La Selección Argentina sigue con vida en el Mundial 2026, aunque el boleto a octavos de final llegó con mucho más desgaste del esperado. El equipo dirigido por Lionel Scaloni venció 3-2 a Cabo Verde en el Hard Rock Stadium de Miami, luego de un partido dramático que se definió en el tiempo suplementario. El encuentro terminó 1-1 en los 90 minutos y recién se resolvió en la prórroga, con una aparición decisiva de Cristian “Cuti” Romero.
Argentina estuvo dos veces arriba en el marcador, pero Cabo Verde respondió con personalidad y obligó al campeón del mundo a jugar al límite. Lionel Messi abrió el resultado en el primer tiempo, Deroy Duarte empató en el complemento, Lisandro Martínez volvió a poner en ventaja a la Albiceleste en el alargue y Sidny Lopes Cabral igualó con un golazo antes del tanto definitivo de Romero.
Messi apareció, pero Argentina no logró cerrar el partido
El primer gran golpe argentino llegó después de la pausa de hidratación. Lisandro Martínez lanzó un pase largo perfecto para Lionel Messi, que controló dentro del área y definió ante la salida del arquero Vozinha para marcar el 1-0. El capitán volvió a ser determinante en un cruce de eliminación directa y aumentó su registro goleador en Copas del Mundo.
Sin embargo, el gol no le dio a Argentina la tranquilidad que necesitaba. Durante varios pasajes, el equipo tuvo la pelota, pero le faltó profundidad, velocidad y precisión en los últimos metros. Cabo Verde se sostuvo con orden, esperó su momento y encontró premio en el segundo tiempo con el empate de Deroy Duarte, que cambió por completo el clima del partido.
La reacción caboverdiana expuso una de las grandes preocupaciones de la noche: Argentina no pudo administrar la ventaja. Cuando parecía que el partido estaba encaminado, el rival encontró espacios, ganó confianza y llevó la serie a un terreno incómodo para la Scaloneta.
El alargue fue una montaña rusa para la Selección
El tiempo suplementario comenzó con alivio argentino. Lisandro Martínez, una de las figuras del partido, apareció en el área para marcar el 2-1 en el inicio de la prórroga. Parecía el golpe necesario para quebrar definitivamente la resistencia africana, pero Cabo Verde volvió a demostrar que no estaba dispuesto a despedirse sin pelear hasta el final.
A los pocos minutos, Sidny Lopes Cabral sacó un remate espectacular para el 2-2 y encendió todas las alarmas. Argentina quedó otra vez contra las cuerdas, con signos de cansancio físico y mental. La posibilidad de los penales empezó a sentirse cada vez más cerca, hasta que apareció una pelota parada salvadora.
Cuti Romero evitó los penales y desató el desahogo argentino
Cuando el partido se acercaba peligrosamente a la definición desde los doce pasos, Lionel Messi ejecutó un córner y Cuti Romero ganó de cabeza para sellar el 3-2. Algunas crónicas marcaron que la pelota tuvo un desvío en Diney Borges, pero la jugada quedó instalada como el cabezazo que sostuvo a Argentina en el Mundial.
Ese gol fue mucho más que una ventaja en el marcador. Fue un desahogo colectivo. Argentina pasó de estar al borde de una eliminación histórica a celebrar una clasificación sufrida, trabajada y necesaria. El abrazo de los jugadores reflejó una mezcla de alivio, cansancio y advertencia: el Mundial no perdona desconexiones.
Una señal de alarma antes de enfrentar a Egipto
La victoria dejó una lectura doble. Por un lado, Argentina mostró carácter, jerarquía y capacidad de respuesta en un contexto adverso. Por otro, el equipo sufrió demasiado ante un rival que, más allá de su gran actuación, llegaba como una de las sorpresas del torneo y estuvo cerca de llevar al campeón a los penales. ¿
El próximo desafío será Egipto, que avanzó tras eliminar a Australia por penales, y el partido se jugará en Atlanta. Para Scaloni, el triunfo ante Cabo Verde puede funcionar como una alarma a tiempo: corregir pérdidas, sostener ventajas, ajustar la presión y recuperar frescura física serán claves para seguir en carrera.
Argentina ganó. Argentina avanzó. Pero también entendió que, en este Mundial, ningún partido se gana con la camiseta ni con la historia. La Scaloneta sigue viva, aunque el mensaje que dejó Miami fue claro: para defender la corona, también habrá que aprender a sufrir.








