Crisis energética: el país asiático que construirá 10 megaparques solares para reducir su dependencia del gas y petróleo
La nación depende en gran medida del crudo y del gas natural provenientes de Medio Oriente, una vulnerabilidad que volvió a quedar expuesta tras las recientes tensiones geopolíticas. Actualmente, posee una de las menores tasas de generación renovable.

La guerra en Medio Oriente comenzó a generar un efecto cada vez más visible sobre las políticas energéticas de Asia. En ese contexto, Corea del Sur anunció un ambicioso plan para construir 10 nuevos megaparques solares antes de 2030, con el objetivo de reducir su dependencia de los combustibles fósiles importados y fortalecer su seguridad energética frente a un escenario internacional cada vez más inestable.
El anuncio fue confirmado por el Ministerio de Medioambiente surcoreano, que detalló que el país buscará expandir su capacidad renovable hasta alcanzar los 100 gigavatios (GW) hacia el final de la década. La decisión llega en un momento de fuerte preocupación global por las interrupciones en el suministro energético internacional y la volatilidad de los precios del gas y petróleo.
Guerra en Medio Oriente y crisis energética global
Corea del Sur depende en gran medida del crudo y del gas natural provenientes de Medio Oriente, una vulnerabilidad que volvió a quedar expuesta tras las recientes tensiones geopolíticas en la región. Uno de los principales focos de alarma para Seúl fue la situación en el estrecho de Ormuz, uno de los corredores marítimos más estratégicos del planeta para el comercio mundial de energía.

Frente a este escenario, el gobierno surcoreano decidió acelerar proyectos vinculados a generación renovable y redefinir parte de su estrategia energética nacional. “El enfoque de seguridad energética ahora se centra particularmente en las renovables como respuesta a la crisis energética causada por la guerra en Oriente Medio”, señaló el Ministerio de Medioambiente en un comunicado oficial.
Megaparques solares y expansión de energías renovables
Actualmente, Corea del Sur posee una de las menores tasas de generación renovable entre los países de la OCDE. Según cifras oficiales, apenas el 11,4% de la electricidad producida durante el último año provino de fuentes renovables. El nuevo plan apunta a elevar esa participación hasta el 30% para 2035 y posicionar al país entre los diez principales del mundo en capacidad instalada acumulada de energías limpias.
La estrategia incluye no solo la construcción de los 10 megaparques solares, sino también una expansión masiva de paneles solares en infraestructura urbana e industrial. Entre las medidas más destacadas aparece la obligatoriedad de incorporar techos solares en nuevas fábricas y edificios industriales, una política que busca multiplicar rápidamente la capacidad de generación distribuida.

Además, el gobierno surcoreano pretende reducir el costo de producción de energía renovable para volverla más competitiva frente al gas natural. La meta oficial es que, hacia 2035, generar electricidad mediante fuentes renovables resulte más barato que hacerlo con gas.
Seguridad energética y transición ecológica en Asia
El plan forma parte de una tendencia más amplia en Asia. Varios países de la región comenzaron a revisar sus matrices energéticas tras el fuerte aumento internacional de los precios del gas y petróleo provocado por el conflicto en Medio Oriente.
Las tensiones geopolíticas, sumadas a los riesgos logísticos sobre rutas estratégicas de abastecimiento, reactivaron debates sobre soberanía energética, diversificación de fuentes y transición hacia modelos menos dependientes de los combustibles fósiles.

En paralelo, Corea del Sur también buscará acelerar inversiones en almacenamiento energético e infraestructura eléctrica para sostener una participación cada vez mayor de energías renovables dentro de su sistema nacional.
El anuncio de Seúl refleja un cambio de enfoque que ya empieza a replicarse en distintas economías importadoras de energía: la transición ecológica dejó de ser solamente una cuestión ambiental y comenzó a consolidarse como una herramienta de estabilidad económica y seguridad geopolítica frente a un mundo atravesado por conflictos e incertidumbre energética.


















