El C-2A Greyhound, uno de los aviones más emblemáticos de la aviación naval estadounidense, cerró oficialmente su historia en la Armada de Estados Unidos tras completar su último vuelo operativo. La aeronave, perteneciente al Escuadrón de Apoyo Logístico de la Flota (VRC) 40 “Rawhides”, aterrizó en el aeródromo Sherman de la Estación Aeronaval Pensacola, poniendo fin a una trayectoria de 60 años al servicio de los portaaviones de la US Navy.
La despedida tuvo lugar ante unas 6.000 personas reunidas en el Museo Nacional de la Aviación Naval de Pensacola. Antes de su aterrizaje final, el veterano avión fue escoltado por cazas F/A-18E Super Hornet del equipo de demostración Blue Angels, en un homenaje que marcó el cierre de una era para la aviación embarcada estadounidense.
El comandante del VRC-40, Paul Ingram, destacó que la retirada del Greyhound también representa el final de una tradición histórica en la que marineros alistados integraban tripulaciones de aeronaves con gancho de cola, una práctica que se remontaba incluso a los años previos a la Segunda Guerra Mundial.
Seis décadas como el puente logístico de los portaaviones
La historia del C-2A Greyhound comenzó en 1964 con el vuelo de uno de los dos prototipos desarrollados por Grumman. La producción en serie se inició un año más tarde y el avión ingresó oficialmente en servicio en 1966 para reemplazar al C-1 Trader en las misiones Carrier Onboard Delivery (COD).
Su función era esencial: conectar a los portaaviones desplegados en cualquier parte del mundo con las bases en tierra, transportando personal, repuestos, suministros e incluso motores de reacción.
Aunque comparte las alas con el E-2 Hawkeye, el Greyhound fue diseñado específicamente para tareas logísticas. Su fuselaje más ancho, la rampa trasera de carga y un sistema de anclaje especialmente desarrollado le permitían transportar grandes cargas de forma segura durante los exigentes despegues y apontajes sobre la cubierta de un portaaviones.
Durante un despliegue típico de seis meses, un destacamento de C-2A podía acumular unas 1.000 horas de vuelo, trasladar alrededor de 5.000 pasajeros y movilizar aproximadamente 450 toneladas de carga.
Modernizaciones para extender su vida útil
Grumman fabricó inicialmente 17 ejemplares, que posteriormente fueron modernizados para prolongar su vida útil. A partir de la década de 1980, la Armada incorporó una nueva serie de 39 aeronaves reacondicionadas con mejoras estructurales y una aviónica completamente renovada.
Con el paso de los años, la flota continuó evolucionando mediante la incorporación de nuevos sistemas de comunicación, navegación y las modernas hélices NP2000 de ocho palas, utilizadas también en las versiones más recientes del E-2 Hawkeye.
El CMV-22 Osprey toma el relevo
El proceso de sustitución del Greyhound comenzó en 2020 con la llegada del CMV-22 Osprey, la versión naval del convertiplano Bell-Boeing destinada a cumplir las misiones de transporte logístico embarcado. La nueva aeronave alcanzó su capacidad operativa inicial en 2021 y desde entonces la Armada estadounidense fue ampliando progresivamente su flota.
Aunque el CMV-22 aporta mayor alcance y flexibilidad operativa gracias a su capacidad de despegar y aterrizar verticalmente, el retiro del C-2A Greyhound marca el final de uno de los aviones más representativos de la aviación naval moderna. Tras completar cerca de 250.000 apontajes en portaaviones, el Greyhound deja un legado de confiabilidad y servicio que difícilmente será olvidado por las generaciones de aviadores navales que dependieron de él durante más de medio siglo.




















