explorar nuevas alternativas para el sector de la construcción.
Cómo funciona la impresora 3D argentina que construye viviendas en 40 horas
Su funcionamiento se basa en un sistema automatizado que deposita sucesivas capas de material, siguiendo un recorrido previamente definido mediante un diseño digital. De esta manera, las paredes adquieren forma sin necesidad de recurrir a todos los procedimientos tradicionales de albañilería.

Uno de los aspectos más llamativos del desarrollo son sus dimensiones: la estructura alcanza aproximadamente 6 metros de ancho y 3,5 metros de altura, medidas que permiten trabajar a escala habitacional. El equipo debe coordinar con precisión los movimientos de impresión y la aplicación del material para conseguir que cada capa conserve la forma y estabilidad necesaria.
La cifra de 40 horas representa el tiempo estimado para imprimir las paredes de una vivienda de 65 metros cuadrados, no para entregar una casa completamente terminada. Después de esa etapa todavía deben resolverse tareas fundamentales, como la instalación del techo, las aberturas, los servicios eléctricos y sanitarios y las terminaciones interiores.
Siete años de desarrollo entre el Astillero Río Santiago y la Universidad de La Plata
Detrás del prototipo hay una historia de trabajo que comenzó aproximadamente siete años antes de su presentación en 2026. Operarios, técnicos e ingenieros del Astillero Río Santiago, ubicado en Ensenada, participaron en la fabricación de la estructura metálica, mientras que especialistas de la UNLP aportaron conocimientos para desarrollar el material utilizado durante la impresión.

Uno de los mayores desafíos fue conseguir una mezcla cementicia con características específicas. El material, compuesto por agua, arena, cemento y aditivos, debe ser suficientemente fluido para circular por el sistema de bombeo, pero también endurecerse con rapidez para sostener las capas superiores. Sin ese equilibrio, las paredes podrían deformarse durante el proceso.
Santiago Amiconi, delegado del taller de estructuras del astillero, explicó que el desarrollo atravesaba sus últimas pruebas en junio de 2026. La iniciativa permitió aprovechar capacidades industriales de una fábrica tradicionalmente dedicada a la construcción y reparación de embarcaciones, demostrando que sus conocimientos pueden aplicarse a proyectos tecnológicos de otros sectores.
La primera casa impresa en 3D: una prueba sobre una superficie de 126 metros cuadrados
Para comprobar el funcionamiento de la máquina fuera de los talleres industriales, los responsables del proyecto prepararon un espacio dentro de un predio de la Universidad Nacional de La Plata. Allí, se construyó una platea de 126 metros cuadrados, destinada a recibir la primera vivienda experimental realizada mediante este sistema de impresión tridimensional.

La estructura funciona sobre rieles instalados a los costados del terreno. Su aspecto recuerda al de un gran arco metálico que avanza mientras un cabezal deposita el mortero. Esta movilidad permite adaptar la longitud de la construcción, aunque el ancho queda condicionado por los seis metros que mide el equipo.
Las pruebas buscan determinar si el prototipo puede trasladar sus resultados experimentales a una construcción habitable. Entre los aspectos fundamentales aparecen la resistencia de los materiales, la precisión de los movimientos y la integración de los sistemas tradicionales.
Viviendas sociales en Argentina: el objetivo de construir barrios con impresoras 3D
El propósito del proyecto supera la fabricación de una única vivienda. Sus impulsores consideran que la impresión tridimensional podría convertirse en una herramienta para desarrollar planes habitacionales, especialmente en lugares donde los métodos tradicionales demandan largos períodos de ejecución y una importante organización de materiales, equipos y trabajadores.

Daniel Tovio, secretario de Producción, Innovación y Tecnología de la UNLP, planteó una posibilidad ambiciosa: disponer de 100 impresoras trabajando simultáneamente permitiría levantar las paredes de 100 viviendas en aproximadamente un día y medio. Sin embargo, esa estimación supone contar con los equipos, materiales, terrenos e infraestructura necesarios para operar en paralelo.
El desafío será transformar el prototipo en una tecnología reproducible y económicamente viable. Para conseguirlo, todavía deberán evaluarse los costos reales, las exigencias de seguridad y su aplicación a diferentes terrenos. Si supera esas etapas, la impresora 3D argentina podría abrir una nueva alternativa para construir viviendas sociales, combinando investigación universitaria, experiencia industrial y producción nacional.

















