
La posibilidad de que la Fórmula 1 vuelva a la Argentina dejó de ser apenas una nostalgia de archivo y empezó a convertirse en un proyecto concreto. El gran motor de esa ilusión es hoy el Autódromo Oscar y Juan Gálvez, que ya se encuentra en plena transformación con una obra integral pensada para reposicionarlo en el mapa internacional del deporte motor. La confirmación oficial de que MotoGP volverá a Buenos Aires desde 2027 y el avance de la remodelación cambiaron el tablero: el Gálvez ya no corre detrás de un sueño, ahora corre una carrera real.
Sin embargo, en el automovilismo argentino la discusión no termina en la Ciudad de Buenos Aires. Porque si bien el Gálvez aparece hoy como la opción más fuerte, existen otros circuitos que por antecedentes, infraestructura o historia siguen orbitando alrededor de una misma pregunta: si algún día vuelve la F1, por qué sede pasará el futuro? La respuesta, por ahora, tiene una ventaja clara. Pero también varios matices.
El Gálvez aceleró antes que todos y ya corre con ventaja
Hoy el Gálvez parte adelante por una razón simple: es el único proyecto argentino que combina historia, escala urbana, inversión en marcha y una hoja de ruta internacional visible. Las obras encaradas para recibir al MotoGP incluyen una nueva pista, reconstrucción de boxes, paddock, zonas de seguridad y una actualización integral del predio, con el objetivo de alcanzar estándares globales. El Gobierno porteño informó que la nueva traza tendrá 4,3 kilómetros, 14 curvas y rectas que permitirán superar los 300 km/h, mientras el plan apunta a volver a instalar al autódromo como sede de eventos de primer nivel.

Esa ventaja no es menor. La FIA exige para la Fórmula 1 una licencia de Grado 1, el máximo nivel de homologación de circuitos, y ese requisito no se obtiene únicamente con tradición o capacidad simbólica: demanda seguridad, infraestructura, logística, paddock, servicios médicos y operación de escala internacional. El marco regulatorio está detallado en el Appendix O del Código Deportivo Internacional y la propia lista de circuitos licenciados de la FIA muestra cuán exclusivo es ese club.
Termas y La Pedrera: dos nombres que siguen en la conversación
Si se mira el mapa local, los circuitos argentinos que más veces aparecen en la charla son Termas de Río Hondo y Parque La Pedrera. No porque hoy estén por delante del Gálvez, sino porque se trata de escenarios que ya tuvieron o buscaron una proyección internacional concreta. En 2023, un repaso especializado sobre homologaciones FIA marcaba que en la Argentina los escenarios con distinción de Grado 2 eran Termas de Río Hondo y La Pedrera, una categoría relevante para competencias internacionales, aunque insuficiente para albergar F1.
Termas de Río Hondo tiene a favor algo que pesa mucho: ya probó que puede recibir un espectáculo global, con años de experiencia en MotoGP y antecedentes en series internacionales como WTCC. Su trazado de 4,805 km figura con especificación FIA Grade 2 en registros públicos, y el propio circuito mantiene actividad nacional e internacional en 2026. Eso le da un activo que pocos tienen: conocimiento operativo real para eventos de escala grande.

La Pedrera, en tanto, aparece como un caso distinto. Es un autódromo moderno, multipropósito y con un entorno de infraestructura de alto nivel dentro de un complejo público más amplio. Su sitio oficial remarca que está habilitado según normas FIA, mientras distintos relevamientos lo ubican como uno de los trazados argentinos mejor preparados para competencias de gran formato. No tiene el peso histórico del Gálvez ni la vidriera internacional de Termas, pero sí conserva un perfil técnico que lo mantiene en el radar.
Potrero de los Funes, de postal soñada a opción fuera de carrera
Durante años, Potrero de los Funes fue una fantasía recurrente cada vez que se hablaba de grandes categorías en Argentina. Su trazado alrededor del lago, su impacto visual y su prestigio entre fanáticos lo convirtieron en una de las joyas más pintorescas del continente. Incluso llegó a ser catalogado como Grado 2 y supo recibir categorías internacionales.
Pero hoy ya no corre en la pelea real. En 2024 comenzó el desmantelamiento del circuito y distintos medios locales consignaron que dejó de ser una alternativa vigente para el automovilismo profesional tal como se lo conocía. Es decir: Potrero conserva el magnetismo de la memoria, pero ya no aparece como una opción concreta si la conversación es sobre el regreso efectivo de la Fórmula 1.
La verdadera carrera no es solo argentina: el problema está en el calendario
Acá aparece el punto más importante de todos. Aunque el Gálvez avance, aunque la obra progrese y aunque Argentina vuelva a entusiasmar a la audiencia, la batalla final no se define solo puertas adentro. El calendario oficial de la F1 2026 ya fue anunciado con 24 carreras, y tanto la FIA como la Fórmula 1 remarcaron que el campeonato mantiene una agenda global muy comprimida. Eso significa que conseguir una fecha nueva no depende solo de tener pista: también exige encontrar un hueco comercial, político y logístico.

En ese escenario, Tailandia y Kyalami, en Sudáfrica, emergen como dos rivales muy serios. El gobierno tailandés aprobó en principio su plan para organizar una carrera en Bangkok entre 2028 y 2032, con una inversión multimillonaria y un proyecto de circuito callejero de 5,7 km. Al mismo tiempo, Kyalami recibió impulso con la aprobación de su diseño para alcanzar el Grado 1 y volver a poner a África en la discusión por un Gran Premio.
Por qué hoy el Gálvez sigue siendo la carta más fuerte de Argentina
Con todo ese contexto, la conclusión es clara: si Argentina logra volver a la Fórmula 1, hoy el camino más probable pasa por el Gálvez. No solo por el peso histórico del autódromo, sino porque ya existe una obra en ejecución, un evento internacional confirmado como MotoGP, una hoja de homologación en marcha y una narrativa de ciudad global que encaja mejor con el negocio actual de la categoría.
Eso no invalida a Termas, La Pedrera o la nostalgia por Potrero. Al contrario: muestra que el país todavía tiene varios nombres con capacidad de instalar conversación. Pero en la carrera real, la que mezcla reglamento, inversión, calendario y proyección internacional, el Gálvez arrancó antes y hoy llega a la primera curva con ventaja. El desafío argentino ya no es imaginar un regreso romántico: es demostrar que puede competir de igual a igual en el negocio más exigente del automovilismo mundial.













