
En una tranquila calle de Saavedra, una vivienda rompe con el paisaje cotidiano y obliga a detenerse. En lugar de una pared convencional, su fachada está cubierta por teléfonos fijos, calculadoras, teclados, cámaras, reproductores de casetes, monitores y viejos aparatos electrónicos.
Se trata de la Casa Obopop, una intervención creada por el artista Lucas Stoessel que recibió un importante reconocimiento de la Legislatura porteña: fue declarada de Interés Cultural de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
La curiosa propiedad se encuentra en Pasaje Cisne 4011, dentro de la Comuna 12, y con el paso de los años se convirtió en un inesperado museo a cielo abierto que atrae a vecinos, turistas y fanáticos de la tecnología.
Qué significa Obopop y cómo nació la original fachada
El nombre no fue elegido al azar. Obopop significa “Objetos de Botonera Obsoleta con Perillas o Palancas”, una definición creada por Stoessel para reunir dispositivos que perdieron su utilidad original, pero conservaron su diseño y su capacidad para despertar recuerdos.
Todo comenzó en 2018, cuando el artista colocó un discman intervenido como una especie de portero eléctrico alternativo. Aquel pequeño gesto artístico llamó la atención y rápidamente comenzó a crecer.

Estudiantes, amigos y vecinos empezaron a acercarle aparatos guardados durante años. Durante la pandemia, las donaciones aumentaron y la fachada terminó transformándose en un enorme collage de memoria tecnológica colectiva.
Actualmente, en la casa pueden observarse teléfonos a disco, calculadoras, caseteras, walkmans, discmans, cámaras, joysticks, grabadoras, teclados y celulares con tapa.
Un viaje por décadas de tecnología
La colección incluye dispositivos fabricados entre la década de 1960 y los primeros años del siglo XXI. Entre las piezas más antiguas aparece una calculadora de los años 60. También se destaca un monitor IBM de los años 70, considerado uno de los objetos más valiosos de la instalación.
Cada aparato representa una forma diferente de comunicarse, trabajar o divertirse. El teléfono fijo obligaba a permanecer junto al dispositivo; el casete permitía grabar canciones directamente de la radio, mientras que la videocasetera convirtió el living familiar en una pequeña sala de cine.

Uno de los objetos que más nostalgia produce es el Walkman, presentado por Sony en 1979. Este reproductor portátil transformó la manera de escuchar música al permitir llevar canciones en el bolsillo. En 1984 apareció el primer reproductor portátil de discos compactos de Sony, popularmente conocido como Discman, que ayudó a expandir el uso del CD.
La informática también tiene su lugar. Durante los años 70, la reducción del tamaño y el costo de los equipos permitió ampliar el acceso a las computadoras. En agosto de 1981, IBM presentó su modelo 5150, una máquina que ayudó a popularizar la computadora personal.
Una obra construida con recuerdos de los vecinos
Aunque Stoessel creó el concepto, buena parte de los objetos llegó mediante donaciones. Vecinos de distintos puntos de Buenos Aires se acercaron con aparatos que permanecían olvidados en cajones, placares o depósitos.
Cada pieza puede esconder una historia personal. Una casetera puede recordar las canciones de la adolescencia; una máquina de escribir, las primeras tareas escolares, y un teléfono a disco, aquellas largas conversaciones familiares que no podían alejarse de la pared.
La Casa Obopop convierte esos recuerdos individuales en una experiencia compartida y transforma la calle en una sala de exposición disponible durante todo el día.
Saavedra, un barrio atravesado por la historia
La ubicación también aporta un valor especial. El origen de Saavedra está vinculado con Florencio Núñez, quien impulsó la creación de un nuevo pueblo en tierras que habían pertenecido a Luis María Saavedra.
El 26 de octubre de 1889 fue autorizada la construcción de la estación ferroviaria, inaugurada el 1 de febrero de 1891. El ferrocarril resultó fundamental para el crecimiento y la identidad del barrio.
Más de un siglo después, Saavedra vuelve a contar su historia, pero esta vez mediante objetos relativamente recientes que quedaron obsoletos con una velocidad inesperada.
El importante mensaje ambiental detrás de la obra
La instalación no solo despierta nostalgia. También invita a pensar qué sucede con los dispositivos que son reemplazados.
El Monitor Mundial de Residuos Electrónicos 2024 indicó que durante 2022 se generaron 62 millones de toneladas de basura electrónica en el mundo. Sin embargo, solamente el 22,3% fue recolectado y reciclado formalmente mediante procedimientos ambientalmente adecuados.
Casa Obopop propone una reutilización artística y simbólica. Si bien no reemplaza los procesos especializados de reciclaje, demuestra que ciertos objetos pueden abandonar la lógica del descarte y adquirir un nuevo significado cultural.






















