
Mientras gran parte del agro argentino enfrenta la incertidumbre del clima y los vaivenes económicos, un productor bonaerense encontró una fórmula propia para crecer: no depender de una sola actividad. Agricultura, ganadería, producción aviar, servicios viales y hasta un futuro hotel asistido forman parte del modelo de negocios que construyó durante más de dos décadas.
Detrás de esa historia está Alfredo Alzueta, productor de Bolívar y socio de Aapresid, quien junto a su esposa María convirtió a La Campiña en una empresa familiar donde la diversificación funciona como una herramienta para reducir riesgos y generar nuevas oportunidades.
Quién es Alfredo, el productor de 63 años que cría pollos de hasta 7 kilos
Hace 26 años, Alfredo y María compraron La Campiña y comenzaron a desarrollar un esquema de trabajo basado en distintas unidades de negocio. Ambos son licenciados en Administración Agraria y desde el inicio dividieron responsabilidades: ella se ocupa de la gestión y administración, mientras él lidera la producción y la comercialización.
Actualmente, la empresa emplea a 11 personas y una de sus actividades más particulares es la producción aviar. Allí, crían pollos de campo que alcanzan entre 4 y 7 kilos al momento de la faena, un peso poco habitual dentro del mercado. Además, el establecimiento cuenta con una sala propia donde procesan tanto pollos como corderos para comercializar carne fresca en distintos puntos de la región.

Corderos, vacas y siembra: la diversificación en el trabajo de campo
La principal actividad de La Campiña es la producción de carne vacuna bajo un sistema pastoril con terminación a corral. Parte de esa producción abastece al mercado interno y otra se exporta.
La segunda unidad de negocios está vinculada a la producción ovina. Con una majada Hampshire Down y la compra de animales provenientes de tambos ovinos, el campo produce alrededor de 500 corderos por año.
La agricultura también forma parte del esquema productivo y se desarrolla tanto en tierras propias como de terceros. Sin embargo, la última apuesta de la empresa toma distancia del trabajo tradicional del agro: los servicios viales.
Con retroexcavadoras y maquinaria especializada, buscan recuperar caminos rurales e infraestructura productiva para terceros, además de trabajar en sus propios establecimientos y participar en licitaciones.
El método de Alfredo: estudiar un negocio nuevo cada mes de enero
La incorporación de nuevas actividades no responde a la improvisación. Cada enero, después de las fiestas y antes de las vacaciones, Alfredo y María dedican los primeros 10 días del año a analizar los resultados de cada unidad de negocio y evaluar nuevas oportunidades.
“En vez de hacer un posgrado o un curso, siempre estamos atentos a otras unidades y estudiamos otros negocios”, resume el productor.

Algunos proyectos avanzan rápidamente y otros quedan archivados durante años. De hecho, la idea de sumar servicios viales había estado guardada cerca de tres décadas antes de convertirse en realidad.
Según explica, la decisión surgió al analizar los riesgos crecientes de depender cada vez más de la agricultura, una actividad especialmente vulnerable a las inundaciones, sequías y los eventos climáticos extremos.
El gran proyecto a futuro: un hotel con capacidad para 40 personas
Entre las iniciativas que aún están en desarrollo aparece Nueva Vida, un hotel asistido para 40 personas que planean construir en cuatro hectáreas del campo.
La propuesta representa una incursión en la economía del cuidado y busca ofrecer un entorno vinculado con la naturaleza y la vida al aire libre.
También evaluaron proyectos vinculados con la generación de energía solar, aunque decidieron postergarlos hasta contar con un marco regulatorio que brinde mayor previsibilidad.
A los 63 años, Alfredo reconoce que la ansiedad por concretar nuevas ideas sigue siendo uno de sus principales motores. “El almanaque me apura”, admite entre risas.
“No quiero dejar un legado que sea una tortura”: la visión detrás de su frase
Más allá de los proyectos y las inversiones, una preocupación guía gran parte de las decisiones del productor: la continuidad de la empresa familiar.
Alzueta pertenece a la cuarta generación de productores agropecuarios de su familia y sus tres hijos representan la quinta. Aunque no trabajan de manera permanente en el establecimiento, participan de las discusiones y decisiones estratégicas.

“Hoy todo se discute y analiza en conjunto. Quiero continuidad y no dejar un legado que sea una tortura para ellos”, asegura. Esa visión también se refleja en su actividad institucional como presidente de la Regional Bolívar de Aapresid, donde impulsa una mayor participación de jóvenes productores en los espacios de decisión.
Mientras proyecta nuevos negocios y piensa en el futuro de la empresa, Alfredo también encuentra señales de continuidad en su vida personal. Su nieto Benicio, de apenas 3 años, ya demuestra fascinación por los tractores, las sembradoras y el trabajo rural, una pasión que podría convertirse en el próximo capítulo de una historia familiar ligada al campo desde hace generaciones.
















