
La historia de La Brigada comenzó con el esfuerzo de un joven mendocino que llegó a Buenos Aires detrás de un sueño futbolístico. Con el tiempo, transformó su experiencia en las cocinas en uno de los restaurantes más conocidos de San Telmo, visitado por estrellas internacionales a lo largo de los años.
Buenos Aires está llena de bodegones que guardan secretos detrás de sus puertas. Algunos nacieron como almacenes, otros fueron puntos de encuentro de trabajadores y muchos sobrevivieron a las grandes transformaciones de la ciudad. Sin embargo, pocos tienen una historia tan particular como La Brigada, la parrilla porteña donde los mozos demuestran la terneza de la carne cortándola con una cuchara.
De trabajar como lavacopas a tener su propio bodegón
El restaurante abrió en 1992, en Estados Unidos 465, en pleno corazón de San Telmo. Su creador fue Hugo Echevarrieta, un mendocino que llegó a la Capital Federal impulsado por el fútbol, pero terminó encontrando su destino entre platos, brasas y cortes vacunos.
Durante su juventud trabajó junto a su padre en la cosecha de uvas. Al mismo tiempo, desarrolló su pasión por la pelota y llegó a debutar en la primera división de Godoy Cruz cuando tenía apenas 16 años. Más tarde viajó a Buenos Aires para probarse en Atlanta, aunque una dificultad administrativa vinculada con el cierre del libro de pases frustró aquella oportunidad.

Ante la necesidad de mantenerse, comenzó a trabajar como lavacopas. Después aprendió a preparar ensaladas y realizó tareas dentro de la cocina hasta acercarse a la parrilla. Su aprendizaje continuó en La Raya, un restaurante de San Cristóbal donde comprendió que un buen asado depende de la calidad de la carne, el manejo del fuego, la paciencia y el punto de cocción.
El ritual que convirtió a La Brigada en una parrilla famosa
La experiencia acumulada durante esos años le permitió inaugurar La Brigada en una zona marcada por casas, mercados, bares y calles adoquinadas. Con el tiempo, el lugar se convirtió en una referencia gastronómica de CABA y desarrolló una identidad asociada con dos grandes pasiones argentinas: el asado y el fútbol.
Uno de sus rasgos más llamativos es el ritual de cortar determinados cortes con una cuchara frente a los comensales. La demostración busca exhibir la terneza de la carne y terminó convirtiéndose en una de las imágenes más reconocibles del restaurante. El servicio también forma parte del espectáculo.

La carta reúne clásicos de la parrilla argentina, como chinchulines de chivito, mollejas y distintos cortes vacunos. A esto se suma una selección de vinos nacionales pensada para acompañar cada plato y completar una experiencia ligada a las costumbres tradicionales del país.
Un museo futbolero escondido en San Telmo
El interior de La Brigada también sorprende por su decoración. Sus paredes están cubiertas con camisetas firmadas, fotografías, banderines y objetos relacionados con la historia del fútbol. Por esa colección, sus salones parecen un pequeño museo popular en el que cada rincón conserva un recuerdo diferente.
La ambientación refleja la pasión deportiva de Echevarrieta, hincha de Independiente y admirador de Ricardo Bochini. A lo largo de los años, la parrilla recibió a jugadores, artistas y personalidades internacionales. Entre sus visitantes se mencionan Lionel Messi, Diego Maradona, Novak Djokovic, Sting y el rey emérito Juan Carlos de España.

Pese a su fama, el establecimiento mantiene una característica esencial de los bodegones porteños: combina la presencia de turistas y celebridades con la atención de vecinos y clientes habituales. Esa convivencia ayudó a sostener su identidad durante más de tres décadas.
Cómo llegar a La Brigada
La parrilla está ubicada en Estados Unidos 465, cerca de la avenida Independencia y del circuito histórico de San Telmo. Su localización permite completar la visita con un paseo por el Mercado de San Telmo, Plaza Dorrego y las construcciones del casco porteño.
Desde su apertura en 1992, La Brigada logró transformar una historia de esfuerzo personal en una postal gastronómica de Buenos Aires. Detrás del célebre corte con cuchara permanece el recorrido de un joven que comenzó desde abajo, aprendió cada oficio de la cocina y construyó uno de los bodegones más singulares de CABA.

















