
La Selección argentina brilla, sufre y lucha en el Mundial 2026 y la ilusión de la cuarta estrella continúa más firme que nunca.
Y todo esto tiene un origen: los clubes de barrio, a lo largo y ancho del país, que siguen nutriendo al fútbol argentino y luego, a la Albiceleste.
Porque, más allá de las grandes luces de los principales clubes del mundo, todo comenzó en los humildes arcos y pelotas de la zonas cercanas a cada ídolo de la Scaloneta.
Desde Messi en Rosario a Dibu Martínez en Mar del Plata, pasando por los primeros goles de Lautaro Martínez en Bahía Blanca al largo recorrido de los cordobeses, que son mayoría en la Selección que dirige Lionel Scaloni.
“Cuti Romero desde los 8 años estuvo oliendo tobillos rivales en San Lorenzo de Córdoba, del barrio Las Flores. Luego fue a probar suerte a Talleres de esa provincia, no encontró lugar y terminó jugando en Belgrano, donde la rompió toda. Lo de Nicolas Otamendi es diferente. Desde los 8 jugó en Vélez Sarsfield, pero tuvo su paso obligado por un club de barrio de El Talar (Tigre) de donde es oriundo, llamado Club Barrio Nuevo de San Fernando y por otro de Devoto llamado Villa Real”, reza un viejo post de la cuenta de X, Club de Hilos de Fútbol (@clubhilosfutbol).

“Rodrigo De Paul se crió y aprendió todo lo que sabe en Belgrano de Sarandí. Leandro Paredes, en una Sociedad de Fomento llamada La Justina en San Justo, provincia de Buenos Aires. Enzo Fernández, en el Club La Recova de Villa Lynch. Ni hablar del mega crack de Lionel Messi que hizo sus primeros milagros en el hermoso Club Abanderado Grandoli de la ciudad de Rosario”, continúa el relato de la cuenta con muchos seguidores futboleros en la ex red social del pajarito.
“Los “9 de área” de la Scaloneta también salieron de clubes de barrio. Lautaro Martínez, de Liniers de Bahía Blanca, y Julián Álvarez en el Club Calchín de la localidad homónima situada en la provincia de Córdoba", completa, mencionando solo algunas de las 26 historias ligadas al origen de los ídolos de hoy, que fueron chicos con ilusiones años atrás.

Hoy, otros niños sueñan en esas mismas canchas y, en muchos años, serán la esperanza de un nuevo título en una Copa del Mundo.
Por Matías Greisert
X: @MatíasGreisert














