
En abril de 1987, la avenida 9 de Julio dejó de ser una arteria de tránsito para convertirse en una iglesia a cielo abierto. La visita de Juan Pablo II reunió a una multitud frente al Obelisco y dejó una postal histórica.
El 12 de abril de 1987, Domingo de Ramos, una multitud estimada por distintas crónicas entre más de 750.000 y cerca de un millón de personas se congregó en el centro de Buenos Aires para escuchar al Papa. La Argentina llevaba poco más de tres años de democracia y recibía otra vez al pontífice.
Cuando la avenida 9 de Julio se transformó en una iglesia gigantesca
El acontecimiento empezó el sábado 11 de abril, con una vigilia juvenil que incluyó canciones, testimonios y momentos de oración. Jóvenes llegados desde distintas provincias y otros países ocuparon la avenida, donde ya no circulaban automóviles.

Al día siguiente, Juan Pablo II presidió allí la misa del Domingo de Ramos, que recuerda la entrada de Jesús en Jerusalén y marca el inicio de la Semana Santa. El Obelisco fue el telón de fondo de la celebración.
Las imágenes muestran una concentración extraordinaria. La 9 de Julio había cambiado de función por unas horas: de avenida emblemática a lugar de encuentro religioso para cientos de miles de personas.
Por qué Buenos Aires recibió a jóvenes de todo el mundo en 1987
La misa fue el cierre de la segunda Jornada Mundial de la Juventud y de la primera edición internacional de ese encuentro celebrada fuera de Roma. Juan Pablo II impulsaba la iniciativa para dialogar con las nuevas generaciones.
Los antecedentes se remontaban a 1984, cuando numerosos jóvenes participaron en Roma de las celebraciones del Año Santo de la Redención. Un nuevo encuentro tuvo lugar en 1985 y luego se instituyó la Jornada Mundial de la Juventud.

Buenos Aires fue elegida como sede para 1987. Su lema, inspirado en la primera carta de San Juan, fue «Nosotros hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos creído en él». El himno «Un nuevo sol» acompañó las celebraciones, junto con una cruz que el Papa había confiado a los jóvenes para llevar por el mundo.
Una visita atravesada por la democracia y la memoria de Malvinas
El viaje tenía también un significado histórico. Juan Pablo II había estado en la Argentina el 11 y 12 de junio de 1982, durante la Guerra de Malvinas, y había celebrado una misa en la Basílica de Luján. Cinco años más tarde encontró un país diferente: Raúl Alfonsín gobernaba desde diciembre de 1983 y la recuperación democrática continuaba su camino.

También estaba fresco el recuerdo del conflicto limítrofe con Chile por el canal de Beagle. La mediación de la Santa Sede había contribuido a una salida diplomática, reflejada en el Tratado de Paz y Amistad de 1984.
Durante su visita del 6 al 12 de abril de 1987, el Papa recorrió distintas ciudades argentinas, entre ellas Córdoba, Salta, Tucumán, Mendoza y Rosario. Su mensaje insistió en la paz, la solidaridad y el compromiso con los demás, en una sociedad todavía marcada por las heridas de la dictadura.
La imagen que Buenos Aires conserva 39 años después
La celebración terminó con una oración vinculada a la Virgen de Luján, patrona de la Argentina. Después, el tránsito volvió y la avenida recuperó su rutina.

Juan Pablo II murió en 2005 y fue canonizado en 2014, pero las fotografías de aquella multitud siguen circulando. En ellas, el centro porteño aparece irreconocible: donde normalmente pasan autos y colectivos, una multitud convirtió la avenida 9 de Julio en un templo sin paredes. Esa es la imagen que permanece, 39 años después, como testimonio de un acontecimiento excepcional.


















