
Santiago del Estero, “madre de ciudades”, es famosa por su historia, su cultura y su música emblemática: la Chacarera. Fundada un 25 de julio de 1553 por el “hidalgo” Francisco de Aguirre, fue la primera ciudad erigida por los conquistadores españoles en el actual territorio argentino que aún subsiste.
Y pese a ser una capital de provincia, sus barrios tranquilos y de casas bajas conservan un aire de pueblo al punto de que, al buscar una dirección, no hace falta decir la calle y el número, sino el apellido de la familia que allí vive.
Entre sus varios atractivos, como la Catedral Basílica de arquitectura barroca; el Museo del Bicentenario; el Estadio Madre de Ciudades y el parque Aguirre, frente al Río Dulce, se destaca un lugar imperdible para aquellos que aman la música folklórica: el legendario Patio del Indio Froilán, donde el propio Froilán se sienta cada tarde a fabricar bombos legüeros.
El Patio abrió sus puertas en 1997 cuando el luthier José Froilán González organizó un festejo con guitarras y amigos para celebrar el cumpleaños de su sobrino. La fiesta, con bombos, música y baile, duró todo el día hasta el anochecer, y los comensales volvieron al domingo siguiente, en lo que pronto se convirtió en una cita de culto con el folklore y las tradiciones.
El Patio del Indio Froilán, refugio de la cultura popular
Las reuniones pasaron a convocar a miles de visitantes locales y turistas, que se enteraban por el boca a boca de la existencia de este singular espacio para cantar, bailar, comer empanadas y hacer amigos.



Y así, el típico patio de tierra con árboles autóctonos, quinchos y mesas de madera, creció hasta convertirse en un icónico punto de encuentro, famoso por sus peñas dominicales y la tradicional Marcha de los Bombos que parte de allí cada mes de julio, en una fecha cercana a la de la fundación de Santiago.
Hoy el Patio del Indio, en el barrio Boca del Tigre, en las afueras de Santiago, es un refugio para la cultura y la economía popular. Cada cual puede llevar su comida y sus instrumentos, y armar su propia “peña” en paralelo al escenario principal, conducido y organizado el cronograma de shows por Tere Castronuovo, la inseparable compañera de Froilán.
La entrada es libre y gratuita. Alrededor del patio hay cantinas y locales de artesanos, que con lo recaudado contribuyen al pago de los artistas que se suben al escenario: desde músicos amateurs a figuras consagradas como Peteco Carabajal o Rally Barrionuevo.
El taller del indio
Uno de los espacios más importantes del patio es, por obvias razones, el taller del Indio Froilán. En realidad, se trata de un árbol a cuya sombra el legendario luthier fabrica sus famosos bombos, totalmente artesanales y personalizados.

De pocas palabras, pero una gran calidez y simpatía, el Indio suele sentarse en su taller a armar sus bombos por las tardes, y contesta con sencillez y paciencia las preguntas de los curiosos.
Fabricar un bombo puede llevar dos o tres meses, y a veces más, teniendo en cuenta los tiempos de secado de la madera (el “corazón” del bombo) y los parches de cuero, de cuyo tensado depende la afinación del instrumento.
“Con un tronco de ceibo y cuero de cabra adulta se puede hacer un bombo”, dice el Indio Froilán, como si fuera fácil, develando un arte que él aprendió de chico y hoy domina como nadie. Sus bombos suenan en el escenario de artistas como Gustavo Santaolalla, Los Carabajal, Shakira, Los Tekis, Abel Pintos y Soledad, entre otros.
De medio de comunicación a instrumento musical: el paso a paso de un bombo legüero
“Para nuestros pueblos originarios, el bombo no era un instrumento musical sino un medio de comunicación, porque su sonido podía escucharse a una legua de distancia (aproximadamente, cinco kilómetros). Era como el celular de ellos”, explicó en una entrevista el Indio Froilán, descendiente él mismo de la etnia Tonocoté.

Si bien los bombos del indio son los más famosos, hay muchos artesanos y luthiers en Santiago que se dedican a este oficio, como Arturo Luna y Rafael Villagrán, docentes y artesanos de Colonia Pellegrini, al Noroeste de Santiago.
Ellos cuentan algunos pormenores de la elaboración de este instrumento. “El cuerpo del bombo se fabrica con troncos de ceibo, un árbol que crece en ambientes inundables”, cuenta Luna. “Su madera es blanda cuando está mojada, y muy dura cuando se seca. Puede durar siglos si se lo conserva en un ambiente seco, sin exponerlo al sol y a las lluvias”, señala Villagrán.
“El primer paso consiste en cortar los troncos en porciones de 50 centímetros. Luego se los ahueca con una barreta, en forma lenta y progresiva. Cuando está casi seco se le pasa un cepillo. No es recomendable pintarlo, porque pierde sonoridad”, recomienda.

Los aros son de quebracho blanco maduro (de más de 50 años), que se va mojando y comprimiendo hasta lograr la forma esférica. Finalmente, se lo une con clavos pequeños y se hacen oficios para las correas. El parche es de cuero de cabra o chivo (el cual lleva un tratamiento especial) y los palillos son de quebracho blanco o churqui.
Luego del tensado del parche se procede a la afinación, tarea que debe hacerse con cuidado, recomienda el luthier. Una vez terminado y afinado el bombo, debe desjarse colgado en forma horizontal en un lugar fresco y a la sobra, uno o dos días, y así estará listo para tocar.





















