
Mientras la construcción moderna apuesta por el cemento, el acero y los materiales industrializados, una arquitecta argentina decidió recuperar una técnica utilizada durante miles de años. En la provincia de Entre Ríos, María Verónica Stivanello dedicó cinco años a construir una casa de 140 metros cuadrados con barro, paredes curvas y un techo cubierto de vegetación. Su proyecto demuestra cómo los materiales naturales pueden convertirse en protagonistas de una vivienda contemporánea.
Quién es la arquitecta argentina que construyó una casa de barro en Entre Ríos
María Verónica Stivanello es una arquitecta entrerriana que decidió aplicar conocimientos de bioconstrucción en un terreno familiar ubicado entre las localidades de Chajarí y Santa Ana. Allí comenzó a desarrollar una vivienda diferente, alejada de los diseños convencionales y construida principalmente con materiales disponibles en la naturaleza.

El proyecto representó un desafío profesional y personal. Aunque había estudiado arquitectura, construir con tierra implicaba explorar procedimientos que no suelen ocupar un lugar central en la formación tradicional. En lugar de levantar paredes rectas con ladrillos industriales, eligió trabajar con formas orgánicas y recuperar técnicas ancestrales.
La construcción demandó aproximadamente cinco años y quedó terminada en noviembre de 2025. El resultado fue una vivienda de 140 metros cuadrados, con espacios interiores de paredes curvas, terminaciones naturales y una cubierta vegetal que modifica por completo la apariencia exterior de la casa.
Cómo construyó una vivienda sustentable con barro, paja y materiales naturales
Uno de los aspectos más llamativos del proyecto es la variedad de materiales utilizados. Para levantar y revestir distintos sectores de la vivienda, la arquitecta recurrió a mezclas de tierra, arena y paja, componentes que forman parte de técnicas tradicionales como el adobe y la construcción con tierra cruda.
Sin embargo, también incorporó ingredientes poco habituales en las obras modernas. Entre ellos aparecen las cenizas de fogón y las claras de huevo, utilizadas en determinadas preparaciones y terminaciones. Estos recursos muestran cómo los materiales cotidianos pueden adquirir nuevas funciones dentro de una construcción.

Otra particularidad está en los colores de las paredes. En lugar de recurrir a pinturas sintéticas convencionales, Stivanello aprovechó las tonalidades naturales de diferentes tierras. Así consiguió superficies con matices propios, que conservan la textura del material y refuerzan la identidad artesanal de cada ambiente.
Un techo donde crecen plantas: cómo funciona la cubierta vegetal de la casa
La característica más visible de la vivienda se encuentra sobre su estructura. En lugar de utilizar únicamente una cubierta tradicional, la arquitecta incorporó un techo vivo, una superficie preparada para permitir el crecimiento de vegetación y formar parte del diseño sustentable de la construcción.
Este tipo de cubierta puede ofrecer beneficios ambientales y térmicos cuando cuenta con un diseño adecuado. La vegetación y las capas que la sostienen contribuyen a moderar las variaciones de temperatura, proteger determinados componentes del techo y retener parte del agua de lluvia.

En el caso de la vivienda entrerriana, el techo vegetal también cumple una función estética: integra la construcción con el paisaje y acompaña las formas curvas de sus paredes. La combinación de tierra, madera, piedra y plantas permite que la casa dialogue visualmente con el entorno natural.
Cinco años de trabajo para recuperar una forma ancestral de construir viviendas
Levantar una casa con tierra requiere planificación, conocimiento de los materiales y atención a factores como la humedad y la protección de las superficies. No se trata simplemente de reemplazar cemento por barro, sino de comprender cómo responde cada mezcla y cómo integrarla en una estructura segura.

El proyecto de Stivanello también invita a reconsiderar el uso de recursos locales. La construcción con tierra puede reducir la necesidad de determinados materiales industrializados, aunque su impacto ambiental depende del diseño, el transporte, las técnicas empleadas y el mantenimiento de la vivienda.
Después de cinco años de trabajo, la arquitecta consiguió transformar una idea en una casa habitable que combina tradición y diseño contemporáneo. Su historia muestra que el barro, uno de los materiales de construcción más antiguos del mundo, todavía puede formar parte de las viviendas del futuro.






















