
El riesgo de fenómenos extremos vinculados al retroceso de los glaciares volvió a quedar bajo la lupa después de la devastadora tragedia ocurrida en el Himalaya. En los Andes peruanos, las autoridades reforzaron la vigilancia de lagunas de alta montaña que podrían generar desbordes, aluviones y avalanchas capaces de afectar a las poblaciones ubicadas aguas abajo.
El dato que encendió las alertas es contundente: Perú identificó 528 lagunas glaciares con riesgo de desborde y 58 de ellas fueron clasificadas con un nivel de riesgo muy alto. La mayoría se encuentra en los departamentos de Áncash y Cusco.

Sin embargo, esto no significa que las 58 lagunas estén a punto de desbordarse. La clasificación corresponde a una evaluación de riesgo y sirve para determinar dónde es necesario reforzar la vigilancia y las medidas de prevención.
Tres lagunas de los Andes ya son monitoreadas en tiempo real
Entre las zonas consideradas prioritarias se encuentran Palcacocha, en Áncash; Gangrajanca, en Huánuco; y Upiscocha, en Cusco.
Las tres cuentan con sistemas que permiten obtener información en tiempo real mediante sensores y seguir variables que podrían anticipar cambios peligrosos en las condiciones de las lagunas.
Según el Instituto Nacional de Investigación en Glaciares y Ecosistemas de Montaña (INAIGEM), Upiscocha es actualmente la laguna glaciar considerada de mayor riesgo de desborde del país.

El objetivo es contar con información que permita mejorar los tiempos de respuesta frente a eventuales movimientos de hielo, rocas, agua o sedimentos.
¿Qué puede provocar el desborde de una laguna glaciar?
El peligro no se encuentra únicamente en la cantidad de agua acumulada. Las lagunas glaciares suelen estar rodeadas o contenidas por depósitos naturales de roca, tierra, hielo y sedimentos. Si una avalancha de hielo o roca cae dentro del cuerpo de agua, puede provocar un desplazamiento repentino del líquido y generar una ola capaz de superar las barreras naturales.
El resultado puede ser un aluvión, una corriente de agua mezclada con barro, rocas, hielo y otros materiales que desciende rápidamente por las quebradas y puede alcanzar zonas pobladas. Por eso, el monitoreo busca detectar cambios antes de que un fenómeno de estas características se transforme en una emergencia.

Nepal: la tragedia que volvió a poner el foco sobre los glaciares
La preocupación se intensificó después del desastre ocurrido el 26 de agosto de 2026 en la frontera entre Nepal y China. El colapso de un glaciar desencadenó una enorme corriente de agua, hielo, rocas y sedimentos que afectó poblaciones e infraestructura en la región. El fenómeno provocó inundaciones repentinas y dejó un saldo devastador.
Según el último balance difundido por las autoridades nepalesas y reportado por Reuters, al menos 1.399 personas murieron y unas 5.200 continúan desaparecidas. Las tareas de búsqueda siguen activas, aunque las condiciones del terreno montañoso dificultan las operaciones.
Tecnología para anticipar aluviones en los Andes
En Perú, el monitoreo de las lagunas se complementa con herramientas destinadas a detectar movimientos de masa en las quebradas.
El Instituto Geofísico del Perú (IGP) trabaja con el sistema MOFLU-IGP, diseñado para realizar vigilancia en tiempo real de fenómenos como huaicos, aluviones y flujos de detritos.
La herramienta fue implementada en cinco quebradas consideradas prioritarias en Áncash: Cojup, Llaca, Mancos, Tinco y Llanganuco. El objetivo es generar información que permita mejorar la detección de fenómenos peligrosos y contribuir a los sistemas de alerta temprana.
De esta manera, el seguimiento no se limita a observar el nivel de una laguna, sino que también contempla los posibles movimientos que podrían desencadenar un flujo de agua y sedimentos hacia las zonas bajas.

El antecedente que todavía preocupa: la tragedia de Yungay
Perú tiene además un antecedente histórico que explica por qué los especialistas mantienen especial atención sobre los glaciares de la Cordillera Blanca.
El 31 de mayo de 1970, un terremoto provocó un gigantesco desprendimiento en el nevado Huascarán. Una avalancha compuesta por hielo, roca, nieve y tierra descendió por la montaña y sepultó la ciudad de Yungay, además de afectar a Ranrahirca.
El episodio dejó miles de víctimas y se convirtió en uno de los mayores desastres asociados a movimientos de masa registrados en los Andes.
¿Por qué aumentó la preocupación por las lagunas glaciares?
El retroceso de los glaciares modifica el paisaje de alta montaña y puede favorecer la formación y expansión de lagunas. Al mismo tiempo, las masas de hielo y las estructuras que las contienen pueden volverse más inestables.

Esto no significa que cada laguna glaciar represente una amenaza inmediata. El riesgo depende de factores como el volumen de agua, la estabilidad de sus diques naturales, la topografía, la presencia de glaciares cercanos y la exposición de las poblaciones ubicadas aguas abajo.
Por eso, el seguimiento de las 58 lagunas clasificadas con riesgo muy alto forma parte de una estrategia de prevención destinada a conocer mejor su comportamiento y detectar posibles señales de peligro antes de que se produzca un desborde.




















