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La bodega que desafió al mapa del vino argentino: está en Buenos Aires y nació de una promesa entre amigos

Dos amigos plantaron vides en un lugar donde la humedad, las lluvias y los pájaros parecían volver imposible la producción. Después de perder cosechas y esperar varios años, consiguieron elaborar un vino con identidad propia y transformar una finca bonaerense en un particular destino enoturístico.

Dos amigos plantaron 1.100 vides en plena Pampa Húmeda y tardaron años en obtener su primer vino
Dos amigos plantaron 1.100 vides en plena Pampa Húmeda y tardaron años en obtener su primer vino Foto: Instagram @lasantipodasok
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Cuando se habla de vino argentino, el pensamiento suele viajar directamente hacia Mendoza. Aparecen la Cordillera, los suelos áridos y las grandes extensiones de viñedos. Sin embargo, a unos 260 kilómetros de la Ciudad de Buenos Aires, una historia construida a contramano de las tradiciones comenzó a modificar esa imagen.

Se trata de Finca Las Antípodas, un proyecto vitivinícola nacido en Junín, en plena Pampa Húmeda, donde las condiciones del clima obligaron a sus creadores a aprender prácticamente desde cero.

El nombre no fue elegido al azar. La finca se encuentra a más de 700 kilómetros al este de Mendoza y aproximadamente sobre la misma latitud que San Rafael. Pero la oposición también está en el suelo, el régimen de lluvias y la humedad. Las Antípodas representa, justamente, el reverso del paisaje vitivinícola tradicional.

Dos amigos y una idea que parecía imposible

La historia comenzó con Mariano Tessone y Juan Pablo Richelmini, dos amigos de Junín unidos por la curiosidad y el gusto por el vino. Tessone era abogado y exjugador de rugby, mientras que Richelmini desarrollaba su actividad en el sector avícola.

Bodega Las Antípodas
Después de perder cosechas y esperar varios años, consiguieron elaborar un vino con identidad propia Foto: Instagram @lasantipodasok

Ninguno era enólogo ni productor agropecuario. Eran consumidores interesados que, cerca de los 40 años, decidieron emprender algo completamente diferente: crear un vino con identidad juninense.

La oportunidad apareció en una chacra perteneciente a la familia Tessone. Cuando Mariano le propuso a su padre utilizar parte del terreno para plantar un viñedo, recibió una respuesta sencilla: podía hacerlo, siempre que le asegurara algunas botellas de vino.

Aquella conversación familiar terminó convirtiéndose en el punto de partida de una iniciativa que, con los años, llegaría a ocupar seis hectáreas.

Antes de plantar, los amigos necesitaban responder una pregunta decisiva: ¿era realmente posible elaborar vino en Junín? Para estudiar el suelo y el clima recurrieron al asesoramiento de Gabriela Celeste, directora de Eno-Rolland, consultora relacionada con el reconocido enólogo Michel Rolland.

Los estudios indicaron que el proyecto tenía posibilidades. Incluso en un escenario modesto, podrían conseguir un buen vino rosado. Para ellos, aquella conclusión fue suficiente para comenzar.

Las primeras 1.100 plantas llegaron en 2013

El 18 de noviembre de 2013 marcó el inicio concreto de la aventura. Ese día llegaron las primeras 1.100 plantas de Malbec, Petit Verdot y Cabernet Franc, seleccionadas por su potencial de adaptación a la zona.

La implantación comenzó sobre una hectárea, en un territorio sin antecedentes cercanos que pudieran funcionar como manual de instrucciones.

Bodega Las Antípodas
Bodega Las Antípodas: la increíble historia del viñedo que produce vino en Junín Foto: Instagram @lasantipodasok

A diferencia de Mendoza, donde la falta de precipitaciones permite controlar el agua mediante el riego, en la Pampa Húmeda el desafío es inverso. Las plantas deben convivir con lluvias frecuentes, humedad elevada y una mayor presencia de hongos e insectos.

A estos problemas se sumaron los pájaros, atraídos por la fruta. Para proteger las uvas debieron instalar mallas especiales, aunque la solución también generó nuevos inconvenientes debido a la condensación de humedad.

Cada respuesta abría una nueva pregunta y cada vendimia se convertía en un aprendizaje.

La primera cosecha se perdió

El camino estuvo lejos de ser sencillo. En 2017, las lluvias y los insectos provocaron la pérdida de la primera cosecha. El golpe obligó al equipo a revisar el manejo de la finca y adaptar las prácticas agrícolas a las condiciones particulares de Junín.

La recompensa finalmente llegó en 2018, cuando Las Antípodas consiguió producir su primer vino logrado: un Field Blend elaborado con 75% de Petit Verdot y 25% de Malbec.

Bodega Las Antípodas
Está en Buenos Aires y nació de una promesa entre amigos Foto: Instagram @lasantipodasok

Solo pudieron obtener alrededor de 100 botellas, pero aquella pequeña producción representó una victoria enorme. Era la demostración de que el suelo bonaerense podía entregar uvas capaces de transformarse en un vino de calidad.

El año 2021 marcó otra etapa importante. La finca alcanzó volúmenes más consistentes de Malbec, Petit Verdot y Cabernet Franc. Con el tiempo, la elaboración llegó a rondar las 2.000 botellas anuales, una cantidad reducida frente a una bodega industrial, pero significativa para un emprendimiento artesanal nacido en un territorio experimental.

Cómo son los vinos de Las Antípodas

El proyecto no busca copiar el estilo de Mendoza. Su objetivo es interpretar las condiciones de Junín y elaborar cada vino a partir de lo que entrega la cosecha.

El enólogo y asesor Gerardo Pereyra, también oriundo de la ciudad, trabaja con la idea de respetar el comportamiento del viñedo. En la Pampa Húmeda, antes de pensar en barricas, cortes o estilos sofisticados, el primer gran desafío es conseguir uvas sanas y equilibradas.

Entre las variedades vinculadas al proyecto aparecen Malbec, Petit Verdot, Cabernet Franc, Ancellotta y Marselan. Sus vinos buscan conservar la frescura, una graduación alcohólica moderada y una presencia cuidadosa de la madera, sin ocultar el carácter de la fruta.

De viñedo experimental a destino turístico

Con el paso del tiempo, Las Antípodas dejó de ser solamente un lugar de producción. La finca comenzó a recibir visitantes interesados en recorrer el viñedo, conocer su historia, participar de degustaciones y acompañar los vinos con productos regionales.

Así, Junín incorporó una propuesta diferente a sus lagunas, sus paisajes rurales y su patrimonio urbano.

Bodega Las Antípodas
La bodega que desafió el mapa del vino argentino Foto: Instagram @lasantipodasok

La propiedad también sumó tres alojamientos construidos a partir de contenedores adaptados, instalados frente a las hileras de vides. La posibilidad de dormir dentro de la finca convirtió al establecimiento en una alternativa para quienes desean disfrutar de una escapada vinculada al mundo del vino sin viajar hasta Mendoza.

Además, el lugar organiza encuentros en los que se combinan música, gastronomía, naturaleza y producción local. La botella ya no es el único atractivo: también importan la experiencia, el paisaje y el relato de quienes hicieron posible el proyecto.

Las Antípodas, una historia que cambió el vino bonaerense

La singularidad de esta bodega no se explica solamente por sus cepas. Su verdadero valor está en haber insistido en un territorio que parecía poco favorable.

Fueron necesarios años de pérdidas, pruebas y adaptación para comprobar que la vitivinicultura argentina puede encontrar nuevos caminos fuera de sus regiones históricas.

Hoy, cada botella de Finca Las Antípodas conserva una historia de paciencia y amistad. Todo comenzó con dos amigos, 1.100 plantas y una promesa familiar. Más de una década después, Junín no solo tiene un vino propio, sino también un viñedo que se animó a desafiar el mapa tradicional de la Argentina.

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