
A un costado de la Ruta 2, entre enormes campos y caminos rurales, se levanta una construcción que sorprende a quienes viajan hacia la Costa Atlántica. Sus torres, techos inclinados y el parque que la rodea le dan un aspecto misterioso. Se trata de La Raquel, una estancia centenaria ubicada en el partido bonaerense de Castelli que permaneció cerrada durante años y atravesó un largo proceso de recuperación.
Conocida popularmente como “el castillo de Felicitas Guerrero”, la propiedad está vinculada con una de las mujeres más recordadas de la sociedad porteña del siglo XIX. Sin embargo, existe un dato que suele generar confusión: Felicitas nunca llegó a vivir en esta mansión, debido a que la construcción fue levantada después de su muerte.
Su historia combina riqueza, tragedia, inundaciones, arquitectura y secretos familiares. Tras permanecer aislada y sufrir importantes problemas edilicios, la estancia necesitó seis años de restauración antes de volver a abrir sus tranqueras.
La estancia relacionada con la herencia de Felicitas Guerrero
Felicitas Guerrero nació en Buenos Aires en 1846 y, desde muy joven, ocupó un lugar destacado dentro de la alta sociedad. Cuando tenía apenas 18 años contrajo matrimonio con Martín de Álzaga, un poderoso terrateniente considerablemente mayor que ella.
La joven tuvo dos hijos, pero ambos murieron a temprana edad. En 1870 también falleció su esposo, por lo que quedó viuda y se convirtió en heredera de una importante fortuna integrada por propiedades urbanas, campos y establecimientos rurales.
Su vida terminó de manera violenta el 30 de enero de 1872. Felicitas fue atacada por Enrique Ocampo, un pretendiente al que había rechazado. El episodio ocurrió en la residencia familiar de Barracas y provocó una enorme conmoción en la sociedad porteña.

Después de su muerte, los bienes pasaron a sus padres y posteriormente quedaron en manos de sus hermanos. Las tierras donde se encuentra La Raquel formaban parte del patrimonio relacionado con las familias Álzaga y Guerrero.
El edificio principal habría sido construido hacia 1894, mientras que su característica torre fue incorporada años después, alrededor de 1905. La propiedad perteneció a Manuel Guerrero, uno de los hermanos de Felicitas. Por ese motivo, su vínculo con la joven es familiar y hereditario, pero no residencial.
El castillo de la Ruta 2 que quedó aislado
Durante décadas, la estancia mantuvo una intensa actividad agrícola y ganadera. En sus terrenos funcionaron instalaciones destinadas a producir quesos, manteca y otros derivados de la explotación rural.
Con el paso del tiempo, la construcción comenzó a deteriorarse. Una fuerte inundación afectó la zona y dejó la casona prácticamente aislada durante cerca de un año. En aquel período, solo era posible llegar hasta el casco en tractor.

A los problemas de acceso se sumaron filtraciones, humedad y daños estructurales. La estancia permaneció cerrada hasta que sus propietarios impulsaron una restauración integral.
Los trabajos demandaron aproximadamente seis años. El objetivo fue recuperar la estructura, conservar los interiores y restaurar los objetos antiguos de la familia, sin eliminar las características originales de la propiedad.
Un parque histórico con cientos de especies
Uno de los mayores atractivos de La Raquel se encuentra alrededor de la mansión. El edificio está rodeado por un parque diseñado por el paisajista danés Forkel, donde conviven cientos de especies vegetales.
Durante años, el crecimiento de la vegetación ocultó parcialmente la casona e impidió apreciarla desde la ruta. Los trabajos de recuperación permitieron despejar distintos sectores y devolverle protagonismo a su particular silueta.

En el interior todavía se conservan muebles originales, fotografías familiares, antiguos juegos de té, vestidos, revistas, obras de arte y un piano Steinway. Cada objeto ayuda a reconstruir cómo era la vida cotidiana de una familia perteneciente a la elite argentina.
De mansión familiar a escenario audiovisual
La apariencia de La Raquel también la convirtió en una locación elegida para producciones artísticas. En 1996, Susana Giménez y Julio Bocca grabaron allí una presentación televisiva. La estancia fue utilizada, además, para películas, publicidades y distintas producciones audiovisuales.
Actualmente, la propiedad recibe visitantes mediante propuestas de turismo rural, visitas guiadas y jornadas de campo. Su cercanía con el río Salado, el bosque histórico y la arquitectura de finales del siglo XIX conforman un recorrido singular.
Ubicada a unos 168 kilómetros de la Ciudad de Buenos Aires, La Raquel continúa dominando el paisaje de la Ruta 2. Detrás de sus torres sobrevive la memoria de una poderosa familia y el recuerdo de Felicitas Guerrero, la joven cuya muerte estremeció al país y convirtió su nombre en una de las grandes leyendas de la historia argentina.


















