
La historia argentina conserva numerosos nombres en monumentos, calles y manuales. Sin embargo, no todos dejaron una biografía sencilla de reconstruir. Ese es el caso de Antonio Ruiz, el Negro Falucho, soldado afrodescendiente cuya figura todavía provoca controversias entre los investigadores.
Según el relato tradicional, murió el 6 de febrero de 1824 en la Fortaleza del Real Felipe, situada en El Callao, Perú. Habría sido fusilado después de negarse a rendir honores a la bandera española durante una sublevación protagonizada por integrantes de las fuerzas independentistas.
Detrás de aquella escena existe un interrogante inesperado: un documento sugiere que el hombre llamado Falucho podría haber continuado con vida varios años después de su supuesta ejecución.
Quién fue Antonio Ruiz, el soldado conocido como Falucho
No existe consenso sobre el lugar ni la fecha exacta de nacimiento de Antonio Ruiz. Algunas versiones lo ubican en Buenos Aires, mientras otras sostienen que nació en África y posteriormente llegó al Río de la Plata.
La versión más difundida señala que integró el Batallón de Pardos y Morenos del Ejército del Norte. También se le atribuye participación en enfrentamientos librados durante las campañas conducidas por Manuel Belgrano.
Más tarde habría pasado al Batallón Número 8 del Ejército de los Andes, unidad conformada mayoritariamente por soldados afrodescendientes. Con ese cuerpo militar habría combatido en Chacabuco y Maipú, dos victorias decisivas de la campaña encabezada por José de San Martín en Chile.
Los negros, pardos y libertos fueron fundamentales para los ejércitos revolucionarios. A pesar de ello, muchos de sus nombres quedaron relegados frente a los grandes jefes militares.
El motín del Callao que cambió el destino de los soldados
A comienzos de 1824, las tropas independentistas alojadas en El Callao atravesaban una situación crítica. Los soldados llevaban aproximadamente cinco meses sin cobrar, reclamaban mejores condiciones y temían ser enviados hacia el norte para incorporarse a las fuerzas de Simón Bolívar.

Durante la noche del 4 al 5 de febrero, los sargentos Dámaso Moyano y Francisco Oliva encabezaron una sublevación. Los amotinados tomaron la fortaleza, arrestaron a los oficiales patriotas y liberaron al coronel español José María Casariego.
Casariego convenció a parte de los rebeldes de entregar la posición a las fuerzas realistas. Así, un reclamo originado por los salarios atrasados terminó produciendo un cambio de bando con importantes consecuencias militares.
La decisión que convirtió a Falucho en un símbolo nacional
La reconstrucción más conocida fue publicada por Bartolomé Mitre en 1857, más de tres décadas después de los acontecimientos. Según su narración, Falucho estaba de guardia cuando los sublevados intentaron reemplazar la insignia patriota por el estandarte español.
Ante la orden de rendir honores, el soldado se negó porque aquella era la bandera contra la que había combatido durante años. El relato le atribuye una frase que terminó convertida en emblema: “Malo es ser revolucionario, pero peor es ser traidor”.
Falucho habría roto su fusil contra el asta antes de ser ejecutado por cuatro tiradores. La escena transformó a un combatiente prácticamente desconocido en la representación de la lealtad absoluta a la causa independentista.
El documento que puso en duda su célebre muerte
La controversia surgió a partir de una carta fechada el 20 de agosto de 1830, seis años después del supuesto fusilamiento. En ella, el militar británico William Miller enviaba saludos a San Martín de parte de un hombre identificado como “el morenito Falucho”, integrante del Batallón Número 8 y veterano de Maipú.

Si se trataba de la misma persona, Falucho no pudo haber muerto en 1824. Algunos especialistas creen que el relato pudo fusionar las experiencias de diferentes combatientes afrodescendientes. Otros consideran que “Falucho” pudo ser un apodo compartido por más de un soldado.
El monumento porteño que mantiene vivo el misterio
Su figura quedó inmortalizada en una escultura proyectada por Francisco Cafferata y terminada por Lucio Correa Morales. La obra fue inaugurada en 1897 cerca de Plaza San Martín y trasladada en 1923 frente al Regimiento de Patricios, sobre la avenida Santa Fe.
La escultura muestra al soldado sosteniendo una bandera contra el cuerpo y un fusil roto. Más allá de las dudas documentales, su historia permite recuperar una certeza: miles de afrodescendientes participaron en las campañas que hicieron posible la Independencia, aunque muchos de sus nombres quedaron fuera de la memoria colectiva.
Falucho pudo haber sido un hombre concreto, un nombre compartido o una figura engrandecida con el paso del tiempo. Entre el heroísmo y el misterio, su historia todavía obliga a mirar una parte olvidada del pasado argentino.





















