
Con apenas 150 habitantes, Gouin es uno de los pueblos más pequeños del interior bonaerense, pero también uno de los más singulares. Nacido al ritmo del ferrocarril, hoy se destaca por una tradición que convoca a miles de visitantes cada año: sus pastelitos criollos.
Ubicado en el partido de Carmen de Areco, a unos 10 kilómetros de la Ruta Nacional 7, el acceso por camino de tierra mantiene su aire rural. Esa escala íntima es parte de su encanto para quienes buscan una escapada diferente en la provincia de Buenos Aires.
Un pueblo nacido del ferrocarril
El origen de la localidad se remonta a comienzos del siglo XX, cuando la Compañía General de Ferrocarriles de la Provincia de Buenos Aires impulsó la construcción de una línea que unía Buenos Aires con Rosario. La estación Gouin, inaugurada en 1907, fue el punto de partida para el desarrollo del poblado.

En torno a ese punto ferroviario se planificó el trazado urbano, impulsado por el loteo de tierras que se subastaron en 1909. Aquella jornada se transformó en un evento masivo y atrajo a una multitud inesperada, lo que causó una serie de escenas caóticas: faltó comida, se desbordó la organización y se generaron peleas entre los asistentes por conseguir raciones de carne, salame y pasteles.
Según crónicas de la época, incluso se derrumbó la carpa del evento, hubo sillas rotas y hasta algunos alimentos fueron utilizados como proyectiles en medio del desorden.
De Villa Reina Victoria a Gouin
En sus inicios, la localidad fue conocida como Villa Reina Victoria, aunque ese nombre no perduró. Con el paso del tiempo, la identidad del lugar quedó ligada a la estación y adoptó el nombre definitivo de Gouin, en honor a un accionista de la compañía ferroviaria.
Durante las primeras décadas del siglo XX, el crecimiento fue sostenido. La producción agrícola y ganadera encontró en el tren una vía clave para la comercialización, lo que permitió que el pueblo alcanzara cerca de 1.000 habitantes en la década de 1920.
El auge y caída del tren
El declive comenzó a partir de los años 70, cuando disminuyeron las frecuencias ferroviarias. En 1977 dejó de circular el tren de pasajeros y, con el tiempo, también se discontinuó el servicio de cargas. La pérdida de conectividad impactó directamente en la economía local.
Con menos actividad y oportunidades, la población fue disminuyendo hasta los números actuales. Gouin pasó a ser un pueblo casi detenido en el tiempo.

La Fiesta del Pastel, el sello distintivo de Gouin
Frente a ese escenario, la comunidad impulsó una iniciativa que cambiaría su presente: la Fiesta Nacional del Pastel. La primera edición se realizó en 1995 y desde entonces se convirtió en el evento más importante de la localidad.
Cada segundo fin de semana de diciembre, Gouin recibe a miles de visitantes que llegan para degustar las elaboraciones caseras de las pasteleras locales. Pasteles, tortas fritas y otras recetas tradicionales forman parte de una propuesta que combina gastronomía, historia y vida rural.
El evento fue creciendo con los años hasta obtener reconocimiento municipal, provincial y nacional en 2014. Actualmente, no solo destaca por la comida, sino también por el ambiente festivo y la posibilidad de conocer un pueblo con identidad propia.

Además de esta celebración, el calendario local incluye las Fiestas Patronales en honor a San Agustín, que se realizan cada 28 de agosto y reúnen a la comunidad en torno a sus tradiciones religiosas.
Hoy, Gouin se posiciona como un destino distinto dentro del interior bonaerense, donde la historia del tren convive con el sabor de sus pasteles y la hospitalidad de un pueblo que, pese a su tamaño, sigue atrayendo miradas.
















