
En una pequeña isla del océano Atlántico, a miles de kilómetros de las grandes ciudades, una tortuga gigante se convirtió en testigo de casi dos siglos de historia. Su nombre es Jonathan, tiene una edad estimada de 194 años y es reconocido como el animal terrestre más longevo del que se tiene registro.
Su vida comenzó alrededor de 1832, cuando todavía faltaban cinco años para que la reina Victoria ascendiera al trono británico. Desde entonces, el mundo atravesó dos guerras mundiales, revoluciones, avances tecnológicos y transformaciones que cambiaron para siempre la historia de la humanidad.
Sin embargo, Jonathan pasó buena parte de ese tiempo en un mismo lugar: la isla de Santa Elena, un remoto territorio británico de ultramar conocido por haber sido el escenario del exilio y la muerte de Napoleón Bonaparte.

Su extraordinaria longevidad lo convirtió en una celebridad internacional y despertó el interés de científicos que buscan comprender cómo algunas especies pueden vivir mucho más tiempo que los seres humanos.
Nació alrededor de 1832 y llegó a Santa Elena cuando ya tenía 50 años
La historia de Jonathan comenzó en el archipiélago de Seychelles, ubicado en el océano Índico, donde habría nacido alrededor de 1832.
Aunque no existe un documento que confirme su fecha exacta de nacimiento, los especialistas pudieron estimar su edad gracias a un dato fundamental: cuando llegó a Santa Elena en 1882, ya era una tortuga completamente desarrollada.
Esto significa que tenía al menos 50 años cuando fue trasladado a la isla, una circunstancia que permitió calcular su nacimiento aproximado. Una fotografía histórica tomada en 1886 muestra al animal alimentándose en los jardines de Plantation House, la residencia oficial del gobernador de Santa Elena. La imagen constituye una de las pruebas más importantes para reconstruir su longevidad.

Desde entonces, Jonathan permaneció en los terrenos de esa residencia, donde se convirtió en una presencia habitual para generaciones de habitantes. En 2026, Guinness World Records reconoció nuevamente su extraordinaria trayectoria y lo incorporó a su selección de íconos mundiales.
La tortuga que sobrevivió a dos guerras mundiales y vivió durante ocho reinados británicos
Para dimensionar la edad de Jonathan, alcanza con observar algunos de los acontecimientos históricos que ocurrieron desde su nacimiento. Cuando llegó al mundo, todavía no se había construido la Torre Eiffel, no existían los automóviles modernos y faltaban décadas para que los hermanos Wright realizaran el primer vuelo motorizado.
También nació antes de que se emitiera el primer sello postal adhesivo, en 1840, y mucho antes de que el ser humano llegara a la Luna, en 1969. Durante su vida transcurrieron la Primera Guerra Mundial, entre 1914 y 1918, y la Segunda Guerra Mundial, entre 1939 y 1945.
Además, su existencia abarcó los reinados de ocho monarcas británicos, desde Guillermo IV hasta Carlos III. Mientras gobiernos, tecnologías y sociedades cambiaban, Jonathan continuaba desarrollando su vida en Santa Elena.
Su historia resulta todavía más extraordinaria si se considera que las tortugas gigantes de su especie suelen alcanzar edades muy avanzadas, pero pocos ejemplares cuentan con registros históricos que permitan documentar una longevidad semejante.

De acuerdo con Guinness World Records, Jonathan superó el récord que pertenecía a Tu’i Malila, una tortuga radiada que vivió al menos 188 años y murió en Tonga en 1965.
Santa Elena, la isla donde murió Napoleón y donde vive la tortuga más longeva del mundo
La isla de Santa Elena se encuentra en el Atlántico sur, entre África y América del Sur, y es conocida mundialmente por su relación con uno de los personajes más importantes de la historia europea.
Después de su derrota en la batalla de Waterloo, en 1815, Napoleón Bonaparte fue enviado al exilio en Santa Elena, donde permaneció hasta su muerte, ocurrida el 5 de mayo de 1821.
Jonathan habría nacido aproximadamente once años después de aquel acontecimiento y llegó a la isla más de seis décadas después de la muerte del emperador francés. Por lo tanto, aunque ambos están vinculados con el mismo territorio, nunca llegaron a coincidir.

Actualmente, los visitantes de Santa Elena pueden conocer lugares relacionados con el exilio de Napoleón, como Longwood House, la residencia donde pasó sus últimos años.
La isla también se convirtió en un destino de interés para quienes desean conocer a Jonathan, cuya historia forma parte de la identidad local. Su hogar es Plantation House, una residencia histórica rodeada de jardines donde también viven otras tortugas gigantes.
Cómo logró vivir 194 años: la salud de Jonathan y los cuidados que recibe
A pesar de su avanzada edad, Jonathan mantuvo durante años una rutina relativamente tranquila, caracterizada por largos períodos de descanso, alimentación y desplazamientos por los jardines de Plantation House.
Sin embargo, su longevidad no significa que haya escapado a los efectos del envejecimiento. El veterinario Joe Hollins, quien estuvo a cargo de sus cuidados durante muchos años, explicó que Jonathan perdió gran parte de su capacidad visual debido a cataratas y también sufrió una disminución importante del olfato.
Estas dificultades complicaban su capacidad para localizar alimentos por sus propios medios. Por ese motivo, sus cuidadores incorporaron una alimentación complementaria que incluía frutas, verduras, vitaminas y minerales.

En una entrevista publicada por Guinness World Records en octubre de 2026, Hollins recordó que, cuando comenzó a atenderlo en 2009, encontró al animal en un estado físico delicado. La atención veterinaria y los cambios en su alimentación fueron fundamentales para mejorar su condición.
Su extraordinaria edad también despertó el interés científico por los mecanismos biológicos que permiten a ciertas tortugas vivir durante períodos tan prolongados.
Aunque todavía quedan muchas preguntas por responder, los investigadores estudian características relacionadas con el envejecimiento celular y la resistencia a determinadas enfermedades. La historia de Jonathan demuestra hasta qué punto algunas especies pueden superar los límites de longevidad habituales en el reino animal.
Nació cuando el mundo era completamente diferente, atravesó casi dos siglos de transformaciones y se convirtió en un símbolo de Santa Elena. Su historia reúne naturaleza, ciencia y memoria histórica en un mismo protagonista: una tortuga gigante cuya edad continúa sorprendiendo al planeta.




















