
Durante más de tres décadas, el predio ubicado en Andrés Bello 5950, en el corazón del barrio porteño de Palermo, fue sinónimo de abandono. Sin embargo, ese espacio que alguna vez albergó al emblemático Hostal del Lago (también conocido como Hostal del Ciervo) atraviesa hoy una transformación profunda que lo devuelve al mapa cultural y gastronómico de la Ciudad de Buenos Aires.
El lugar, que ocupa casi una hectárea a orillas del Lago Regatas dentro del Parque Tres de Febrero, supo ser durante años un punto de encuentro social. Administrado bajo concesión municipal, funcionó como restaurante y salón de fiestas hasta mayo de 1989, cuando el contrato venció y el predio quedó librado a su suerte. Desde entonces, su deterioro se convirtió en una postal del desgaste urbano.
Historia del Hostal del Lago y su valor patrimonial en Palermo
La historia del predio se remonta a fines del siglo XIX, cuando formó parte del sistema de parques diseñado por el paisajista francés Carlos Thays. En este contexto, sus construcciones de hierro y vidrio respondían a una lógica funcional: lejos de lo ornamental, estaban concebidas como espacios de experimentación botánica integrados al paisaje.

El conjunto de 5.700 metros cuadrados fue durante décadas una pieza clave dentro del pulmón verde porteño. Sin embargo, tras el cierre del hostal en 1989, el edificio quedó en estado de abandono durante más de 30 años, con estructuras deterioradas y materiales en riesgo de pérdida definitiva.
Casa Futuro: la renovación del predio histórico de Andrés Bello 5950
La recuperación comenzó hace tres años, cuando el Gobierno porteño lanzó una licitación para poner en valor el espacio. Allí apareció la figura de Agustín Schlesinger, emprendedor y director creativo de Avant Garten, quien, tras descubrir el lugar en una recorrida por los bosques de Palermo, decidió impulsar un proyecto integral de regeneración.
Su propuesta, Casa Futuro, fue seleccionada y se convirtió en el puntapié de una transformación que demandó más de un año de obras. El principio rector fue claro: recuperar antes que reemplazar. Se renovaron instalaciones eléctricas y pluviales, se restauraron carpinterías de hierro y se incorporaron materiales contemporáneos como madera de laurel, iluminación LED y aislación con celulosa vegetal.

Uno de los hitos fue la restauración del invernadero que, a pesar de su deterioro, se conservó en lugar de demolerse. “Fue un trabajo casi artesanal”, describió Schlesinger, destacando la combinación entre reconstrucciones completas y tareas de restauración minuciosa sobre materiales originales.
Actividades culturales y gastronomía sustentable en Casa Futuro
Hoy, el espacio funciona como un ecosistema que combina cultura, educación ambiental y gastronomía. La propuesta reúne a productores y emprendedores como Corte (carnicería y parrilla), ÖSS Kaffe (café de especialidad), Atelier Fuerza (panadería de masa madre), Enófilo (vinoteca), Francisca del Fuego (pizza al horno de barro), además de proyectos agroecológicos como Don Pacho y La Tandilera.

El criterio de selección responde a valores como el oficio, la trazabilidad y la producción responsable. A su vez, Casa Futuro suma una fuerte impronta pedagógica con talleres, música en vivo, clases de yoga, cine y encuentros con la Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo de la UBA.
La huerta educativa, desarrollada junto a la ONG Germinar, completa la propuesta con un enfoque de educación ambiental y producción sustentable. De este modo, lo que alguna vez fue un predio olvidado se consolida como un nuevo nodo urbano que integra historia, naturaleza y vida contemporánea, redefiniendo el uso del espacio público en la ciudad.



















