
Mucho antes de que José de San Martín atravesara la cordillera de los Andes y se convirtiera en uno de los grandes libertadores de América, una mujer nacida en un pequeño pueblo español tomó una decisión que cambiaría indirectamente la historia del continente.
Se llamaba Gregoria Matorras del Ser, tenía 29 años y en 1767 dejó España para embarcarse hacia el Río de la Plata. No podía imaginar que, poco más de una década después, sería la madre del hombre que encabezaría las campañas independentistas de Argentina, Chile y Perú.
Su vida estuvo marcada por los viajes, las separaciones familiares y las dificultades económicas. Sin embargo, su historia permaneció durante mucho tiempo eclipsada por la figura de su hijo.
Gregoria Matorras, la mujer que cruzó el océano antes de ser madre de San Martín
Gregoria Matorras nació el 12 de marzo de 1738 en Paredes de Nava, una localidad de la provincia española de Palencia. Era hija de Domingo Matorras y María del Ser, y fue la menor de seis hermanos. Su infancia estuvo atravesada por una pérdida: su madre murió cuando ella tenía solamente seis años.
En 1767 emprendió un viaje extraordinario para una mujer de su época. Cruzó el Atlántico acompañando a su primo, Jerónimo Matorras, quien había sido designado gobernador y capitán general de Tucumán.

Las travesías entre España y América podían extenderse durante meses y dependían de las condiciones climáticas. Para Gregoria, aquel viaje también significó abandonar el lugar donde había crecido y comenzar una nueva vida a miles de kilómetros.
Su destino fue Buenos Aires, una ciudad que todavía no tenía la importancia política y comercial que alcanzaría años más tarde.
El encuentro con Juan de San Martín y un casamiento poco convencional
En el Río de la Plata, Gregoria conoció al militar español Juan de San Martín y Gómez, nacido también en Palencia y destinado a prestar servicios para la Corona.
Cuando Juan recibió la orden de salir de campaña, otorgó un poder para que la boda pudiera celebrarse sin su presencia. El matrimonio se realizó por poderes en 1770, una práctica utilizada cuando alguno de los contrayentes no podía asistir a la ceremonia.
El primer hogar familiar estuvo en Calera de las Vacas, un establecimiento de la Banda Oriental que había pertenecido a los jesuitas. Allí nacieron tres de sus hijos: María Elena, Manuel Tadeo y Juan Fermín Rafael.
La familia volvió a trasladarse cuando Juan fue nombrado teniente gobernador de Yapeyú. En ese pueblo nacieron Justo Rufino y José Francisco de San Martín, quien llegó al mundo el 25 de febrero de 1778.
Regresó a España con sus cinco hijos y atravesó dificultades económicas
Debido a la inestabilidad de la región, Gregoria se trasladó a Buenos Aires con sus cinco hijos. Después volvió a reunirse con su esposo y, en 1784, la familia llegó a Cádiz.
San Martín tenía alrededor de seis años. Su formación y sus primeras experiencias militares se desarrollarían en Europa. Décadas más tarde regresaría al Río de la Plata para sumarse al proceso revolucionario.
La situación de Gregoria se volvió más difícil cuando Juan de San Martín murió en Málaga en 1796. Su viuda debió solicitar ayuda económica a la Corona para garantizar su subsistencia y proteger a su hija María Elena.

Su historia permite observarla más allá de su parentesco con el Libertador. Administró un hogar numeroso, atravesó dos veces el océano y sostuvo a su familia en una sociedad que ofrecía escasas posibilidades de autonomía para las mujeres.
Murió el mismo año de la primera victoria americana de su hijo
Gregoria Matorras murió en Orense el 1 de junio de 1813, a los 75 años. Existe una coincidencia histórica especialmente emotiva: cuatro meses antes, su hijo había obtenido su primera victoria en suelo americano durante el combate de San Lorenzo.

Las noticias entre ambos continentes podían tardar meses. Por ese motivo, no se sabe si Gregoria llegó a enterarse del triunfo de su hijo antes de morir.
Hoy, su figura representa una parte menos conocida de la historia sanmartiniana. Sin aquella joven que se animó a cruzar el Atlántico a los 29 años, la independencia sudamericana habría tenido una historia diferente.


















