
Ignacio “Nacho” Viale y Lucía Pedraza decidieron instalarse a fines de 2021 en “Casablanca”, la histórica chacra frente al mar que pertenece a la familia Tinayre y que se encuentra en José Ignacio, uno de los destinos más exclusivos de Punta del Este. La pareja eligió pasar allí la temporada de verano, rodeada de un entorno de naturaleza, privacidad y vistas privilegiadas al océano, características que convirtieron a la propiedad en un verdadero emblema familiar a lo largo de las décadas.
Durante las celebraciones de Año Nuevo, la residencia se transformó en el punto de encuentro del clan. Junto a Marcela Tinayre, Juana Viale y Ámbar de Benedictis, compartieron reuniones y momentos de descanso en la tradicional casona costera. Días más tarde, el 2 de enero, la familia volvió a reunirse para celebrar el cumpleaños número 41 de Nacho Viale, productor y fundador de StoryLab, en una de las propiedades más representativas de la costa uruguaya y escenario habitual de encuentros familiares lejos de la exposición pública.

La historia de “Casablanca”, la histórica chacra del clan Tinayre desde los años 70
La historia de “Casablanca”, la emblemática chacra marítima de los Tinayre en José Ignacio, comenzó en la década de 1970, cuando Daniel Tinayre, reconocido director de cine y esposo de Mirtha Legrand, decidió adquirir el terreno atraído por la tranquilidad de una zona que por entonces estaba muy lejos del brillo y el movimiento de Punta del Este.
En aquellos años, José Ignacio era apenas un pequeño pueblo de pescadores y su elección despertó algunas críticas debido a la distancia que lo separaba de los lugares de moda y del circuito más exclusivo de la costa uruguaya. Sin embargo, al creador de Almorzando con Mirtha Legrand poco le importaban esos cuestionamientos: lo cautivaron la privacidad del lugar, la salida directa al mar y las impactantes vistas de los atardeceres sobre el océano.

Un paraíso en José Ignacio: los detalles arquitectónicos de la casona que heredó Marcela Tinayre
La propiedad conserva el encanto de las tradicionales residencias costeras de los años 70. Se trata de un amplio chalet con techo a dos aguas, rodeado por un extenso parque arbolado y grandes superficies de césped que descienden suavemente hacia las dunas. Desde allí se disfruta de una vista privilegiada de la playa y del horizonte azul del Atlántico, mientras que un pintoresco puente conecta la casa con la arena.

Con el paso de las décadas, el entorno cambió radicalmente: aquel tranquilo rincón de pescadores se transformó en uno de los destinos más exclusivos y cotizados de Uruguay, elegido por celebridades, empresarios y figuras internacionales que buscan combinar lujo, naturaleza y privacidad frente al mar.
Acceso privado al mar: una característica única que cautivó a Mirtha Legrand desde el primer momento
Más allá de su valor inmobiliario y su historia familiar, uno de los aspectos que distingue a esta residencia es la sensación de aislamiento y contacto con la naturaleza que ofrece. A diferencia de otras casas de veraneo de la zona, el predio fue concebido como un refugio para disfrutar del paisaje sin interrupciones, con amplios espacios exteriores pensados para la vida al aire libre.
Los jardines se integran de manera natural con el entorno costero y permiten que cada sector de la propiedad aproveche las vistas abiertas al Atlántico. La presencia constante del sonido del mar, la vegetación autóctona y la amplitud del terreno convierten al lugar en un oasis de tranquilidad incluso durante la temporada alta, cuando miles de turistas llegan a la costa uruguaya.
Esa combinación de privacidad, naturaleza y exclusividad fue clave para que la residencia se transformara con el paso del tiempo en uno de los puntos de encuentro preferidos de la familia. Entre reuniones íntimas, celebraciones y temporadas de descanso, el lugar logró conservar el espíritu de retiro familiar que impulsó su desarrollo décadas atrás y que todavía hoy lo distingue entre las propiedades más emblemáticas de José Ignacio.





















