
El 3 de junio de 1937 quedó grabado en la historia del transporte argentino como la fecha en la que comenzó a funcionar la Línea D del subte de Buenos Aires, una de las trazas más emblemáticas de la red. Aquel día se habilitó el primer tramo entre Tribunales y la estación que entonces llevaba el nombre de Florida, hoy conocida como Catedral. Ese recorrido inicial no solo sumó una nueva posibilidad de viaje bajo tierra: también consolidó la idea de una ciudad que avanzaba hacia la modernidad, conectando puntos neurálgicos del poder político, judicial y comercial porteño.
La apertura de ese segmento convirtió a la Línea D en la cuarta línea de subterráneos en entrar en servicio en Buenos Aires. De acuerdo con la historia oficial del sistema, el tramo inaugurado en 1937 tenía 1,7 kilómetros de túnel e incluía además un empalme de unos 300 metros con la Línea C, una decisión técnica clave para la integración operativa de la red. En ese momento, el subte no era solamente una obra de transporte: era una declaración urbana sobre cómo debía crecer la Capital en pleno siglo XX.
Por qué la estación Florida hoy se llama Catedral
Uno de los datos históricos más interesantes de esa inauguración es que la actual terminal Catedral no siempre tuvo ese nombre. Originalmente se denominaba Florida, por su ubicación bajo la avenida Presidente Roque Sáenz Peña y la cercanía con la tradicional calle peatonal. Con el paso del tiempo, la estación adoptó el nombre de Catedral por su proximidad con la Catedral Metropolitana de Buenos Aires, uno de los puntos simbólicos del casco histórico. Por eso, cuando se habla del primer trayecto entre Tribunales y Florida, en realidad se está haciendo referencia al tramo original que hoy se conoce como Catedral–Tribunales.

Ese detalle no es menor: permite entender cómo las estaciones también cuentan la historia de la ciudad. Los nombres cambian, se resignifican y dialogan con el entorno urbano. En este caso, la evolución de Florida a Catedral muestra cómo el subte fue adaptándose a una geografía simbólica donde conviven la Plaza de Mayo, los edificios institucionales y el corazón histórico del poder argentino.
La obra de CHADOPyF y el avance de una Buenos Aires moderna
La Línea D fue construida por la Compañía Hispano Argentina de Obras Públicas y Finanzas (CHADOPyF), la misma firma que había tenido un papel central en el desarrollo de otras líneas del subte porteño. Para la década de 1930, Buenos Aires ya discutía cómo conectar mejor el centro con los barrios del norte, que crecían en población y actividad. En ese contexto, la apertura del tramo inicial de la D fue vista como una obra estratégica para acelerar traslados y descomprimir la circulación en superficie sobre ejes clave del microcentro.

El primer recorrido incluía tres estaciones fundamentales del eje central: Catedral (entonces Florida), 9 de Julio y Tribunales. Ese esquema no fue casual. La traza buscó unir la zona de Plaza de Mayo con sectores administrativos, judiciales y comerciales de altísimo movimiento. En términos urbanos, la Línea D empezó a organizar un corredor que luego seguiría hacia Palermo, Belgrano y finalmente Congreso de Tucumán, convirtiéndose con los años en una de las líneas más utilizadas de toda la red.
Tribunales: la estación que fue terminal provisoria y símbolo del Poder Judicial
La estación Tribunales, inaugurada también el 3 de junio de 1937, tuvo durante un tiempo un rol especial: funcionó como terminal provisoria de la Línea D hasta la extensión del servicio hacia Palermo en febrero de 1940. Esa condición muestra con claridad que el plan original no terminaba allí, sino que formaba parte de una expansión más ambiciosa hacia el norte porteño. Su localización bajo la Plaza Lavalle, en el área vinculada al Palacio de Justicia, reforzó desde el inicio su identidad como acceso directo a uno de los corazones institucionales de la Ciudad.

Años más tarde, tanto Tribunales como otras estaciones históricas del primer tramo quedarían alcanzadas por la protección patrimonial. Las estaciones de las líneas históricas construidas por CHADOPyF fueron declaradas Monumento Histórico Nacional mediante el Decreto 437/1997, un reconocimiento que no solo valora su antigüedad, sino también su calidad arquitectónica, artística y cultural.
Los murales de la Línea D: arte e historia bajo tierra
La Línea D no fue importante solo por su función de transporte. También se destacó por su valor artístico. Según la información patrimonial oficial, sus estaciones originales exhiben grandes murales panorámicos que contrastan escenas de la historia nacional con imágenes de la modernización argentina en las primeras décadas del siglo XX. Esa combinación convirtió al viaje en subte en una experiencia visual y cultural que todavía hoy distingue a la traza verde dentro de la red porteña.
En el caso de Catedral, los murales de Rodolfo Franco representan, por un lado, la Buenos Aires de 1830 y, por otro, la Buenos Aires cosmopolita de 1936, con subterráneos, automóviles y edificios modernos. En Tribunales, también con bocetos de Franco, las composiciones enfrentan figuras vinculadas a la fundación de Buenos Aires y a la relación entre América y España. Es decir: desde su origen, la Línea D fue pensada como una obra funcional, pero también como una galería subterránea de identidad nacional.
Cómo siguió la expansión de la Línea D después de 1937
La historia de aquella inauguración no terminó con el acto de apertura. Tres años después, en 1940, la Línea D se extendió hasta Palermo, alcanzando una longitud de 6,5 kilómetros. Con el paso de las décadas, siguió creciendo hasta completar su recorrido actual entre Catedral y Congreso de Tucumán, con 16 estaciones y más de 10 kilómetros de extensión. Esa evolución confirma que el pequeño tramo original entre Tribunales y la entonces Florida fue, en realidad, el punto de partida de uno de los corredores decisivos del transporte porteño.
Actualmente, la Línea D corre desde el microcentro hasta el corredor norte y combina con varias líneas del sistema. Su relevancia cotidiana es enorme: el Gobierno porteño destaca que transporta más de 300 mil pasajeros por día, una cifra que ilustra hasta qué punto aquella inauguración de 1937 dejó de ser una simple efeméride para convertirse en una parte viva de la rutina urbana. Lo que comenzó como un tramo breve entre Tribunales y Florida terminó moldeando la forma en que Buenos Aires se mueve, trabaja y se conecta.
















