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En 1952, un inmigrante creó en Argentina un caramelo con una fórmula secreta: creía que ayudaba a la digestión y su sabor divide a generaciones

Rufino Meana elaboró los caramelos “Media Hora” con anetol, un compuesto aromático presente en el anís. Su característico color oscuro y el misterio detrás de su nombre marcaron la historia de una de las golosinas más reconocidas de los kioscos argentinos.

Rufino Meana elaboró los caramelos “Media Hora” con anetol, un compuesto aromático presente en el anís. Su característico color oscuro y el misterio detrás de su nombre marcaron la historia de una de las golosinas más reconocidas de los kioscos argentinos.
En 1952, un inmigrante creó en Argentina un caramelo con una fórmula secreta: creía que ayudaba a la digestión y su sabor dividió generaciones. Foto: Imagen generada con IA (ChatGPT)
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En 1952, un inmigrante español llamado Rufino Meana creó en Argentina uno de los caramelos más particulares de la historia nacional. Su fórmula era secreta, tenía un sabor difícil de describir y su inventor le atribuía propiedades digestivas. Más de siete décadas después, los caramelos “Media Hora” siguen siendo reconocidos por generaciones de argentinos, aunque pocos conocen la historia que comenzó en una fábrica bonaerense.

Quién fue Rufino Meana, el inmigrante que creó los caramelos Media Hora

La historia comenzó mucho antes de que las pequeñas golosinas oscuras llegaran a los kioscos. Rufino Meana era un empresario originario de Asturias (España), que se estableció en Buenos Aires y comenzó a desarrollar su actividad en la industria alimenticia. Hacia 1937 ya elaboraba dulces y otros productos en una fábrica ubicada en el barrio porteño de Chacarita.

Rufino Meana elaboró los caramelos “Media Hora” con anetol, un compuesto aromático presente en el anís. Su característico color oscuro y el misterio detrás de su nombre marcaron la historia de una de las golosinas más reconocidas de los kioscos argentinos.
Los caramelos “Media Hora” siguen siendo reconocidos por generaciones de argentinos. Foto: Imagen generada con IA (ChatGPT)

Su emprendimiento no se limitaba a los caramelos. Entre sus creaciones estuvieron los alfajores Gran Casino, considerados antecedentes de los famosos alfajores Havanna. Con el crecimiento del negocio, Meana decidió ampliar sus instalaciones y trasladar parte de su producción al interior de la provincia de Buenos Aires.

En 1952, instaló una segunda fábrica en Uribelarrea, una localidad del partido de Cañuelas. Allí, experimentó con distintas variedades de golosinas, incluidos caramelos de dulce de leche y de tres sabores. Sin embargo, su creación más recordada sería una pequeña esfera oscura que escondía una combinación de ingredientes poco habitual.

La fórmula secreta de los caramelos Media Hora y sus supuestas propiedades digestivas

A diferencia de los caramelos tradicionales, caracterizados por sabores frutales y colores llamativos, los “Media Hora” ofrecían una experiencia completamente distinta. Eran duros, casi negros y tenían un gusto intenso que combinaba notas dulces, anisadas y ligeramente amargas.

Rufino Meana elaboró los caramelos “Media Hora” con anetol, un compuesto aromático presente en el anís. Su característico color oscuro y el misterio detrás de su nombre marcaron la historia de una de las golosinas más reconocidas de los kioscos argentinos.
El ingrediente que explicaba buena parte de esa particularidad era el anetol, un compuesto aromático. Foto: Wikipedia

El ingrediente que explicaba buena parte de esa particularidad era el anetol, un compuesto aromático presente naturalmente en plantas como el anís y el hinojo. Meana utilizó ese sabor como elemento distintivo y mantuvo en secreto la fórmula completa de fabricación durante años.

Lo más curioso es que el empresario también atribuía a sus caramelos cualidades digestivas. Esta característica formó parte de la historia inicial del producto, aunque no debe confundirse con una propiedad medicinal científicamente demostrada. La receta permaneció reservada hasta que la marca pasó a manos de Stani.

Por qué se llaman Media Hora: las teorías sobre el origen del nombre

El nombre de estos caramelos constituye otro de sus grandes misterios. Durante décadas circuló la creencia de que cada unidad debía durar 30 minutos en la boca. Sin embargo, esa explicación nunca fue confirmada oficialmente y las pruebas informales indican que suelen disolverse mucho antes.

Rufino Meana elaboró los caramelos “Media Hora” con anetol, un compuesto aromático presente en el anís. Su característico color oscuro y el misterio detrás de su nombre marcaron la historia de una de las golosinas más reconocidas de los kioscos argentinos.
Durante décadas circuló la creencia de que cada caramelo debía durar 30 minutos en la boca. Foto: Mondelez

Existe otra versión todavía más llamativa. Según una teoría recogida en El Gran Libro de las Marcas, el nombre estaría relacionado con una práctica de la fábrica: media hora antes del cierre, los trabajadores limpiaban las máquinas utilizadas para elaborar otras golosinas.

De acuerdo con ese relato, los restos de azúcar, colorantes, glucosa y melaza se habrían combinado posteriormente con anetol para producir los caramelos oscuros. Se trata de una histórica hipótesis, no de un procedimiento de fabricación comprobado. Incluso representantes de la empresa que posteriormente produjo la golosina reconocieron que desconocían el verdadero origen de su denominación.

Qué pasó con la fábrica original y cómo sobrevivieron los caramelos Media Hora

Con el paso de los años, la fábrica de Uribelarrea dejó de funcionar y la marca fue adquirida por Stani durante la década de 1980. Posteriormente atravesó diferentes cambios empresariales hasta integrarse en el catálogo de Mondelez International.

Rufino Meana elaboró los caramelos “Media Hora” con anetol, un compuesto aromático presente en el anís. Su característico color oscuro y el misterio detrás de su nombre marcaron la historia de una de las golosinas más reconocidas de los kioscos argentinos.
El caramelo Media Hora atravesó diferentes cambios empresariales hasta integrarse en el catálogo de Mondelez. Foto: Mondelez

Mientras otras golosinas desaparecieron del mercado argentino, los “Media Hora” conservaron su identidad. Sus envoltorios de distintos colores, todos con el mismo sabor, y el pequeño reloj impreso se convirtieron en elementos reconocibles para varias generaciones.

La antigua fábrica también dejó una huella en Uribelarrea. El edificio donde funcionó el establecimiento sobrevivió al cierre industrial y pasó a tener otros usos. Así, una creación nacida de la iniciativa de un inmigrante terminó transformándose en una curiosidad de la historia alimentaria argentina, recordada tanto por sus admiradores como por quienes nunca consiguieron acostumbrarse a su sabor.

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