El bar histórico de un pueblo bonaerense que abrió en 1914, sobrevivió al fin del tren y casi nunca cierra

Frente a las vías y sobre la Ruta Provincial 65, el histórico Hotel Molinari de Baigorrita resume más de un siglo de vida bonaerense: inmigración, tren, sobremesas, viajantes y una identidad que resiste al paso del tiempo.

En los años 40' pasó a manos de Alberto Ricardo Molinari
En los años 40' pasó a manos de Alberto Ricardo Molinari Foto: Facebook /conociendo pueblos
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En tiempos de cambios vertiginosos, cierres comerciales y pueblos que luchan por no perder su identidad, todavía existen lugares capaces de frenar el reloj. En Baigorrita, una localidad del partido bonaerense de General Viamonte, el Hotel Molinari sigue siendo mucho más que un bar: es una postal viva de la Argentina del tren, de los inmigrantes y de los negocios familiares que resistieron el paso de más de un siglo. El edificio está frente a la estación ferroviaria, sobre una esquina emblemática del pueblo, y su historia remite a 1914; según testimonios recogidos por LA NACION, el bar es conocido porque solo cierra una vez al año.

Un edificio que nació con el pulso del ferrocarril

Para entender por qué esta esquina conserva tanto peso simbólico, primero hay que mirar la historia del lugar. Baigorrita fue fundada en 1909, después del avance del Ferrocarril Buenos Aires al Pacífico, que impulsó la formación del pueblo y el movimiento económico de la zona. El remate de los lotes se realizó el 2 de mayo de 1909 y la aprobación oficial de los planos llegó el 12 de septiembre de ese mismo año, fecha que se toma como fundación de la localidad. La estación ferroviaria, además, quedó ligada desde el comienzo al crecimiento del paraje agrícola y comercial que más tarde se consolidaría como centro de encuentro regional.

En ese contexto de expansión, el Hotel Molinari apareció como una pieza natural del paisaje ferroviario. La actual guía turística del municipio recuerda que la esquina frente a las vías fue testigo del auge del tren y de la inmigración, y que durante décadas alojó a viajeros, comerciantes y vecinos. No es un detalle menor: en los pueblos nacidos al calor de los rieles, la estación, el almacén y el hotel solían formar una misma red social y económica. Allí se cerraban negocios, se compartían noticias, se esperaba la llegada de familiares y se medía el ritmo del pueblo con el paso de cada formación.

La familia que convirtió al lugar en una institución

La historia del Molinari no se explica sin una familia. De acuerdo con el perfil publicado por LA NACION y con registros locales, Alberto Ricardo Molinari llegó al lugar en la década del 40, empezó a trabajar allí y luego compró el establecimiento. Su hija, Anahí Molinari, quedó ligada desde muy chica a la atención del negocio y con el tiempo se convirtió en la continuidad viva de esa tradición. En una publicación local de 2009 ya se la mencionaba como la heredera de la tarea familiar al frente del hotel, que entonces mantenía nueve habitaciones, además de funcionar como bar y despensa para la comunidad.

El bar histórico de un pueblo bonaerense Foto: Wikipedia

La cocina también fue parte central de esa identidad. Según el relato de LA NACION, la madre de Anahí, Francisca Muñoz, llegada desde Galicia, aportó la dimensión gastronómica que reforzó el prestigio del lugar: pastas caseras, platos abundantes y una lógica de comedor popular que hizo del bar una referencia en la zona. La misma nota señala además que la familia producía parte de sus alimentos a partir del trabajo en una quinta propia, un dato que conecta con una tradición rural muy bonaerense: la de los negocios que no solo vendían, sino que también elaboraban su propia identidad productiva.

Mucho más que un café: hotel, boliche, despensa y punto de encuentro

La potencia histórica del Molinari está en esa mezcla que ya casi no existe. Fue hotel para viajantes, bar de parroquianos, despensa de cercanía y también una especie de sala de espera informal del pueblo. LA NACION reconstruyó que la cafetera humea desde hace unos 80 años, mientras que el municipio destaca que la esquina todavía conserva su fachada original y forma parte del paisaje patrimonial local. En pueblos como Baigorrita, donde la vida comunitaria se organiza alrededor de pocos espacios, un comercio así deja de ser solo un negocio: se transforma en un archivo afectivo.

La persistencia de su arquitectura también explica parte del magnetismo. Una entrevista publicada en 2009 en La Manuela Molina describía al edificio como una construcción de ventanales altos, puertas múltiples y estética de época, con un frente casi intacto pese al avance de la modernidad. Esa resistencia material tiene un valor cultural enorme: no se trata solo de nostalgia, sino de la conservación de una escena urbana cada vez más rara en el interior bonaerense. Cuando un edificio mantiene su fisonomía original durante más de cien años, también conserva una manera de habitar el tiempo.

Baigorrita, un pueblo donde la historia todavía se puede tocar

El caso del Molinari no está aislado: dialoga con la identidad completa de Baigorrita. La localidad, asentada sobre la Ruta Provincial 65, se consolidó históricamente con base en la producción agropecuaria y hoy es presentada por el área de Turismo municipal como un pueblo de fuerte identidad gastronómica. A ese mapa se suman otros hitos que ayudan a completar la escena histórica, como el Club Social y Deportivo Baigorrita, fundado en 1926, o el Cine Teatro Italiano, cuyo edificio conserva su fachada de 1924. Esa densidad institucional muestra que el Molinari no es una rareza aislada, sino parte de una trama comunitaria que todavía dialoga con su pasado.

Baigorrita fue fundada en 1909 Foto: @vivopueblo.ar

También por eso la historia del bar despierta tanto interés: porque condensa una Argentina reconocible. La del ferrocarril como motor, la de los inmigrantes que levantaron negocios familiares, la de los viajantes que hacían noche en hoteles de ruta y la de los pueblos donde el café no era una moda, sino un ritual social. Incluso con el paso del tiempo, la esquina del Molinari siguió funcionando como un punto de referencia para vecinos y visitantes, una cualidad que el turismo local recupera al ubicarlo entre los sitios emblemáticos de Baigorrita.

Por qué este bar de 1914 sigue fascinando en pleno siglo XXI

Hay edificios antiguos, pero también hay lugares con memoria activa. El Hotel Molinari pertenece a esa segunda categoría. No sobrevive solo por su antigüedad, sino porque nunca dejó de tener un sentido para la comunidad. Mientras muchos pueblos perdieron sus hoteles ferroviarios, sus bares de esquina o sus comercios históricos, este espacio logró mantenerse como una síntesis de la vida local: café, conversación, paso de viajeros, productos regionales y una fachada que sigue contando la misma historia desde hace más de un siglo.

Historia del Molinari Foto: La Nación

En un ecosistema digital donde casi todo dura segundos, historias como esta vuelven a captar atención porque ofrecen algo distinto: raíces, identidad y permanencia. Y tal vez ahí esté el secreto de su vigencia. En Baigorrita, frente a unas vías que marcaron el destino del pueblo, todavía existe un bar nacido en 1914 que se niega a convertirse en recuerdo. Más que un comercio, es una forma de narrar la historia argentina desde una simple taza de café.