Una joya del Tren Patagónico: el pueblo que esconde pinturas rupestres de 800 años y tiene paisajes únicos

Ubicado sobre la Ruta Nacional 23 y conectado por el Tren Patagónico, Ramos Mexía es uno de los secretos mejor guardados de Río Negro: combina historia ferroviaria, turismo rural y un circuito arqueológico con pinturas rupestres de hasta 800 años.

Postales de Ramos Mexía, en la estepa de Río Negro
Postales de Ramos Mexía, en la estepa de Río Negro Foto: Turismo Río Negro
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En el corazón de la estepa rionegrina, Ramos Mexía emerge como un destino inesperado dentro del recorrido del Tren Patagónico, donde la historia, la naturaleza y las huellas de culturas ancestrales conviven en un mismo paisaje. Este pequeño pueblo sorprende con pinturas rupestres milenarias y vistas únicas de la Meseta de Somuncurá.

El origen de Ramos Mexía y sus primeros pobladores

El origen del lugar se remonta a 1883, cuando surgió el asentamiento conocido como Pichi Malal, un término de raíz araucana que describe una hondonada natural en el valle fértil del Bajo de Ramos. Allí vivieron grupos originarios y, más tarde, familias pioneras que fundaron formalmente el poblado el 10 de noviembre de ese año.

Postales de Ramos Mexía, en la estepa de Río Negro
Postales de Ramos Mexía, en la estepa de Río Negro Foto: Turismo Río Negro

El nombre actual homenajea a Ezequiel Ramos Mexía, figura clave en el impulso de la obra pública y el desarrollo ferroviario en la Patagonia. Ese legado marcaría el rumbo del pueblo durante décadas.

Bajo de Ramos: un oasis natural en la estepa patagónica

El Bajo de Ramos es uno de los paisajes más característicos de la zona: un valle rodeado de bardas con vertientes naturales que lo convierten en un oasis dentro del entorno árido. Su geografía ondulada favoreció históricamente los asentamientos humanos.

Hoy es el epicentro del turismo rural, con chacras productivas y actividades al aire libre. En este entorno es posible observar guanacos, llamas y cabras, además de recorrer senderos que cruzan pequeños valles y zonas de vegetación autóctona.

Pinturas rupestres y arqueología en Cerro Redondo

Uno de los principales atractivos del destino es el Cerro Redondo, donde se conservan pinturas rupestres de entre 500 y 800 años de antigüedad, vinculadas a pueblos tehuelches. El sitio también alberga chenques (tumbas indígenas) y estructuras de piedra.

Estos vestigios forman parte del circuito Pichi Malal, considerado uno de los recorridos arqueológicos más completos de Río Negro. Incluye paradas en sectores como Corral Chico y Corral Grande, utilizados históricamente para la caza.

Actividades para hacer en Ramos Mexía

La localidad ofrece una experiencia ideal para quienes buscan naturaleza y tranquilidad. Entre las opciones más destacadas aparecen el trekking por senderos señalizados, el eco-ciclismo en caminos rurales y las cabalgatas guiadas.

Uno de los recorridos más elegidos es el Mirador El Bajo, un sendero corto que permite obtener vistas panorámicas del valle. También hay safaris fotográficos y visitas a establecimientos rurales que combinan producción y turismo.

Postales de Ramos Mexía, en la estepa de Río Negro
Postales de Ramos Mexía, en la estepa de Río Negro Foto: Turismo Río Negro

La infraestructura se completa con propuestas como Tunquelén, un complejo con dormis, camping, gastronomía y excursiones guiadas para descubrir los rincones del Bajo y la meseta.

Tren Patagónico: cómo llegar y por qué elegirlo también en invierno

La historia moderna del pueblo está profundamente ligada al ferrocarril. La estación fue inaugurada en 1910 tras la sanción de la ley de Fomento de los Territorios Nacionales, que impulsó la expansión de las vías en la Patagonia.

Postales de Ramos Mexía, en la estepa de Río Negro
Postales de Ramos Mexía, en la estepa de Río Negro Foto: Turismo Río Negro

Actualmente, Ramos Mexía cuenta con paradas del Tren Patagónico, que conecta distintos puntos de la región y sigue siendo una de las formas más atractivas de llegar. Está ubicado sobre la Ruta Nacional 23, a 439 kilómetros de Bariloche y 327 de Viedma.

Viajar en tren resulta especialmente recomendable en invierno, cuando la estepa se cubre de nieve y ofrece postales únicas. Además, permite disfrutar del paisaje de forma segura y cómoda, con una experiencia ferroviaria que suma valor turístico al recorrido.